FIESTA EN LA PLAZA/

Luciano Cavido (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Fijando la mirada en el albero,
avanza lentamente cabizbajo,
parece una campana sin badajo
enfrente a un enemigo pendenciero.

Comprende que su vida se ha acabado
mas tiene hasta el final que resistirse,
que debe de luchar antes de irse,
incluso si la vida le ha fallado.

El toro se presenta ante el suplicio
sabiendo la importancia de ese reto,
que debe de embestir, no estarse quieto,
cerrándole hasta el mínimo resquicio.

Y salta hasta la arena decidido
a ser figura allí, morir matando,
quizás no sea hoy, no sabe cuando,
depende lo que opine el del tendido.

Que el hecho de morir no es cosa suya
tampoco él decidió ir a la plaza
a cuestas con la muerte de amenaza
y menos le clavaran con la puya.

La muerte ya le viene en el paquete
por arte de cualquier birlibirloque,
la muerte se agazapa en el estoque
clavándole con saña el estilete.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Luciano Cavido

Luciano Cavido

LA VÍCTIMA

Con soberana elegancia y paciencia
De esclava, teje su trampa la araña.
Aguardar a su victima es su hazaña.
Atacar a su victima, su ciencia.

Por el sedoso hilo se despliega
Funámbula a su ritual de muerte.
El desdichado insecto que la advierte,
Acepta su destino y se entrega.

Abdomen artesano y ocho patas.
Veloz desplazamiento, ojo certero,
Le bastan para asirse a su doctrina.

No la creo, por esto, mi asesina.
Ella sabe muy bien por qué me mata.
¿Acaso yo sabré por qué me muero?

A QUIEN CORRESPONDA

En la cadencia de tu fino trazo
Se transfigura un hondo sentimiento,
De tus palabras brotan, lo presiento,
Un manantial de culpa y de fracaso.

Me dirás que del alba hasta el ocaso
Tu joven corazón está latente.
Dirás que eres feliz, pero me mientes.
Conozco esa expresión, paso por paso.

Contestaré tu carta con mi puño
Para que el pulso de mi sangre sientas.
Y sin decirlo, sepas que comprendo

Que en estas horas crueles y violentas,
No hay un dolor más grande y más horrendo
Que hallarse lejos ya de su terruño.

LA ROSA ARTIFICIAL

La rosa artificial seca la mano,
De aquel que la sostiene y que la observa.
Reluce su belleza entre la hierba,
Pero su vida allí transcurre en vano.

Resiste primaveras y veranos,
Inviernos y el otoño imperdonable.
Más nunca podrá ser flor respetable,
Cual rosa de jardines cotidianos.

El alquimista huye con recelo.
Y Dios en su rincón muerde sus labios.
A nacido por obra de los Cielos,

Para que una mujer mire y se asombre.
No ha sido ni será fruto de sabios.
Se sabe tan bastarda como el Hombre.

A MILTON

Sintiéndose en su hogar, advenedizo,
Como Dante, tal vez, en su Florencia,
Milton pierde y recobra el Paraíso.
Venciendo de sus ojos la impotencia.

Ese Milton leal republicano.
Ese Milton políglota y profeta.
Ese siervo de Dios, ese cristiano.
Ese Gran Dramaturgo, ese Poeta.

No ha querido la gloria de su nombre.
Lo demuestran las líneas que profesa:
“Enciérrase a la vez tanta vileza,

Matándose a un buen libro como a un Hombre”
Se ha llevado un dolor bajo la tierra,
No ver la libertad de su Inglaterra.

AQUÍ MI CORAZÓN QUE SE DESHACE

Aquí mi corazón que se deshace.
Claudica ya su miserable duelo.
Dieron las puñaladas muerte a Otelo.
Yo aguardo, en cambio, otro desenlace.

Quiero mudar mi voz, palabra y frase.
Dejar caer mi verso por el suelo.
Ondulante y rendido cual pañuelo,
o cual Hamlet, que agónico renace.

Aquí mi corazón, tamaña empresa
No logra sostener. Aunque yo creo,
Que El beso de la muerte de Romeo,

Se halla en todo labio que nos besa.
Procuro resistir, pero el brebaje,
Más ágil que el puñal, cumple su ultraje.

BELLA AFRODITA

¡OH, bella muchacha quién te tuviera,
Para ser a tu lado un hombre hermoso¡.
Si hasta Dulcinea, la del Toboso,
De su ideal primor se arrepintiera.

Qué esconde tu gracia tan lisonjera,
Que todo hombre sueña ser tu esposo.
Darte pretendo un beso tembloroso,
Para que tú lo calmes y me quieras.

Pero vedada estás a los mortales.
Y como tal, mi anhelo se marchita.
¿Que somos ante ti, Bella Afrodita,

Los que amamos a seres irreales?
Nada quizás… o bien yo me equivoco.
¿Ilusos, poetas, ingenuos, locos?

NADA HABRÁ

Cierto es que cada cosa en este mundo,
Con afanoso celo milenario,
Esconde a cada paso su contrario,
Que así como distingo lo confundo.

Mi voz que todo nombra, no evidencia.
Al afirmar certeza afirma duda.
Y ver, tocar, oler y oír, no ayuda
A vislumbrar el fin de la existencia.

Cuánto hay de aquel pájaro en la rama.
De la rama y del pájaro que observo.
De mis sustantivos ojos y del verbo,

Que observa aquel pájaro y la rama?
Nada habrá. O Quizás, habrá lo adverso.
Más…¿cuánto hay de cierto en este verso?.

DÓNDE ESTABAS

Mis hombros son vastos y hondos precipicios,
Que se yerguen tarde, cuando ya el vacío,
Me observa cayendo hacia el negro río,
Donde caen las sobras y los desperdicios.

Cruzo derrotado el umbral del hospicio.
Ese que me brindas y que yo he aceptado.
Hacia él me arrastro con pasos helados,
Pero es tan inútil tanto sacrificio.

Al mirar tu mano hacia mí extendida,
Una extraña queja trepa a mi garganta.
Sorda, mustia, hueca, vana, inexistente.

Que acaso responde, displicentemente,
Al tenaz llamado de mis noches tantas.
¿Dónde estabas, dime… Vida de mi Vida?.

SONETO

No vuelve el corazón a vuestro puerto.
Lo observo ya perderse en lontananza.
Esconde su destino algo incierto.
Grabado lleva un nombre: Esperanza.

El condenado a muerte, desespera.
Y viejo llora su Dorada Infancia.
El sabio, pide a gritos su ignorancia.
Y la semilla sufre ser madera.

Si tú supieras que cada flor que acechas
Con tu mirar, es flor irrepetible,
La vida no sería tan terrible

Como lo es…si acaso tú supieras.
Ni el arco vuelve a ver jamás su flecha,
Ni aquella flecha, a quien, por ella muera.

REMBRANDT

En Van Dick, Jan Van Goyen, Durero,
En Frans Hals y Rubens y Leonardo,
En Velásquez, Lorrain, Caravaggio,
Está el rostro de Rembrandt…¡Miradlo¡.

En Carracci, Poussin, Tintoretto,
Guido Reni, Jan Steen, en El Bosco,
Willen Kalf, Pieter Bloot y en El Greco,
Como a un ser irreal, veo su rostro.

De su Leiden humilde a la cumbre,
Sólo hubo una línea muy frágil.
Ser un hijo de Holanda no es fácil,

Fue una sombra luchando en la lumbre.
Y ya solo, ya frente a su espejo,
Decidió ser el otro… el reflejo.

EL REY POETA

Alegre el Cortesano llama a la multitud:
¡El Rey es un poeta, que viva el Rey, que viva¡
El pueblo fervoroso de pronto se cautiva
al ver al Rey Poeta blandiendo su laúd.

Arpegios delicados preludian su Rapsodia.
Su voz retorna al griego y empieza la batalla.
Sus versos enamoran y el público desmaya.
Lo adora el que lo ama, lo ama el que lo odia.

El pueblo encandilado no escucha lo que dice.
Él habla de la guerra, mas eso no interesa.
El público lo abraza, el público lo besa.
Palabra de Poeta nunca se contradice.

Y cuando el verso acaba, siguiendo el protocolo,
Regresa el Cortesano, volviendo al mismo grito:
¡El Rey es un poeta, que viva el Rey bendito¡
y como acto seguido, el pueblo queda solo.

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