MI MADRE, YO Y DIOS/

Fernando Ruíz Granados (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Mi madre era creyente. Yo no creo.
En casa los domingos se iba a Misa.
Decía su asistencia era precisa.
De Dios siempre llevaba un camafeo.

Mi madre era feliz. Yo lo sabía.
Cuidando de su hijos se afanaba.
Ganando cuatro perras las guardaba
en la hucha de soñar que ella tenía.

Mi madre era creyente a pié juntillas,
e igual que lo creía, practicaba,
si alguno le insistía no escuchaba
así le relatasen maravillas.

Confieso, me sentía prepotente,
haciendo ver que todo lo sabía,
y a veces a hurtadillas me reía
cuidando no me viera alguna gente.

Mi madre se murió muy sonriente
sabiendo con certeza que iba al cielo.
Yo pienso por la noche y me desvelo
¿Por qué no me hizo Dios a mi creyente?
©donaciano bueno

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Fernando Ruíz Granados

DINTEL

The eternal seeks, and find, the temporal.
Theodore Roethke

La piedra eternal busca lo temporal
La esbelta columna que sostiene
El claro techo del cielo
El frontispicio del templo
Donde la luz de oro anima
Las figuras pétreas de los Dioscuros
La cóncava piedra de la clepsidra
Que guarda en su mano los instantes
Del inasible tiempo
El atezado bloque de granito
De las murallas imperiales
Que cubrirá la hierba
El diáfano estanque
Que contempla los jardines
Y cuya agua habrá de pervertirse
El poema que olvida
Los himnos y los trenos
El epitafio borrado por el limo
El cántaro roto de la sed
La sencilla piedra
Bajo la catedral del árbol

Restauración
Soy el árbol de tu huerto
El árbol del invierno
Cuyas desnudas ramas
Tienen por fronda
El intermitente follaje
De las nubes
Soy el árbol de tu huerto
El árbol sin fruto
Que espera paciente
La estación propicia
El tiempo de la restauración
De todas las cosas
Soy el árbol de tu huerto
El árbol erguido sobre la tierra
Que aguardará paciente
Todas las tormentas

BITÁCORA DE VIAJE

He visto los barcos
Anclados en los muelles
Los ojos convulsos de los peces
Todo resplandor sobre las olas
He visto el árbol en el bosque
En el río detenida la corriente
En la tarde todos los ocasos
He visto en la noche
Ciudades encendidas
En la poesía el relámpago que dura
En el tiempo la palabra del silencio

LA MANZANA

Desprender el fruto
La roja manzana del Paraíso
El perfecto fruto que pendió
De la rama más alta del jardín
Morderla
No para gustar de su sabor
Que contenta los sentidos
Probar del fruto para alcanzar
Su ardiente centro
Su ignorada esencia
Para vislumbrar el umbral del Comienzo
El corazón del fuego
Y volver al dulce calor
De la semilla
Para encontrar en lo minúsculo
La puerta al mundo

ENSAYO DE UN ÁRBOL

Ensayar un árbol en el poema
Asentar su raíz en el fondo blanco
De la hoja
Sembrarlo a la plenitud del día
Ensayar un árbol en cada poema
Orientar sus ramas
Hacia los cuatro puntos cardinales
Al Norte la rama del sentido
La segunda al Sur el rumbo
Al que emigran todos los pájaros
La tercera hacia el Este
El territorio donde nace la luz
Y soplan los vientos del solsticio
La última rama hacia el Oeste
El punto hacia donde fluye todo esplendor
El sitio en el que crece la noche
Y se confunden todos los árboles
Los árboles del mundo y los de la palabra

JARDÍN

En este lugar fue construido un jardín
En este lugar la luz levantó sus bóvedas
En este lugar fue sembrado el árbol
Cuya forma une al cielo con la tierra
En este lugar brotó la primera fuente
En este lugar nació el río de cuatro brazos
Que se extiende por los cuatro rumbos de la tierra
En este lugar todas las semillas rindieron fruto
En este lugar empezó todo
En este lugar el hombre nombró todas las cosas
A los peces del mar
A las aves del cielo
A las bestias de la tierra
En este lugar la mano desprendió el fruto
Si descansas tu oído sobre la tierra
Alcanzarás a oír sus antiguos murmullos
Si descansas tu oído sobre la tierra
Escucharás el vuelo del primer pájaro
Si descansas tu oído sobre la tierra
Escucharás tus pasos

AGUA DE PIEDRA

Todo quiere seguir siendo lo que es
El río que transcurre y que no cesa
El paciente viento que labra la montaña
La noche callada que no desgastará la eternidad
La mañana que madura como un fruto
El árbol que erige su antigua figura en los jardines
La desgastada arena de cuyo polvo se construye todo
El fuego dormido en la ceniza
La nube de oro que enciende la fragua del ocaso
La inscripción de piedra labrada por el poeta
Los territorios de sombra desgajados por el rayo
La nieve eterna que aguarda el despertar de la luz
La solitaria luna
El ojo del lobo que atisba la tiniebla
El sol que asciende desde la honda oscuridad
El paisaje que funda la mirada
El Universo entero que se hace y se deshace
El pájaro que escribe sus signos en la arena
Las letras que el viento escribe y borra

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