EDUCAR PARA LA VIDA/

Natalia Romero (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Si a los niños a ser libres enseñaran,
si los padres de verdad a ellos quisieran,
tratarían de formarles, si pudieran,
a empezar a discernir lo que pensaran.

Dibujándoles la pauta al caminar
y mostrando de la misma ambas orillas,
sin creer que han de mirar por sus mirillas
ni sus filias o sus fobias proyectar.

Si los profes los quisieran enseñar
demostrando su papel de educadores,
mostrarían el color que hay en las flores
y que luego ellos pudieran disfrutar.

Muy distinto es pretender contaminar,
y sisarles neuronas a su mente,
mintiéndose quien lo hace complaciente
y en el niño que es el bien nunca pensar.
©donaciano bueno

Desde que nacemos todos somos objeto de adoctrinamientos, de padres que no han sido preparados para serlo, de profesores que únicamente desean proyectar su pensamiento (filias y fobias) sobre nosotros, de predicadores y/o depredadores que sólo piensan en tenernos cautivos para sacar tajada…Enseñar a discernir, esa es la cuestión.

¿Conoces a Natalia Romero? Lee/escucha algunos de sus poemas

Natalia Romero

Trampolín

Desde la ventana del colectivo
al llegar a la ciudad
veo cruzando el cielo un avión.
Es temprano
y su contorno se mezcla
con el blanco de la niebla.
Me detengo a mirarlo pasar
la ruta avanza
el cielo también.
La línea que deja
es una escarcha
que dibuja trazos
que son rastros
en medio de la velocidad.
La superficie lisa
cada vez más celeste del cielo
me recuerda la vista
del agua desde el trampolín.
Mi hermana ya en la pileta
el club casi vacío a esa hora
y yo con el miedo
entre el vapor y la humedad.
Estoy en el borde
a la espera del salto
que no suene el silbato aún
miro el agua, la veo tan cristalina
y abajo
los azulejos brillantes
y ese calor en el cuerpo
ese calor de la proximidad.
Detenida, puedo ver hasta el aire
sobre mi piel
como lo hondo de una tormenta
que enciende el cielo
o la estela
del salto de un avión.

Nacimiento

Le pregunté a la abuela
por el día de mi nacimiento.
¿Qué hacías cuando tu hija
se convertía en madre?
Ella se acomoda el volado
de la camisa de domingo
ese azul, ahora gastado
por el sol de las tardes
sentada en la vereda.
Hace un movimiento con los ojos
uno que no puedo seguir
se queda quieta en la virgen
esa, que cambia de color
con el clima.
La virgen está violeta
es la humedad, va a llover.
Me acuerdo
del día en que me enteré
que al nacer mamá
la abuela casi se muere.
La partera se asustó
mamá nació en una sala de hospital
y la abuela temblaba.
Me contaron que el médico
le preguntó a mi abuelo
a quién salvamos
a las dos, respondió.
Claro que a las dos, dijo
como excusándose.
Y cada vez que lo cuenta
es lo mismo.
Como si aún tuviera
una culpa
por haber tomado
ese riesgo ineludible
de quererlo todo.

Pasa un avión

Justo arriba mío
cuando levanto la vista pasa un avión.
Lo veo volar lento
cruza por el cielo la entrada del patio
y sé que allá
mantiene la potencia de su velocidad.
Veo la línea fina como de hielo
que deja en el celeste del mediodía.
Desde acá abajo
percibo tan distinta
la distancia.
Es como contarte esto
mientras no estás
o no poder decirte nada
como ahora, que el sol da de lleno
sobre las plantas
y te digo mirá
qué lindas las hojas
y no digo nada más
y el agua que cae sobre las macetas
dibuja la misma línea
que en el cielo dejó el avión.

Casas
Al mudarnos
mi hermana y yo
dividimos las pertenencias.
Algunas cosas
pasan a ser necesarias
y otras imprescindibles
según nuestro estado de ánimo.
Nos mudamos ya muchas veces
más de las que hubiéramos querido.
No quiero el microondas
ni la cafetera ni los platos.
Quiero llevarme lo mínimo.
Tampoco el cuadrito de rosas bordadas
ni los candelabros.
Me gustan las velas
pero no los candelabros.
La casa que compartimos en Buenos Aires
se llenó de la casa que vaciamos
en Bahía, después de tu muerte.
Ahora vaciamos otra vez la casa
para mudarnos cada una sola.
Esta mañana
volví a mirar la puerta redonda del lavarropas.
Ese, que no terminaste de pagar
porque tu vida terminó antes.
Mamá
ahora, un día como hoy
en que decido no ir al trabajo
porque llueve
porque quiero dejarlo
al trabajo, a él.
Pienso
qué voy a hacer
si me enamoro.
¿Habrá lugar algún día
en alguna de mis casas
para nuestros objetos
todos, bajo un mismo techo?
Los días pasan
y yo rondo la punta de la pregunta.
Hoy
por ejemplo
poder decir no, y hacer
un hueco de luz
adentro de la casa
que huele a mi
llena de las plantas verdes
que crecen
porque cuando estoy triste
trabajo con mis manos su tierra
y las dos nos transformamos
en un acto de iniciación.
Ahora
mientras las tostadas
crujen al calor
de la tostadora
que en la repartición fue mía
pienso en las tostadas que me hacías
pienso en tu felicidad
al comprar la tostadora eléctrica
la llegada de la tecnología
la promesa de la buena vida
que siempre esperaste
y nunca llegó.
Qué dirías mamá
si supieras que ya no tomo más café
ni como más carne
que lloro cada vez menos
que nunca volví al cementerio
que vivo sola con mi gata
que sufro por amor
que no estás para escucharme
que creo haber olvidado
tus olores
que sólo queda esa permanencia
sutil
en los objetos.

Santa Rita

Volvió a brotar la Santa Rita, me dice
vieras qué bonitas sus flores.
Mi abuela se despide de la vida
en un lento devenir
que podría ser igual
al de las estaciones.
Por momentos lo sabe,
no sé si lo oculta.
Un alma puede crecer tanto
hasta unir tierra y cielo
y así, decidir lo que abandona.

La gata

La casa estaba igual.
Pero a mí me dijeron
que los gatos
van a morir afuera.
Se esconden para desaparecer.
Me senté en el garaje
vi pasar su sombra.
Fue como un disparo
que aturde y se pierde.
Lo que no vemos morir
todavía esperamos que vuelva.

Milagro

Alguien que podría nacer,
un almita dando vueltas, dijo.
Cerré los ojos
creí verla.
Era dorada y brillante
parecida a la luz
que entra por la persiana
cuando amanece.
Puedo escribirle como si estuviera
de ese otro lado.
Como si pudiera pasar por el umbral
que también a mí
me nombra, el rumbo
que todos compartimos.
Nací
sin la pausa de estar cerca
del cuerpo quebrado que tuvo mamá.
Pude haber sentido
una fuga,
en el vientre donde crecí.
El almita debe saber todo eso
que después
al abrir su boca en este mundo
para poder vivir,
olvidará
va a olvidar.

Cosecha

Vos de espaldas
cargabas una pala
con la que íbamos a hacer el pozo.
Yo callaba
y el sol pulía el suelo,
más espeso que la bruma
ese polvo del aire.
En mi mano derecha
puño cerrado
pinza firme,
estaban las semillas.
Después de cualquier muerte,
para sobrevivir,
hay que enterrar vida.

Aguacero

Cuando pasamos el río Sauce Grande
la ruta es toda de niebla
si seguimos el sendero del agua
llegamos a la playa.
Hay lagunas de lluvia
por el camino
el campo se vuelve océano.
Pienso que puedo morir ahora.
Vemos solo líquido que nos cubre
creemos estar al refugio en el auto que nos lleva.
El agua es un cuerpo inmenso 
no se corta, nunca sangra.
Adelante un auto hace luces intermitentes
rojo amarillo rojo
la cortina de agua lo cubre todo. 
Seremos libres
devueltos por la tormenta
sin más abrigo que la lluvia.
Caen sapos del cielo me dijo mi abuelo
yo los ví.
Había olor a mar. 

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