RUMORES…/

Manlio Argueta (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Ha tañido la almirez
añadiendo favores a algún plato
haciendo un garabato
con la tiza, pintando en la pared
un cieno de acetato.

Y ha tocado ya lo ves
de las musas pasándose al teatro
besando cual beato
por delante, detrás y del revés
mirando su retrato.

Y es que él quiso ser francés
y de azul adornar a su zapato
y por su desacato
el sonido fue trocándose al inglés
a fuer de ser novato.

Y hoy ya dice treinta y tres
convertido al compás al tres por cuatro.
Maldito ese arrebato
que condujo a ese reo hacia un traspiés,
pagó por ello el pato.

Dignísimo marqués
buenas tardes, que pase usté un buen rato,
disfrute del fielato
y la niña que encuentre en la quermés
se ajuste a su boato.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Manlio Argueta

Manlio Argueta

Birhte control

Esta noche no dormiremos juntos,
hay sarampión en la ciudad y podrías
quedar embarazada, cosa grave:
parirías un monstruo, una flor.
Morirías entonces de pesar
y yo de frustración me moriría.

Esta noche no dormiremos juntos,
no beses esta piel de perro en celo.
No me hagas caer en tentación.
Podrías concebir lo que no quiero.
Además, mejor vivir sin hijos
¡por Dios! con tanta mala muerte.

Promesa

Juro no alzar la voz. No sublevarme.
No decir la verdad cuando nos duela.
Ofrecer la mejilla cada vez
que me ofendan. A los pobres
daré limosnas. Comeré pan duro
para ser bueno con todos.
Sólo dinero (pues no tengo nada)
no habré de repartir… Después morir
tranquilamente libre de pecados,
de bronconeumonía o de un callo
en el pie
o de un catarro en el alma.

Los garrobos

Los garrobos crecían en los árboles
pero llegaron los venenos.
Las hojas amarillas
comenzaron a morir.
Cuelgan los frutos secos
suspendidos en las ramas altas.
Ríos sin agua. Tierra desolada.

Los garrobos crecían en los árboles
pero llegaron los venenos
a destruirlo todo. Llegaron
con ganas de matar. Los aviones
vuelan sobre los árboles.

De los garrobos sólo quedan
sus dientes,
sus huesecillos de madera.

Poema de amor

Un día que te amé inesperadamente
llegaste con tus aves, con tus rosas
más puras
y fue Marzo el camino más azul de tus llamas.
Porque tú fuiste, amor, quién más cantaba
o el fórforo más limpio de una estrella.
La cosecha más pródiga,
La estatura que conmemoraba el momento felíz,
el dulce abrazo que a la vida nos unía.

Para que tú llegaras
hube de multiplicarme
soportar largas noches
y luces que dolieron como piedras.

Pero aquí estás ahora,
suave amor en el aire son tus pasos.
Azúcar navegable eres, agua dulce que asalto
y colonizo, espacio que me ama,
zona donde recojo
mi venganza terrible para mientras tanto.

Voy a poblarte ahora
¡Nos llenaremos de hijos y banderas!

No estarán tus manos para cegar la tierra.
¡Nos llenaremos de hijos y banderas!

No bastará tu boca para cantar.
¡Nos llenaremos de hijos y banderas!

Nos llenaremos de hijos y banderas
y entonces, incluso,
podríamos rodearnos de planetas.

Porque nosotros, amada, ya no estaremos
solos en la vida.

Porque nosotros, amada,
ya no estaremos en el sueño.
Cantando las cosechas. (más que los dos
o nuestros hijos personales),
nos multiplicaremos buenos y guerreros.
….Y nos seguiremos amando.

Cárcel

¿Dónde estarán los otros? Dijeron que vendrían
pero nadie aparece. Nuestros ojos amarran
los últimos recuerdos pero nadie aparece.
Escribimos un nombre (las paredes son grises):
aquí estuvieron hombres como fieras en selva,
aquí se amaron otros como nunca se amaron.

¿Cuándo vendrán los otros para hablar,
para mirar a alguien, para sonreír
con las personas? A veces digo
que estoy triste y recuerdo las voces que recuerdo.

¿Dónde estarán los otros? Dijeron que vendrían.
Salgo a buscar a mis amigos
y me encuentran cercado por los muros.

Como las cartas a los niños

Qué lindo sería poder escribir
y que me saliera espuma. O que la noche
tiritase a lo lejos. Ladridos de perros
a lo lejos. Que alguien cantara.
Como los animales que florecen
el amor crece de noche.

Qué lindo desahogar el nudo en la garganta.
A escondidas.
Para que nadie advierta nuestros corazones.
Alguna vez sentirse inconmovible. Encontrarse
bebiendo leche bajo el sol, en atardeceres
de rosa de los vientos.
Te verías muy linda dentro de un cuarto oscuro
donde sólo estuvieras vos y mis circunstancias.
O acariciar tu pelo suelto
como manadas de lobos de ojos negros.
Y hacer dormir
sobre mis hombros el movimiento del mar.
Oscuridad en la puerta del odio.
Agua que siempre deja de correr,
cuando cerramos los ojos.

Y que nuestros pasos fueran abriendo
casa por casa las paredes.
Y que detrás de cada vidrio,
de cada cortina en la ventana del mundo,
estuvieran las ideas del poeta maldito
que le resulta terrible hacer una maldad.

O el vuelo de mi sangre. O una mañana
de canciones bellas.

¡Ah la felicidad como las cartas de los niños
que van y vienen y nadie las detiene!
O como los pericos que pasan volando.
Todo sera fuego aquí
donde caes despertándote.

Me encantaría beber el agua que canta
la misma canción, el invariable río.
Repartir la cosecha de flores
que producen las manos cuando dicen
adiós, nos vemos, hasta luego.

Me agradaría encontrar de nuevo y mirar
como tejes tus telarañas de araña benigna
al escribir poemas de amor con gotitas
de odio. O mejor
sin ir tan lejos
acopiar los papeles perfumados y verdes
llenos de mala ortografía y de recuerdos.
Quien canta como si nada.
Es la vida que fluye
o los hombres que despiertan.
Y afuera hay un frío inerte.

Pero no pasa nada. No pasa nada
en esta vida, mientras camino
mirando atrás, por las calles floridas
de la Colonia Centroamérica. Y suena
un ruido de fusiles.
Como si estuvieran tocando violentamente
las puertas de la vida.
O las catacumbas de la muerte.

El Bosque y el mar – Rafael Alberti
(Poemas de Punta del Este)
I
Estos rumores…

Estos rumores, estos
leves susurros conocidos
de cielos, hojas, vientos y oleajes
son mis aires mejores, ya felices
o confesádamente melancólicos.
Vuelvo a encontrarlos, vuelvo
a sentirlos tan míos
después de tan alegres y cansados
recorridos por tierras veneradas
que eran mi vida antigua,
la clara vida cuando mis cabellos
al sol volaban libres, sin temores.

Aquí están prolongados
en lamentos que fueron mi lenguaje,
en onduladas sílabas o en largas
conversaciones o en subido llanto.

Nada como sentirse comprendido,
enlazado, mezclado, arrebatado
por este misterioso idioma de los bosques,
de la mar, de los vientos y las nubes.
Ya es una sola voz, una garganta
sola la que susurra,
la que viene y se va rumoreando.
Uno el sonido del total concierto.

Vuelve el poeta al aire de sus aires.

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