NOSOTROS LOS DE PUEBLO/

Carlos Augusto Salaverry (poeta sugerido)

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* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.

Nosotros, los de pueblo, que nacimos
al fin de que acabara ya una guerra.
Tuvimos que amarrarnos a la tierra,
tan tristes esos tiempos que vivimos
escasos de soñar, sin una perra.

Nosotros los que al hambre hicimos guiños
-se dice cuando hay hambre no hay pan duro-,
sufriendo el panorama tan oscuro,
comiéndonos los mocos como niños,
topando nuestras bocas contra un muro.

Los mismos, los que nunca deseamos
aquello que ignoramos existiera,
sin nadie que al oído nos dijera
la frase en confianza que esperamos,
dejándonos la piel en la gatera.

Que hacíamos del tiempo un pasatiempo
debiendo soportar tal estrecheces,
sin nada que pescar que candideces,
marcando allí el compás siempre a destiempo
haciendo del tratar delicadeces.

Nosotros los de pueblo, los paisanos,
tratábamos con tacto al que es vecino.
Si alguno se cruzaba en el camino
amables estrechábamos las manos
brindando con el jarro nuestro vino.
©donaciano bueno

Mentir era pecado Clic para tuitear
Comentario: Aquellos eran tiempos en los que la pobreza de alimentos se veía compensada con la riqueza de los valores humanos .
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Carlos Augusto Salaverry

Acuérdate de mi

¡Oh! cuánto tiempo silenciosa el alma
mira en redor su soledad que aumenta
como un péndulo inmovil: ya no cuenta
las horas que se van!
No siente los minutos cadenciosos
a golpe igual del corazón que adora
aspirando la magia embriagadora
de tu amoroso afán.

Ya no late, ni siente, ni aún respira
petrificada el alma allá en lo interno;
tu cifra en mármol con buril eterno
queda grabada en mí!
Ni hay queja al labio ni a los ojos llanto,
muerto para el amor y la ventura
esta en tu corazón mi sepultura
y el cadáver aquí!

En este corazón ya enmudecido
cual la ruina de un templo silencioso,
vacío, abandonado, pavoroso
sin luz y sin rumor;
Embalsamadas ondas de armonía
elevábanse a un tiempo en sus altares;
y vibraban melódicos cantares
los ecos de tu amor.

Parece ayer! …De nuestros labios mudos
el suspiro de ¡”Adiós” volaba al cielo,
y escondías la faz en tu pañuelo
para mejor llorar!
Hoy… nos apartan los profundos senos
de dos inmensidades que has querido,
y es más triste y más hondo el de tu olvido
que el abismo del mar!

Pero, ¿qué es este mar? ¿qué es el espacio,
qué la distancia, ni los altos montes?
Ni qué son esos turbios horizontes
que mira desde aquí;
si al través del espacio de las cumbres,
de ese ancho mar y de ese firmamento,
vuela por el azul mi pensamiento
y vive junto a tí:

Si yo tus alas invisibles veo,
te llevo dentro del alma estás conmigo,
tu sombra soy y donde vas te sigo
por tus huellas en pos!
Y en vano intentan que mi nombre olvides;
nacieron, nuestras almas enlazadas,
y en el mismo crisol purificadas
por la mano de Dios.

Tú eres la misma aún;
cual otros días suspéndense tus brazos de mi cuello;
veo tu rostro apasionado y bello
mirarme y sonreír;
aspiro de tus labios el aliento
como el perfume de claveles rojos,
y brilla siempre en tus azules ojos
mi sol, ¡mi porvenir!

Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido;
mi nombre está en la atmósfera, en la brisa,
y ocultas a través de tu sonrisa
lágrimas de dolor; pues mi recuerdo tu memoria asalta,
y a pesar tuyo por mi amor suspiras,
y hasta el ambiente mismo que respiras
te repite ¡mi amor!

¡Oh! cuando vea en la desierta playa,
con mi tristeza y mi dolor a solas,
el vaivén incesante de las olas,
me acordaré de tí;
Cuando veas que una ave solitaria
cruza el espacio en moribundo vuelo,
buscando un nido entre el mar y el cielo,
¡Acuérdate de mí!

Diamantes y perlas

He aquí, lector, la diminuta llave
Que guarda de mis joyas el tesoro;
Privanme la modestia y el decoro
De que yo te las muestre y las alabe.

Quizás tu lente, escrutador, acabe
Por no hallar en mi cofre perlas ni oro
Si tal descubres, por tu honor imploro
Que no lo digas a quien no lo sabe.

Si no hallas en mis versos poesía,
Ni estilo, ni metáforas brillantes,
Mis páginas arroja sin leerlas.

Que otro lector, acaso, encontraría
En los tipos de imprenta – los diamantes,
Y en mis vacías páginas – las perlas.

A la esperanza

Yo se que eres una ave fugitiva,
Un pez dorado que en las ondas juega,
Una nube del alba que desplega
Su miraje de rosa y me cautiva.

Se que res flor que la niñez cultiva
Y el hombre con sus lágrimas la riega,
Sombra del porvenir que nunca llega,
Bella a los ojos, y a la mano esquiva.

Yo se que eres la estrella de la tarde
Que ve el anciano entre celajes de oro,
Cual postrera ilusión de su alma, bella.

Y aunque tu luz para mis ojos no arde,
Engáñame ¡oh mentira! Yo te adoro,
Ave o pez, sombra o flor, nube o estrella.

Responde

Dios dijo al ave de los bosques canta,
al tierno caliz de la flor, perfuma
a la estrella, los mares abrillanta,
al sol invade en la azulada bruma

al ambiente suspira, al mar encanta
con tus bellezas de argentada espuma
y a ti mujer para el odio nacida,
te ha dicho acaso dios
¿ ama y olvida ?

El Poema de Dios

Si al sol del alba, entre follaje verde,
Su virginal carmín abre una rosa,
La gala admiro con que nace hermosa,
Y el breve espacio en que su hojas pierde!

No hay amante feliz que no recuerde
Que en ella la mujer sus manos posa,
Para adornar su cabellera undosa:
La besa el hombre -y el reptil la muerde!

Para darla su aroma y galanura
Fue menester el hálito divino,
El fiat lux!, del artista sobrehumano;

Y para ver ajada sus frescura,
Basta con que tortuosos, en su camino,
Se arrastre oscuro roedor gusano!

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