PREFACIO/

Unai Velasco (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Luchas cainitas, destrucción y muerte,
conflictos y más guerras. Los matones
se muestran pululando a borbotones
con ansias de venganza. Que la suerte
en manos siempre está de algunos pocos.
Son presos de sus odios o venganzas.
La sangre siempre prima en sus balanzas
Nadie les parará. Son unos locos.
Y es que la paz ha muerto a puñetazos
partida en mil añicos. Los abrazos
vertidos son al fuego de la fragua.
Yo amo la paz. Sueño con la posguerra.
Muero por ver la calma en esta tierra
igual que amo el amor, y al sol, y al agua.
©donaciano bueno.

El amor es el caldo de cultivo para el odio, y al revés Clic para tuitear
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Unai Velasco

PELIGROSA ES LA NOCHE EN LA PÁGINA 167

«Dieron las nueve, y Hans
aún no había llegado a casa.»
Hesse, Bajo las ruedas, Alianza, p. 167

Peligrosa es la noche en la página 167

si resulta
que es de día, y eso
tal vez no pase hasta el capítulo siguiente.
Si resulta que interrumpes con besos envasados
al vacío para el trabajo pero
resulta que, deja, aguanta, que se me está muriendo Hans
Giebenrath en estas últimas líneas.

Peligrosa es la noche para Hans
Giebenrath si decido
cerrar el volumen verde
porque es de noche y te dejaste la luz
del pasillo
encendida la muerte del joven Giebenrath
entre interruptores blancos y no quieres
llorar con grasa en los dedos tú buscas
lo lírico
en una lata de aceitunas.
Y resulta que a mi se me está muriendo Hans,
que Hans Giebenrath se muere ya
en la 166
y, oh, cuánta muerte manoseada y blancoamarilla
rugosa
y negra sin la dignidad
siquiera
de morir en cursiva, sin que yo le deje morir
en las páginas que Hermann planeó
figuras de plomo en aquel
todo a cien, su muerte
en ciento y pico páginas
interrumpida y peligrosa porque
llegas tarde a tus cosas y tengo la comida
enfriándose
en la mesa
como se está enfriando
en la alberca
el cuerpo frío de Hans Giebenrath
en la peligrosa página 167.

LOS HELECHOS

‘Parque Jurásico’: «rodeados de plantas…»

La Enciclopedia Salvat, vol. 15

Todavía siguen ahí todas aquellas películas (los helechos
inadvertidos)
que no querríamos volver a ver más,
ya pasó, dijimos
habituales fáciles de palabra rápida
todo el peso de los días recostado (en los helechos)
en el gesto acostumbrado.
Ignorando que
más allá de la extensión infinita de los contenidos extra
más allá del montaje del director, permanecerán
ante todo
no las películas más audaces
sino las más felices,
sostenidas
no rescatadas
nostálgicos no,
como se recupera aquello que nunca se ha ido.
Permanecerán para bien o para mal (los helechos)
como pequeñas piedras de adoración
secas y precisas,
manutención en los bolsillos
irreversibles
del bañador.

Hoy siguen ahí con su insistencia sana (y lanceolada)
que algún día parecerá salvarnos
o nos salvará, quién sabe,
porque merecía la pena citarse en el cine
como una gran decisión adulta y aún
no estaba demasiado claro qué demonios era
aquello del dolby surround. Ahora
sus voces sigilosas (sus hojas)
nos rodean o nos envuelven.
Siguen ahí, en efecto,
urdieron una espesura apropiada,
autoridades del tránsito de nada sirve
tener miedo (de los helechos)
si su presencia
el día en que volvamos
es más vívida que todo lo que alguna vez tuvimos
que lo que no tuvimos jamás,
si su presencia
de golpe
nos acorrala
si se impone sin publicidad y sin cortes
si su emulsión nos deja secos en el sofa
en el interior
del coche volcado de una noche tormentosa y selvática
a retazos nuestras ropas
los cristales rotos del parabrisas
la pierna herida de Jeff Goldblum
perseguidos por el Tiranosaurio Rex
huid
huid
hacia la valla
hacia el perímetro electrificado
(en dirección a los helechos)
atravesadlo
de nuevo atrapados por decenas de

gallimimus gallimimus gallimimus

gallimimus gallimimus
Del poemario El silencio de las bestias, La Bella Varsovia, 2014:

INTROITO

Para Gema, que giró conmigo

«Omnes in…»

Lo que se lleva esa casa de ahí por delante es un viento muy fuerte.

Por eso queríamos crecer a salvo buscar
un lugar mejor nos llamaban los cazatornados
era la mayor serie de tormentas en doce años mejor
permanecer juntos vivíamos
para esto nos decíamos
que vivíamos para esto comiendo hamburguesas en casa
de la tía Meg y todo el rato pensando en el área de succión
cuál
pensábamos y no sabíamos hacia dónde crecer qué viento
volteaba los postes sin desperdigarlos no teníamos
ni idea teníamos a Dorothy I y a

Dorothy II y a cuatro Dorothys más y las hamburguesas sabían
tan bien y el cielo se estaba poniendo verdaderamente verde
por donde crecía crecíamos juntos en la canción o el
torbellino buscar el eje cuál comer la carne
de Oklahoma besar la mejilla de la tía Meg siempre
siempre siempre juntos Rabbit Joey Heinze y
Dusty y Joe y Bill también hacia el centro hacia el eje de succión
cuál
crecer como un perro que corretea junto al porche
y no se aleja demasiado era
la mayor tormenta de los últimos doce años y nos parecíamos
tanto a las mazorcas ni te imaginas uno y luego otro y otro como
postes de pino en hilera poderosa
al viento
al viento distinto que nos reúne
que no nos tumba y nos mantiene aquí porque
gira sobre sí mismo.

Hacia ese lugar crecíamos.

QUE SOMOS BUENOS

Para Jade, que trajo los ciervos

«también las fieras salvajes»
Salmo VIII

Tengo miedo de las avispas
tengo miedo amarilla ictericia amarilla
hueso de pollo alojado en la garganta de las bestias
alojadas en la garganta.

Caballos blancos cinchas azules ¿qué has de temer?
de cincha amarilla y caballo ictericia temes
las patas otorgadas de los ciervos
que duermen sobre las hojas.
(Detente y escucha.)
Mientes cristal venido abajo.

No no tendré no tengo miedo soy bueno y observé
ciervos blancos ciervos traducidos de sol
contra mi ventana.

Mientes cristal venido abajo vienen a tu portal
por la mañana.

No temo al temor temo al portal
temo tu anillo negro de los malhumores
los camellos de adoración despacio
su camino incierto soy muy bueno
tengo el control sobre mi cuerpo y no temo que nada temo
no temo amarilla ictericia. Que somos buenos.
(Detente y escucha.)
Caballos blancos de pezuñas buenas ofrecidas
no tengas miedo de los ciervos de tendida pezuña hendida
y ligera
en su lugar
tendido azul abierto manillar del pecho ¿quién oye el
zumbar? también hizo a las fieras salvajes las avispas
el amarillo pollo entretenido hizo tu garganta
zumbaran porque enmendamos el temor
aquí
porque nos da la gana zumbaran alejándose de rica miel
zumbando y sin miedo sin miedo tu voz arrebatada hollada
ligeramente habla.

Quiero hablar quiero decirte que no deseo que a nada aspiro
que no temeré no temo a la avispa ictericia pero
tengo un hueso de pollo alojado en la garganta
tarasca de dientes por contar cervatillos blancos.
Yo tengo
el anillo azul de la ataraxia
somos buenos sabemos que
somos buenos que las avispas miden de un centímetro a
centímetro y medio amarillo punzón blanco de ciervo
que duerme en la ventana mentira
que duerme en los árboles y baja de día al portal.

Tengo miedo del miedo de las avispas del miedo de los ciervos
no dejes
no que somos buenos que ofrecemos nuestro cuerpo
en pira de bondad detente
y escucha sobre todo escucha y que así sea y que así
sea.

ALELUYA

Arrojábamos cal viva a las mansiones temibles
y por eso nuestra alegría era más blanca.

Quizá ninguno dijera jamás
nunca una palabra sobre el júbilo
pero es cierto que no podíamos dejar de hablar
y sacudirse el salitre llegó pronto,
pronto llegaron las costas y fue cierta la bahía,
nos convencieron los acantilados.

A veces nos enfundábamos mal las mallas verdes y los ojos se abrían
y nos confundíamos como reptiles
o el pelo se nos ponía lacio, somnoliento y fingido
o íbamos por ahí con los dedos detenidos de hadas,
pero siempre había alguno que trastabillaba a medio calzón
y en seguida saltábamos y el puerto se llenaba de luces,
suficiente para seguir conversando, golpeando las mesas,
alborotando el pan. Anochecía al este de la isla.
Anochecía como una industria secreta,
un país alargado de códices, parlante y silencioso,
que averigua mástiles tras la vegetación.

Así que este es el país que crece hacia adentro,
este es el país del árbol inmenso
y bailábamos a su alrededor esforzando a las aves
a su alrededor del árbol
inmensos alígeros en sombras sospechosas
con transparencias estrictas del país
inmenso bailando
bailando
alrededor de un árbol en el país
con festines transparentes a qué son por los puertos
al pie cantando
en el puerto cantando los apaches pies peluches
sin sombra, sin sombra.

También hubo momentos en las playas lúcidas
para confesar que apenas sabíamos el nombre de los árboles
que en nuestra lengua no crecía el gran magnolio ni la menta medicinal,
pero el agua disimulaba las piernas y los cangrejos dijeron: enmudeced.

Habíamos pasado los días antiguos de andar la tabla
de esquivar las culebrinas de tambor dorado,
se nos pusieron los pies duros
y la ropa envejeció.

Al fondo, quieto, un farallón:
el tiempo empobrecido por las anémonas.
Poema escrito para la antología Serial (El gaviero, 2014):

la tira elástica del bañador deja pequeñas marcas en la cintura

«the slow breeze in the pines»

Robert Hass

Para salvar una vida humana hay que tener
la taquilla limpia y el corazón templado
Michael Newman tenía un brazo ligeramente más
largo que el otro toda clase de información sobre las aves
de Santa Monica L. A. y cierta inclinación progresiva
hacia la tristeza pesaba la playa por las tardes gaviotas volaban
al ras y se desconcentraba triste si estaría triste Pam bajo las
palmas su primer ahogado le costó cuarenta quilómetros a medio
gas entre los pinos y un reguero de pinocha estremecida en la segunda
pensó en Paul ojos azules sin saber que escribirían de su brazada
en el Tampa Tribune con los años también
con los años se adjudicó un método para el miedo a mediodía
cuando el hambre administraba mal los riesgos Newman
medía su caseta de vigilancia de un modo digamos místico y el miedo y el
calor quedaban sometidos a una figura rectangular casi casi transparente
como una cometa desarbolada por el sol o
una toma subacuática
y aun pensaba en lo extraño de titular en México el serial
Guardianes de la bahía pero la extrañeza
duraba poco y las aves volaban más bajo era la hora de ir a cambiarse
prácticamente.

ESTABULACIÓN DEL BUEY APIS

para Carlos Loreiro

Se ha hecho ya medianamente tarde y el viento
da una costumbre avara a los manteles.
Si todavía alguien quisiera trabajar los cuchillos,
cansar la corteza de los quesos o dar aquel sorbo que sobra
a una conversación vencida, deberá hacerlo ahora, con esta luz,
. venir
a la mesa de lo mayores, mover su poca silla al lugar
donde las voces ya han escogido su timbre y practican
la seguridad alegre de lo pronunciado.
Pero veréis: todo lo que se oiga en esta hora difícil
pagará con su tierna entonación
la altísima cuenta, la cifra larga de todo lo que hasta aquí
hemos dicho.

En alguna parte alguien deja correr el agua, hierve un cazo,
y la grasa
se va soltando de los platos.
Insistir, desistir, pedir más pan para otra tanda
es simular un camarero absurdo
para hacer pelotas de miga con los dedos:
el humor no acierta si no es precisa ya la puntería, y no hay
esculturas nobles en los pasillos del cansancio. ¿En qué cesta
te traerán la hogaza que no alimenta?

Tratar de pensar el día será decir los lugares en los que te detuviste:
la hornada del día con niños ardiendo,
la opacidad advertida, las geometrías disímiles que has visto
en algunos coches de ferrocarril, en la subida,
en tu regreso a la calle en Sant Pau,
la contabilidad facilísima de amigos en los trabajos de arriba –dos–
y haber pensado en Carlos Loreiro en Madrid
cuando te habló de su amor en San Petersburgo y de la abolición
de la capa gascona por orden de algún rey –el rey no lo recuerdas–,
y haber pensado también que, en caso de escribir hoy un poema, mencionarías
. de pasada
a Carlos. Eso, y el anuncio de una película con Fassbender
encapuchado y todavía héroe homérico, pura
pieza de ajedrez tallada sobre el nombre de una madera oscura que no sabes o crees quizá saber aunque
esa convicción caerá con la consulta de un precioso libro de láminas.

Desatender, atender estos asuntos, decírmelos en la edad y sus palomas,
no será una omisión, tampoco un episodio de malos modales.
Quienes conmigo se sientan a esta mesa apenas me habrán visto
agacharme y ajustar un poco más el nudo de los zapatos.
Cuando me levante, porque desde luego querré levantarme,
pisar fuerte será un deseo, sí. Por eso
he decidido ignorar mis lecturas de agricultura,
los métodos sobre el terreno, los muchos previos ensayos de tipo general
. que indican
que andamos sobre la tierra por humildad del suelo,
que el provecho de esta andadura a quien más nos asimila
es al cerdo proverbial.

Sí, así lo he dispuesto todo para mañana por la mañana.
Como esas mujeres del poema en Montale, el cántaro bien alto,
más cerca de la sed. Traer nuevas sartenes negras.
Iré con cuidado, revisaré el sermón de tapa dura.
Le he quitado sol a la ternera más puta del rebaño,
la que peina el través de la cerca, la que se envalentona con la invención.

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