ME INDIGNA LA INDIGNACIÓN

Eugenio Montejo (poeta sugerido)

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Me indignan los que viven de promesas
que suelen anunciar lanzando al viento,
e ignoran lo que afecta al sufrimiento,
que ingenian al albur desde sus mesas
donde hallan complacencia a su sustento.
 
Me ofenden las farsantes, sanguijuelas,
que ofrecen su verdad para ir al cielo,
consciente de esa farsa, ese señuelo;
ocurre mientras clavan sus espuelas,
se van, ríen de ti, toman el pelo.
 
Burgueses que fingiendo de indigentes
se aplican al libar de sus manjares,
proclaman que tú estás en sus altares
y llaman a los pobres, pobres gentes,
e incluso son lamento en sus cantares.
 
Exiguos, afligidos e inocentes
los mismos que, son carne de cañón,
directos van sangrando al corazón
pues tienen en su haber el don de gentes
y engañan de tocar al mismo son.
 
Fingiendo que son míseros, los ricos
lamentan que el planeta se nos muere,
trabajo no hay, ni elige el que uno quiere,
se rasgan sus vestidos, villancicos
cantando, te dirán el miserere.
 
Lamentan de la vida su injusticia
al tiempo que ellos son defraudadores.
Suspiros van regando, que favores
no pueden regalar, pues su codicia
se niega a ver solo obras son amores.
©donaciano bueno.

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Eugenio Montejo

Escritura

Alguna vez escribiré con piedras,
midiendo cada una de mis frases
por su peso, volumen, movimiento.
Estoy cansado de palabras.

No más lápiz: andamios, teodolitos,
la desnudez solar del sentimiento
tatuando en lo profundo de las rocas
su música secreta.

Dibujaré con líneas de guijarros
mi nombre, la historia de mi casa
y la memoria de aquel río
que va pasando siempre y se demora
entre mis venas como sabio arquitecto.

Con piedra viva escribiré mi canto
en arcos, puentes, dólmenes, columnas,
frente a la soledad del horizonte,
como un mapa que se abra ante los ojos
de los viajeros que no regresan nunca.

Algunas palabras

Algunas de nuestras palabras
son fuertes, francas, amarillas,
otras redondas, lisas, de madera…
Detrás de todas queda el Atlántico.

Algunas de nuestras palabras
son barcos cargados de especias;
vienen o van según el viento
y el eco de las paredes.

Otras tienen sombras de plátanos,
vuelos de raudos azulejos.
El año madura en los campos
sus resinas espesas.

Palmeras de lentos jadeos
giran al fondo de lo que hablamos,
sollozos en casas de barro
de nuestras pobres conversas.

Algunas de nuestras palabras
las inventan los ríos, las nubes.
De su tedio se sirve la lluvia
al caer en las tejas.

Así pasa la vida y conversamos
dejando que la lengua vaya y vuelva.
Unas son fuertes, francas, amarillas,
otras redondas, lisas, de madera….
Detrás de todas queda el Atlántico.

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