JUEGO DE TRONOS

Poeta sugerido: Alberto Infante

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Que si me ajuntas, que no te ajunto,
¡anda ya, por fá, que seré bueno!,
juro seguirte cual nazareno,
no entrometerme en ningún asunto.

Si tu me prestas unos cartones
prometo darte lo que me pidas,
seré un buen socio de tus mociones,
juguemos juntos, que haremos migas.

¡Anda ya, Iglesias, no seas malo!
vuelvo a pedirte ya que me ajuntes,
que si no lo haces me das un palo
y no te dejo ni mis apuntes.

Amigo mío, yo soy quien manda
tú vas a hacer lo que yo te diga
que soy batuta yo en esta banda
y tú no más que un pobre turuta.

Si te parece, cambiamos cromos,
yo te daré los que tengo repes,
pues que ya sabes que amigos somos
sólo te pido que no me increpes.

A la peonza juguemos ¿vale?
así enfrentamos al mismo juego
prime soy yo, tú tiras luego,
sin hacer trampas que alguien te cale.

Si no te avienes hoy te amenazo,
seré quien gane yo en esta guerra,
tu eres culpable de echarme tierra,
sin disimulo darme un codazo.

Llamo a mi primo el de zumosol*,
verás entonces como te rindes,
yo no hago paces con un guiñol,
sólo yo marco todas las lindes.
©donaciano bueno

Escenificación en clave de humor, del juego infantil, representativo de la situación política en España entre dos candidatos, aprendices, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. El juego con cartones era uno con los que nos entreteníamos en mi niñez con las tapas de las cajas de cerillas. El primo de “zumosol” hace referencia a un comercial de televisión en el que un niño amenazaba a otro con llamar a su primo, un joven fornido.

POETA SUGERIDO: Alberto Infante

Alberto Infante

No recuerdo

No recuerdo bien qué hice o dije,
o, más bien, qué dejé de hacer o de decir.
Recuerdo, sí, tu llamada nocturna.
Y siendo como eres orgullosa,
el cálido, cercano tono que empleaste.

Y, también, que me dormí pensando
qué más habrías dicho, o hecho,
o, al menos, intentado, si aquella no hubiera
sido tu postrera noche en la ciudad,
si yo no hubiera colgado tan aprisa.
(De La sal de la vida, 2004)

Madrugada en blanco

A las 4:56 de la mañana la belleza
lo destruye todo y no hay cómo
echarse atrás, encender la luz, poner un disco,
evitar que una vez más al amanecer
se lo coman no los gallos sino
los afilados tacones de las transeúntes
o las ruedas de los tranvías.

A las 4:56 de la mañana relámpago sin rosa,
no clamor
sino presencia ausente.

A las 4:56 de la mañana,
exactamente a las 4:56 de la mañana,
si hubiera vida,
lo amado
valdría más que lo escrito.
(De “Diario de Ruta”, 2006)

No hay Godot en Beckett

Que seas irlandés, flacucho y desgarbado,
y salgas de un cine junto al Sena,
y sea el invierno del 38,
y te apuñale un vagabundo,

que sobrevivas,
y vayas luego hasta la cárcel
y preguntes “¿por qué lo hiciste?”
y él, tranquilo, responda “y yo qué sé”,

algo tendrá que ver me digo
con que en el 52 Estragón y Vladimir,
en medio de la nada
hablen, peroren, disparaten,
se crean necesarios
esperen a quien no vendrá,
pues Godot nunca vendrá.

¿Cómo va a venir si sabe bien lo que le espera?
(De “lLos poemas de Massachusetts, 2010)

Billy Collins cita a Juan Ramón Jiménez

Desde la biblioteca y el mediano plazo al jardín japonés
podríamos seguirle el rastro
ignorando su distribución.

“Lo peor de la muerte debe de ser la primera noche”
escribió Juan Ramón Jiménez
y Billy Collins arrancó de ahí.
Se lo escuché en YouTube:
“Esa noche debe de ser la única noche”, exclamó.
Y se me quedó grabado.
También el final, algo bastante corriente
sobre el espino y la rosa pero que dicho
por él parecía nuevo gracias a su sentido
del humor y a su manejo del swing.

Oyéndole me repetí que la poesía es un juego muy serio
para explicar lo inexplicable con imágenes hermosas
y eludir el hecho de que todo paraíso es artificial
y todo sueño poco más que una desordenada
sucesión de fragmentos
que no logramos reconstruir.

Billy Collins nació en Manhattan y se crio en Queens
un lugar a cuyo río Juan Ramón le regaló su mar,
el mar de Moguer, que era más blanco
y más azul y estaba muy lejos.

Eso no se lo escuché a Billy Collins
aunque supuse que lo conocía,
cómo no conocer ese fragmento
que tiene de sueño lo que sólo los sueños
pueden tener: espacio, tiempo, río, discurrir por una orilla
y aparecer en otra,
orillas de Moguer a lo largo del Hudson,
mareas y olas de Moguer
arenas dulces y soles anunciando el ocaso,
es decir, la primera y única noche
porque las demás no cuentan,
aseguran, insisten, confirman,
pero no cuentan,
lo que cuenta es esto
que una tarde, otro poeta,
en otro lugar,
en otra lengua.

Yo había leído antes a Billy Collins
y, lo confieso, no me había parecido gran cosa
pero ese día sí
pues eso tiene también la poesía
que nos devuelve la voz de los muertos
en las palabras de los vivos
en el tono, el ritmo, el sonido de las palabras de los vivos;
los significados están bien, y la respiración,
y el slang, y el sentido del humor,
pero es lo otro, lo otro,
lo indefinible y otro.

Quién haya vivido lejos
y distante y solo
me comprenderá.

(De “principio y final”, 2019)

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