LA RELIGIÓN, UN ARMA SOCIAL?

José Gautier Benítez (poeta sugerido)

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Critico a los humanos creando van deidades,
los entes superiores que nadie nunca ha visto.
Distintos con sus nombres, Mahoma, Buda o Cristo,
pretenden atraparnos diciendo sus verdades,
el uno sobre el otro, a ver quien es más listo.

Critico a los que insisten que el suyo es verdadero,
y olvidan que los otros también dicen lo mismo.
Cada uno con sus ritos, sus pilas de bautismo,
te buscan, te persiguen y atrapan tu dinero
diciendo ten cuidado, te irás hacia el abismo.

Si es cierto Dios existe ¿a qué viene haya tantos?
y en esta disyuntiva ¿a quién debo hacer caso?
Si al fin de nuestra vida la misma es un fracaso
y en ésta no redimen de duelos y quebrantos
mejor será vivir soñando por si acaso.
©donaciano bueno.

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José Gautier Benítez

A PUERTO RICO (Ausencia)

Puerto Rico, patria mía,
la de blancos almenares
la de los verdes palmares,
la de la extensa bahía;
¡Qué hermosa estás en las brumas
del mar que tu playa azota,
como una blanca gaviota
dormida entre las espumas!
En vano, patria sin calma
muy lejos de ti, suspiro;
yo siempre, siempre te miro
con los ojos de mi alma;
En vano me trajo Dios
a un suelo extraño y distante;
en vano está el mar de Atlante
interpuesto entre los dos;
En vano se alzan los montes
con su manto de neblina;
en vano pardas colinas
me cierran los horizontes;
Con un cariño profundo
en ti la mirada fijo:
¡Para el amor de tu hijo
no hay distancias en el mundo!
Y brotas a mi deseo
como espléndido miraje,
ornada con el ropaje
del amor con que te veo.
Te miro, sí placentera
de la isla separada,
como una barquilla anclada
muy cerca de la ribera.
Do el viento sobre las olas
te lleva en son lastimero,
del errante marinero
las sentidas barcarolas;
Y céfiros voladores
que bajan de tus montañas,
los murmullos de tus cañas,
los perfumes de tus flores.
El mar te guarda, te encierra
en un círculo anchuroso,
y es que el mar está celoso
del cariño de la tierra;
Y yo patria que te quiero
yo que por tu amor deliro,
que lejos de ti suspiro,
que lejos de ti me muero.
Tengo celos del que mira
tus alboradas serenas,
del que pisa tus arenas,
del que tu aliento respira.
Tú das vida a la doncella
que inspira mi frenesí,
a ella la quiero por ti,
y a ti te quiero por ella.
Ella es la perla brillante
en tus entrañas formada,
tú la concha nacarada
que guarda la perla amante.
Es paloma que en la loma
lanza su arrullo sentido,
y tú, patria eres el nido
donde duerme la paloma.
Si yo te vi indiferente
si mi amor no te decía,
¡¡ay patria yo no sabía
lo que es el llorar ausente!!
Mas hoy que te ven mis ojos
de tu mar entre las brumas,
como una ciudad de espumas
forjada por mis antojos;
Hoy que ya sé lo que vales
hija del sol y del viento
que helarse mi sangre siento
con las brisas invernales;
Hoy diera, en la tierra hispana,
el oro que el mundo encierra,
por un puñado de tierra
de mi tierra americana.

EL MANZANILLO

Hay en los campos de mi hermosa antilla
en el suelo feliz donde he nacido
como un error de la natura, un bello
arbusto que se llama el manzanillo.

Tiene el verde color de la esmeralda
y su tupida, su redonda copa
esparce a su alredor en la llanura
fresca, apacible, deliciosa sombra.

Mas, ¡ay!, el ave al acercarse tiende
para otros sitios el cansado vuelo
porque su instinto natural le indica
que su sombra es mortífero veneno.

Todas las plantas en la selva umbría
entrelazan sus ramas y sus hojas
y al halago del viento se acarician
y se apoyan las unas en las otras.

Y unidas crecen en amante lazo
y unidas dan al aire su fragancia
y el manzanillo solo en la ribera
y el manzanillo solo en la montaña.

¡Ay!, cuántas veces al mirarlo, cuántas
con honda pena, con dolor he dicho
¿Si será mi existencia en esta vida
la existencia fatal del manzanillo?

ORIENTAL

Hermosísima sultana
de los jardines de Hiram,
sonrisa de la mañana,
por mirarte a la ventana
diera su reino un sultán;

Sus jardines orientales,
sus alfombras y pebetes,
ruiseñores y turpiales,
sus cachemiras y chales,
sus Zegríes y Zenetes;

Diera sus galas y flores,
sus esclavas y su harén,
sus sueños embriagadores
y la existencia de amores
prometida en el Edén.

Mas, ¡ah!, maldice su oro,
y su pompa, y su esplendor:
no puede el monarca moro
pagar, con todo un tesoro,
una sonrisa de amor.

Por eso lanza su gente
en algara a la frontera,
por eso nubla su frente
y va buscando impaciente
una lanza que lo hiera.

Por eso el monarca moro
quiere morir con honor,
pues ha tornado a desdoro
que no alcance su tesoro
para pagarte su amor.

UN SUEÑO

Soñé que la mujer a quien adoro
con infame perjurio me engañaba
y a otro amante feliz, le abandonaba
de su amor el bellísimo tesoro.

Soñé que apasionado, que sonoro
su beso en otra boca resonaba
y aunque el sueño mis párpados
cerraba los abrían las fuentes de mi lloro.

Si en el drama futuro de mi vida
tan inmenso dolor me está esperando
que la muerte de mí compadecida

antes me brinde su reposo blando
porque más que la tumba me intimida
mirar despierto lo que estoy soñando.

LOS OJOS DE T.

Un astrónomo viendo las estrellas
preguntó la razón
de por qué le faltaban las más bellas
a una constelación.

En vano ¡e1 infeliz! se fatigaba
queriéndolas hallar,
y del cielo a la bóveda miraba
¡qué habría de encontrar!

Cansado de mirar al firmamento
a tus ojos miró.
“¡Por fin!”, exclama, y se marchó contento
pues entonces las vio.

COMO TÚ QUIERAS

Bajo el sol tropical de las Antillas
marchítase la flor;
como ella palidecen tus mejillas
al fuego del amor.

Mas la pálida rosa, vida mía,
la reina es del pensil,
y la besan, temblando de alegría,
las auras del abril.

Sé, en buen hora, la rosa que fragante
al aura da su olor,
y yo seré… la brisa susurrante,
la brisa del amor.

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