EL PERRO DE DIOS

»Mi Poeta sugerido: Juan Manuel González Zapatero

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Dios que existes, si existes dónde estás,
no vengas a embaucarme con misterios,
pretendas ocultarte en monasterios,
me adviertas con que viene Satanás,
o quieras seducir con magisterios.

No intentes distraerme con enredos
ni usar de tus monsergas y artimañas
y aun menos intrigar con las patrañas
acerca tus bondades y tus credos,
queriéndome enredar en tus marañas.

Pues juro te busqué bajo la alfombra
y voy hoy ya a morir sin encontrarte.
Que quise mas no supe como amarte,
al ver que te ocultabas en la sombra
ansiando con fervor por contentarte.

Y llego ya al final de mi destierro
buscándote, jugando al escondite,
pidiéndole a tu cielo que me invite
así fuera me adopte como perro
pues quiero disfrutar de ese convite.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Juan Manuel González Zapatero

Juan Manuel González Zapatero

LA AMENAZA

¿Es verdad lo que cuentan?
Los gestos de dolor así lo dicen,
las cabezas que gritan lo confirman.
El cielo no devuelve las miradas
y el pánico recorre con descargas
eléctricas los brazos de la gente:
si es verdad lo que dicen,
hay que irse preparando.

Pero ni tú ni yo.
Besémonos despacio
mientras corre la gente.
Tenemos un secreto talismán
que nos protege:
la manera en que hacemos el amor,
trabajando en silencio
por la paz de este mundo.

Así que amor, prepárate
y, si a pesar de todo
es verdad lo que dicen,
démonos aún más besos
y hagamos el amor hasta que pasen
de largo, una vez más, las amenazas.

EL VADO

Han pasado los patos junto al río.
El viento silba su canción precisa.
Los juncos han crecido muy deprisa
y la memoria nada en el vacío.

No sé lo que me trae a este lugar
una vez más, a verme en tu corriente.
La tarde cae cansada sobre el puente.
Creí que era posible recordar.

En esta orilla en forma de paseo,
ebrio tan sólo de mi propio sueño,
me pierdo por senderos de otra edad.

Todo ha cambiado, menos mi deseo.
Murmura el río. Cae rodando un leño.
Más arriba se enciende la ciudad.

LA LECTURA

Abro un libro, y en la santa lectura
la tarde me parece otra figura:
el cuarto humilde, la cortina grana,
el río de palabras, la ventana,
el cielo gris, la nube que destella,
el campo de color verde botella…

E imperceptiblemente (es un decir)
me gana la locura de escribir:
tomo un papel, ensayo una postura,
releo el libro, miro en mi alma oscura…
Pero apenas encuentro la manera,
pues la luz (ay, la luz) viene de fuera:

Lo que mi voz en un susurro nombra
con igual rapidez vuelve a la sombra.
Las cosas huyen como de la quema
dejándome el vacío y no el poema.
Y yo mismo me busco y no me hallo
hasta que al fin, cerrando el libro, callo.

DESAZONADA ESTAMPA

Desazonada estampa de los días
en que todo parece diminuto:
el vecino, la calle, ese minuto
que tardamos en dar los buenos días.

Desazonada estampa de los días
en que todo parece gigantesco:
el vecino, la calle, el arabesco
de otra voz que nos da los buenos días.

Sólo a veces parece que el paisaje,
girando mudo y fiel sobre sus gonces,
abre una puerta y nos invita al viaje.

Quisiéramos cruzarla. Pero entonces
nos sacan de esas vagas fantasías
el vecino, la calle, buenos días.
(Poemas del libro Sea de ello lo que fuere.)

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