UN SANTO

Mi Poeta sugerido: »Alejandro Palomas

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Un santo es ese ser tan inocente
que nunca ha roto un plato,
un santo se dirá no es un boniato,
un santo ese es un tipo que no miente
ni besa su retrato.

Un santo es como un verso inapetente
que ignora él es pacato,
resiste a florituras de la mente,
y así que alguno trate de indigente
pasando va él el rato.

Es agua que del caño de una fuente
resbala sin olfato,
que así peque tal vez de ser ingrato,
mas nunca de un pecado él es consciente,
ni sufre de arrebato.

Predica y va cuidando ser honesto
y evita resbalar,
e intenta a ti llevarte hasta su altar,
buscando convencer con un pretexto,
las fiestas de guardar.

La duda no ha lugar. Sus convicciones
son firmes cual la roca,
ni siente una atracción por lo que toca,
ajeno como vive a las pasiones
y nunca se sofoca.

Seguro de su fe sin un resquicio
ejerce de adivino,
y un día ya se irá por donde vino
siguiera sin gozar lo que es el vicio
que hallaba en su camino.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Alejandro Palomas

Alejandro Palomas

Reflexión IX

Quizá la lucidez
beba de lo relativo.

Solamente.

O quizá el amor y el odio
sean materia absoluta
y la vida,
todo lo demás.

VERDAD VI

El gran temor
de los suicidas
es que la muerte
esconda una vida.

Curioso que la posibilidad
de una vida
evite tantas muertes.

Curioso que la posibilidad
de una muerte
alivie tantas vidas.

VERDAD/2-A

No recorre siempre
quien transita
y hay quien dice
sin contar,
tímido en la invocación,
confundiendo intimidad
y discreción.

Hay quien vive ocultándose
de lo que no vive,
esbozando posibles vidas
de estación en estación.
Pasajero.
Paseante.
Joven, maduro y anciano.
Vitalmente tímido.
Habitando los huecos
que el ruido desecha.
Entre líneas.

Observación/2ª

(Confusiones confesas de
un maduro consciente –extracto–)

Ser y hacer.
Ser o hacer.
Esa es la cuestión.
Elegir entre el acto
y la esencia.
Quizá la vida sea la grieta
que separa la quietud del movimiento,
o el momento sea todo lo que hay.
Y quizá ese todo sea
un mar pequeño
de ruidos pequeños.
Pequeñas nadas.
Voces que confunden.
Jóvenes y mayores.
Dobles.

(Si soy todo lo que soy
y todo lo que nunca fui,
¿qué será entonces de mí?
–se dijo el hombre)

MAYORÍA (III)

Ser mayor es
el hábito
del silencio.
Saber que hoy
no llegará nadie,
que no esperamos a nadie.
Y que no siempre fue así.
Hubo un antes.
Hubo ruido, hubo ganas,
hubo deseos y apegos,
y hubo miedo a perder,
a pedir, a no saber.
Hubo un vivir en la espera,
la provisionalidad de lo joven,
prisa, siempre la prisa.
Y las ausencias eran temporales,
porque amar y querer eran lo mismo,
todo era lo mismo:
el presente y el siempre,
las ganas y las posibilidades,
el ruido y la voz,
la voz y lo dicho.

Antes.
Hubo un antes, sí.
Ahora el hábito
es el silencio.
El ruido está fuera.

OTRAS COSAS QUE TAMBIÉN QUIERO (III)

Si quieres que te admire
procura que no te oiga
hablar de ti más que para
confiarme tu intimidad.
Reserva el ruido de tus
inseguridades a oídos
más sordos.
Haz, muévete, obra y maniobra
-equivócate-,
vívete como si nadie te viera
y la vida fuera un viaje
en solitario que
nadie, salvo tú,
es capaz de entender.
Pero no me cuentes de ti
con tu propia voz.
Es triste.
Créeme.

Atiende (I):

Si actúas para mí
seré tu espectador.
Tu admirador, nunca.
Cuidado.

Atiende (II):

Si actúas para conquistarme
perderás mi tiempo y
también el tuyo.
El tuyo es un patio privado,
el mío, en cambio, es particular:
cuando llueve se encoge
como los demás.
Pierde mi tiempo y
perderás mi aplauso.
Mis manos se detendrán en el aire.
Lo que antes era abrazo
se encogerá también, mojado.
Desviaré la mirada.
No estarás.

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