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PLEGARIA (sin más) (mi poema)

Poeta sugerido: ''José Cercas''

MI POEMA… de medio pelo Lee otros poemas RELIGIOSOS

 

Si mi Dios nunca existiera,
si el que a mi me han enseñado,
al que tanto yo he rezado
sin mostrarse aquí hoy siguiera.

Si mentira todo fuera
o es verdad que Dios existe
¿por qué el mismo se resiste
a que alguna vez lo viera?

Si con una me valiera
para más ya no insistir
¿qué me tiene que decir

que a la duda tranquilice?
Le agradezco lo matice
pues que debo ya morir.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: José Cercas

José Cercas

Así comenzó el olvido

Te busqué en la leve soledad de un sueño,
en el bosque callado de las libélulas,
en la escarcha que se ríe del hielo,
en la callada por respuesta.
Busqué tus ojos y una isla al poniente
y un barco que, a lo lejos,
arrullara la voz del mar.
Busqué una calle donde pronunciar tu nombre
y una esquina donde besar tu nombre
y unos labios donde verter tu nombre.
y unos ojos donde reflejar tu nombre.
Te busqué con la vehemencia del enamorado.
y no hallé tu voz antigua:
ni tus adjetivos desnudos sobre la cama,
ni tu melancolía,
ni tu casta pupila donde llora la quimera,
ni tu nombre.
Así fue como comencé a olvidarte.

Laura no ha venido

Ya, el naranjo, frunció su ceño de azahar,
la flor surge de nuevo sobre el tiempo.
Ya, la tierra, boca y pestañas de la flor, pregunta:
¿Laura no ha venido?
De la flor primera del naranjo surge una lágrima,
no siente bajo sus pétalos el tacto de la vida,
ni el vocablo que advierte su condición nívea.
¿Laura no ha venido?
No arropan las sombras del naranjo padre,
el contorno de la sombra de Laura, ausente y viajera.
La hoja se aferra al tronco, a la vida que le dona,
esta luz primera de la tierra, del surco, del agua,
del tronco natal. del viejo árbol.
¿Laura no ha venido?
Sombra y luz por las esquinas,
luz y sombra, como lenguas por el suelo,
pues… Laura no ha venido a recibirla esta mañana.

Humanidad

Algo muy bueno puede suceder,
un humano vestido de humanidad
está mirando a otro humano que tiene hambre,
a un humano con la boca y las manos del hambre,
a un humano con sudor en el hambre,
a un humano manchado de la salitre del hambre,
a un humano de sangre y hambre.
Le mira a los ojos, pero…
una columna de agua cristalina, le detiene,
un pan de espuma y vida, le detiene.
Le detiene la sombra y el sombrero,
el cuello de la camisa y la corbata,
la ley de los ricos para los pobres, le detiene.
Algo muy grande pudo haber sucedido,
pero un humano vestido de miedo,
dejó de mirar a los ojos del hambre
y siguió su camino…
y ya nadie, le detiene,
y ya nadie, le detiene,
y ya nada ni nadie, le detiene.

NO ESTÁS CONMIGO

Miro a mi lado y no estás conmigo
cuando apenas dejo de escribir tu nombre,
cuando retorno al verbo que se hunde en mis labios,
cuando abre el silencio sus abismales sombras,
cuando pienso en la última tarde del beso,
en la última noche de tu cuerpo sobre el mío.
Miro a mi lado y ya no estás conmigo
en esta sala donde se agita la soledad,
donde la vista se vuelve brisa y acaricia los olivares,
donde los relojes danzan y tintinean en los cerros del horizonte,
donde los ojos buscan la longitud de tu sonrisa,
donde los labios emprenden el vuelo
y aterrizan en paredes húmedas, en muros de sílice;
cuando miro al frente y no estás conmigo.
Que no calle el perro, que maúlle el gato de la sementera,
que ruja la lluvia es los acantilados del lamento,
que un pasillo de pámpanos acaricie tus manos de nieve,
y que llore este invierno si así se acaba la tarde.
Danza tu nombre en los arrabales,
se acaba este retiro,
la pena vuelve a su jardín de cenizas,
los ojos parpadean, llorosos, bajo las escarcha,
porque tu no estás conmigo,
porque tu ya no estás a mi lado.

Cuando la noche

Cuando la noche se acerque,
cuando la noche caiga,
cubrirá el horizonte y se alejará
en apenas un suspiro.
Cuando boca arriba, amanezca,
la voz del iracundo,
cuando el pájaro del exterminio
se pose en tu ventana,
caerán, por su propio peso,
el llanto y los adjetivos;
caerán, sobre la tierra estéril,
las bocas del trueno,
las calles del hallazgo.
La luz cubrirá de otoños los diciembres
y la llamada del verbo amar sobre la cama.
Yo dejaré, en ese instante,
que las sábanas me escriban poemas de amor,
que me lleven hacia el frío,
que me busquen el sabor de la cellisca,
la ausencia terrible, la última gesta.
Cuando dejes de mirarme,
cuando te escriba el último poema
a la luz del fuego que me consuma,
yo dejaré de ser, cuando tú no estés,
cuando la tarde temple su olvido.

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