HISTORIA DE UN BORDILLO/

Carmen Prada Alonso (poeta sugerido)

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Sentado en el bordillo de una acera
a solas con su rabia y su lamento,
cansado de arriesgar su sentimiento,
dando placer no más su posadera,
premiando en el reposo a su cadera
da respiro al sudor y toma asiento.

Adoquín que dios te hizo de cemento,
que siempre permaneces solitario,
no pensaste que un día, solidario
de este poeta fueras y argumento
en sus versos, brillando cual sarmiento
en la hoguera y encima ser sudario.

Quizás ese compadre que hay al lado
algún día te aceque a la memoria
este acto de caridad, día de gloria,
que traigo a colación con tu permido
¡Oh, adoquín te has ganado el paraíso
y entrado a formar parte de esta historia!.
©donaciano bueno

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Carmen Prada Alonso

VARADA

Varada en el mar de tu luz,
bajo los rayos húmedos del alba,
siento el vértigo del júbilo
que me hace sonreír,
para que Tú me sonrías.
En este espiritual desierto
me llenas de amor sin plazos,
me siento ser, más que hacer,
me dejo seducir por ti,
renazco y me renuevo,
y el néctar de siempre Tú
me hace porción de tu pueblo.
Te escucho amorosamente,
sin distracciones,
y con firmeza proclamo tu primacía.
En mi alfar está al solaz
la alcarraza que guardará
la lluvia fresca de tu palabra,
y ofreceré agua al peregrino,
y el peregrino a otro peregrino,
cristianos unidos en tu amor,
semillas que fecundan
el vientre de todas las tierras.

Varada en el mar de tu luz
proclamo tu primacía.

SIN DÍA SIGUIENTE

Asomas tu cuerpo a la luz no poseída,
que llega, como siempre,
cruzándose con los espectros sin manos
atrapados en las paredes rotas.
Corren bajo tus nubes imaginarias
los ecos de las lágrimas no nacidas,
que llenan los claros del dolor.
Cada segundo empujas las dunas cenicientas del miedo,
dejando la huella de tus pisadas sin ruido,
silenciando la sangre del latido amordazado.
Fijas el mundo al suelo para poder guiarte,
sin correr las cortinas de tu vida,
buscando no encontrar la mirada asesina.
En tu alacena sin luz
escondes las especias de tus sueños,
con susurros de pieles apretadas que sucumben al horror.
Ante tus ojos pende el racimo de uvas al que el tiempo
va arrancando una a una,
descubriendo el tétrico esqueleto
que empieza a anunciar la desnudez total.
Seguirán de las vides brotando más racimos,
y más irán perdiendo su abrigo, y más esqueletos irán llegando.
Sientes el miedo en tu destino que se burla de tu inocencia
al creer que puedes guardar las que quedan
para una mesa sin día siguiente.

IMAGINARIO

Aplastando la recortada silueta negra
se desploma la luz
que se deja embadurnar
por la nieve manchada de hollín.
Los ojos blancos
de un tren celestial,
coronan el sueño bravío
de algún perdido Olimpo.
Se atiesan los bucles de desteñido cobre
en la cabeza de Júpiter,
que sacude el azul
con quebrados suspiros de amantísima ira.
Anunciación de somnolientos brillos
en explosiones de tibios lamentos
de la madre Tierra.

EL SUEÑO DEL DESTINO

La sombría cabellera enmarañada
cubre el sueño del destino.
La luna, invisible,
ilumina solo la muerte
que arrastra el otoño.
Un broche de esperanzas rotas
cae marchito
a los pies de la noche,
mientras el aire, gris y vacío,
enfría el quejido
de las luces soterradas.

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