EL DIAPASÓN

»El Poeta sugerido: Pere Quart

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Sube y baja y baja y sube
diapasón, el de mi mente,
que observando va el presente
pues recita en una nube.
 
Que le embarga el sentimiento
y va dando tropezones
pues no encuentra explicaciones
o se aplica mal el cuento.
 
Pide aquí perdón, lo siento,
y el que ordena no hace caso,
y él camina, por si acaso,
recostado en su lamento.
 
Dice, el mundo está mal hecho,
así fuera dios quien diga,
pues que escaso está de miga
y empachado de despecho.
 
No te afanes, no te esmeres
piensa, inútil, que eres masa,
formas parte de esa grasa,
de quien manda nada esperes.
 
Pues la miel no ha sido hecha
de algún asno para goce,
y es que a nadie se conoce
que se encienda si no hay mecha.
 
Que esa diosa, veleidad,
a unos canta las cuarenta
mientras que a otros incrementa
el placer con la maldad.
 
Y unos sueñan con tener
y otros hay que se lamentan
y otros, rácanos, que cuentan
lo que tienen en su haber.
 
Lo que tiene, que no tienen,
que pudiera haber tenido,
lo que fue mal invertido
que a escaseces no se avienen.
 
Pues los pobres, sabios, justos
esos siempre son la escoria
y estarán en la memoria
los que amañen y den sustos.
 
Un ardid hay que a ambos une
y es se dan golpes de pecho
por el pobre y su derecho
a la espera se vacune.
 
Según dicta el diapasón,
hombres son sin distinciones,
entonando sus lecciones
y bailando al mismo son.
©onaciano bueno
 

POETA SUGERIDO: Pere Quart

Pere Quart

Christmas

Plantan un árbol sin raíces
en el living
y hacen que dé de golpe,
turrones de Fatjó
y un tren eléctrico.
El favorito
y el dulce monopolista
descuelgan una estrella
-así como suena-, si quieren,
para el hijo embrutecido
que verraquea.

Entonces, ya está visto:
hacer milagros no es cosa de santos
hoy en día.

Ni tampoco se extraña nadie
-ni siquiera la rancia doncella,
beatona refinada-
de que el Niño esté desnudo
en invierno y de noche.

Por los christmas a tres tintas
se entrampan los pobres.

Y con el pretexto de los Reyes
degollaremos a tantos Inocentes cual convenga.

No, no exagero.
(De “Vacaciones pagadas” 1959
Versión de José Batlló)

Codicilo de poeta

Os lego, amigos, sencillamente,
los tres humildes quehaceres de siempre:
vivir (y comer) con decoro cada día;
si podéis, encauzar codicia y lujuria;
pensar ( creer o dudar )
en la certeza y las hipótesis
de la muerte de la carne
y la vida nueva del alma.

No hay nada más que hacer; y ya basta.
El resto es literatura.
(De “Vacaciones pagadas” 1959
Versión de José Batlló)

El amor del hombre

Existe la lujuria sucia y poderosa
-e intermitente como las campanas-
que nos encadena y arrastra a ratos
desde la raíz del gran deseo -clavada
en el centro geométrico de la carne-
secretamente atado a las potencias
de lo que es nuestra alma
-llamada así para entendernos-,
la cual lo atiza, lo dirige, lo exalta;
y pone en juego, dispara,
desenfrenadamente ,
todos los humores viscosos,
toda la ponzoña de la concupiscencia.

Promete, ¡y promete tanto!, cada nueva vez.

Expelimos en tumulto una profunda fuerza.
Virtud atesorada en el silencio
y la ignorancia de los sistemas íntimos.

Al buen tuntún nos revolcamos,
jadeantes, babeantes,
imperiosos como césares,
perfectos robots de la lascivia,
sobre el campo y pretexto de tanta furia,
¡la mujer!
ánfora blanda de la voluptuosidad.

Niños frenéticos, perseguimos el goce
y lloramos de rabia si nos detienen
en la carrera.

Carrera que nos llevará a la triste,
vergonzosa inercia
y desencantada paz;
al fin fuente agotada
en la amargura.

No sé el porqué -¿quién lo sabe?- de esa agrura de boca,
de ese residuo mixto
de asco y derrota.
¿Por qué, si es la naturaleza purísima
de la propia bestia,
la ley enorme de la vida,
quien nos mueve cual el viento a las semillas?

¡Humildad, hermanos! Desengañémonos.
Por lo visto, así es el amor del hombre,
y todos somos hijos de lúbricos ejercicios.
No hagamos aspavientos, y disfracémoslos,
por dignidad meramente burguesa,
con delicados motivos humanitarios,
y con la literatura de los trémulos juramentos;
y, sobre todo, con mutuas ternuras
de corazón a corazón.

Pues, de hecho, estas costumbres
son milenarias.
(De “Vacaciones pagadas” 1959
Versión de José Batlló)

Espero, sospecho, temo, quisiera

Espero que no me mire,
que no me vea.

Sospecho que está siempre,
que no falla,
que me tiene fichado,
que no hay escapatoria.

Temo que me amenace,
que me riña,
que me castigue,
o que me espíe,
y me siga.

Me desazonan los misterios
los oráculos,
los enigmas,
los dones, los privilegios,
los éxtasis.

Las ceremonias me desasosiegan:
el culto,
la nube sacra.

Y quisiera sentirlo y verlo
hablarle, entenderlo,
servirlo como un hombre
siempre.

Quisiera que me tomara de una vez
o que me mudase en hoja,
en cosa pura, estúpida
en silencio o aire,
en piedra,
en átomo,

de su reino total.

Quiero amor o calma.
(De “Vacaciones pagadas” 1985
Versión de José Batlló)

Hay cosas demasiado puras…

Hay cosas demasiado puras
para ser dichas
o simplemente pensadas.
Pero los poetas,
incontinentes, verbosos,
osan inquietar las zonas inefables
con escogidas palabras
al fin y al cabo estúpidas.

Y aún pretenden
ser los trujamanes
de la musa inservible
o de algún dios,
sobrante como todos.
¿O exprimen de sí mismos
quizá celestes zumos?
Menos mal que escasean los espejos,
ya que los poetas, en efecto,
son harto ridículos
en su jactancia.

Más valdría callar,
que todos callásemos.
Y entonces aprestar las grandes orejas
y aprender algo
de los lamentos, los zumbidos,
del cántico de la vida;
de los entrañados latidos
y los admirables -pese a todo-
silencios animales
del hombre,
casi imposible probatura.
(De “Vacaciones pagadas” 1959
Versión de José Batlló)

Juego

Navego contracorriente.
Voy cuando los demás vuelven.

Antes de Pensar repienso.
Lloro y sonrío en silencio
y en soledad.

Busco el anillo que perdí
donde hay luz y bonanza.

Tutto ch’altrui aggrada me disgrada.

Cuando puedo discrepo.
Por ejemplo:
No digo «higo chumbo»
sino «nopal».

Y para perderme la vida
trabajo cada domingo.
Moribundo celebraré
-si me lo permite la familia
y el resto de los poderes-
mi natalicio.
(De “Vacaciones pagadas” 1959
Versión de José Batlló)

La cita

Yo no me detendré; y tú camina
como si no nos conociésemos.
Las confusas voces y las difíciles señales
de la ciudad, me turban;
por los ojos de los demás
y por los espejos,
me descubre la muerte
y me hace preguntas.
Mujer, anda

al otro lado del carril
hay que emprender el descenso.
Sigue, entonces, el recodo.
Pasado el puente de piedra,
atajo arriba.
No tuerzas a mano izquierda
hasta que encuentres el recinto
plantado de cipreses vivos
y de cruces muertas.
Quizá yo te haya adelantado;
si no, espérame.
Y no sentada, de pie,
entera, vertical, no como los demás.

Nos cuadraría un cielo bien alto,
un mediodía despejado
por el viento de los grandes viajes.
La noche es harto piadosa.
Y con tantas estrellas ilusiona.

Mujer, la vida es moda, ya lo sabes.
Desde hoy se impone
la escondida manera de la desnudez
hacia la línea ósea
hasta el polvo primero y último.

Desprevenidos y decepcionados,
despidámonos y desmemoriémonos
con nulos gestos de mármol.
La gravedad es infalible.

¿Quién sabe, empero, si en la hora undécima
no nos plantarán las alas?
Jamás pretendí entender misterio alguno.
Abrumado de leyes supremas,
ignoro con tino mortal
y con avaricia.

Y ahora, mujer, camina.
(De Tierra de naufragios 1956
Versión de José Batlló)

Letanía

Para los niños
mentiras.
Para el amor
mentiras.
Para los amigos
mentiras.
Para los clientes
mentiras.

Mentiras gordas o finas,
firmes o tiernas -juramentos, besos-;
vivas -cual sangre fresca-;
sabias, agradecidas.
Trolas y patrañas.
Medias mentiras.

Y mentiras históricas
que hoy achacamos a los mentirosos bisabuelos.
Mentiras literarias
-en cada verso, dos mentiras-.
Mentiras metafísicas
-el ser y el tiempo ¡rediez !-.
Mentiras técnicas, científicas:
cifras que se vuelven máquinas
y máquinas que mienten
cual leyendas locas.

Y mentiras de fe,
que son la triste gran misericordia
del cielo para los sufrientes
y míseros de la tierra;
altas mentiras fabulosas
que un día, no sé cómo,
dicen, serán certezas
(gracias, Señor, por adelantado,
a cuenta sin garantías,
por si así fuese.
¡Amén, amén, Señor!
Señor, ¿oyes el grito?

¡Para que la muerte, al rematarnos, mienta!)
(De “Vacaciones pagadas” 1959
Versión de José Batlló)

Plegaria de enero

(Rito occidental)

Sois los Tres, sois los Tres
Viajantes de Comercio.

El Rubio,
champán y capones del Prat.

El Negro,
perlas y abrigos de astracán.

El Blanco,
coches cromados y artefactos.

¡Salvad a la Cristiandad
del Infierno con magro balance!

Oremus…
(Rezaremos un padrevuestro
por los que yerran sus cuentas
y por su conversión
a la sagrada área del dólar.)
(De “Vacaciones pagadas” 1959
Versión de José Batlló)

Salmo de las lágrimas

¡Para mí no vale!
¡No juego! ¡No contéis conmigo!
(Nadie te lo pide; no te han invitado.
Pecador de poco juicio y mal provecho,
la fiesta no es para ti.
¡Ni traje nupcial traes…! ¿Qué pretendes
y qué denotan tantos aspavientos?).

Mujer, no me beses: te contagiaré
la llaga de la boca, o la del corazón.
Echa adelante o te rezagarás.

Muy bien, me habéis dejado solo a la orilla del camino
Me gusta esta llovizna y este relente,
la noche que pasa como un leve duelo.
Así, de espaldas al fango, cara al cielo
siento que soy, muy desdichadamente,
un hombre, y que soy yo.

Amigos, no lo sabréis nunca
pero os amo a todos
sólo porque os parecéis a mí.

(¡Hoy, quizá tan sólo hoy,
estoy enamorado de mí mismo! ).
También al que me rechazaba por leproso.

Me llega la música que danzáis
al oscurecer, sosegadamente
(¡la edad, la grasa, la presión!);
debe ser en el claro, buen lugar,
de encinar de can Pedrell,
mientras los espliegos huelen de uno en uno
con la refrenada envidia de los humildes.

¡Humildes, ja ja! ¡También yo soy humilde!
(Más bien diría resentido).
La casita y el pequeño huerto no me tentaron;
tenía un caserón y un jardín;
sonreía como el orate que no sufre,
saciado inexplicablemente
entre hartos, y vecino miope
de los incontables rabiosos del puño
-enarbolada, mutilada cruz-;
la mala sangre, que llama a la sangre,
prójimo de nadie,
ángeles pestilentes y andrajosos del Dios
que adora el favorito de rodillas
cuatro segundos, desde hace diecisiete siglos,
y siempre, siempre bendecido
a diestro y siniestro por enjoyadas manos.
«¡Oh cerdos inverecundos!» -como decía aquél;
y añadía luego: « ¡Oh cerdos lascivos!».

Pero esto son monsergas, sin embargo,
superadas felizmente por el vividor
y por la patrona que rige como es debido
pupilas complacientes con los parroquianos.

Buen señorito, que tiene pensado
para un verano, quizá el próximo,
encerrarse con catorce más
y un levita retórico y avispado
ocho días en Vallsoma, aire de pinos
y cocina sana y abundante.

Pero no quiero juzgar, ¿tal vez me compete?

Me iré y me voy
cobarde como soy, y delicado, y yermo.

Y lloraré, solo, por mí,
deshechas lágrimas finales
mientras se acerca cojeando el olvido
o un retoñar con mejor cara, ¡oh, Dios!

Y si me sobran, lloraré por todos.
(De “Vacaciones pagadas” 1959
Versión de José Batlló)

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