UN LIBERAL

Mi Poeta sugerido: »Emilia Guzmán

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Pues yo he sido ante todo un liberal,
un hombre que se jacta de respeto,
no juzgo qué hacen otros, me da igual,
solo exijo conmigo ser leal
que en sus vidas lo sepan no me meto.

No admito ni las mofas, los insultos,
cada uno, cada cual, con sus creencias,
sus filias y su fobias, sus indultos,
tendencias sobre sexos siendo adultos,
incluso a sus placeres y dolencias.

Me niego a que me vengan a contar
de vida sus amores, sus miserias,
debiendo esa retaila soportar
y aun menos que les deba consolar
o aplausos dar cual monos en las ferias.

Que yo soy yo, no más que un pobre diablo,
un ser inapetente al desaliento,
lo digo aquí, pues sé de lo que hablo,
un burro que metido en un establo
demanda libertad, su juramento.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Emilia Guzmán

Emilia Guzmán

SOBRE LA POESÍA

A veces pienso:
¿Sera´ que la poesía tiene más que ver con el poder que con el arte?
¿Será que lo que quiere es confundir?
Desafiar la continuidad de las cosas quebrando secuencias,
¿construir una nueva que conjugue los caprichos de la lengua y la cabeza?

Lo más mundano, lo más banal, lo ridículo, adquiere de pronto cualidades exóticas.
Para justificarse no necesita más que la etiqueta y la voluntad encaprichada de un
degustador de palabrerías.

Mire usted que´ sencillo si me decidiera yo, decidida como soy,
a buscar dos palabras arbitrarias, con alguna r suculenta o una s hu´meda y escurridiza.
Diría:
…………………………………«Renacuajo viscoso
rascacielos corpulentos que con las alturas de sus paredes vidriadas me han provocado ya
……………………………..comezón en la garganta».

Diría yo que los vellos delgados de la espalda amada se han esparcido,
susurrando atrocidades,
señalando nuevos senderos
como ramas largas e infinitas que le alfombran los muslos tiesos y los costados de la cara
y se alumbran con el sol del mediodía.

Le pondría al sexo una cara ancha y rectangular, enrojecida, sudada y con los ojos de
vidrio ámbar supurando de excesos y secretos.

Y en el medio de todas las s y las r que tan sabrosas resultan al paladar, entrenado en la
exquisitez de las cosas sin motivo, no podría usted percibir en todo ese circo al animalito
desagradable, nocturno y grasoso, a los edificios que tapan la vista y amontonan a la gente
en cubículos y ascensores y a los muslos peludos de la amante gorda y temporal.

Le podría hablar de porquerías y usted quedaría fascinado por la elegancia.

Así es como funciona, la poesía digo, o al menos así funciona conmigo.
Y lo más entretenido de lo subjetivo es que aquí todos tenemos voz y todos tenemos voto.
Y como a mi me gustan las multitudes, me uno a ustedes a hacer poesía. O escribirla o
engendrarla. Lo que mejor satisfaga sus ansias de innovación.

Aquí puedo hacer lo que quiera:
Dictadora de un lenguaje.
Filosofa de los sonidos fascinantes de la palabra chancleta.
Guía excelentísima de los viajes que emprende la lengua en la jaula bucal.
Degustadora de arbitrariedades y confusiones.
Creadora de distracción y destrucción.
Porque La poesía es ridícula,
y aquí, finalmente, podre´ dejarme de rodeos y ser ridícula yo también.
De Espasmo: Muestra de poetas de Monterrey nacidos entre 1986-1997 (2017)

UN DESEO…

En un mundo alterno
desconocido
perpendicular a este.

que capaz existe debajo de las calles,
en las alcantarillas
o adentro de los espejos de ciertas casas
y al que solo puede llegarse sin querer cayéndose
en un pozo:

es una noche espléndida.
Antes, fue un día blanco y luminoso.
Ahora bailamos apretados y tomamos vino dulce,
en un jardín con árboles de esmeraldas
ranas brillantes como farolas.

No hay que irse a dormir nunca.
Nos miramos a los ojos y estos
relampaguean.

Es una noche espléndida de un verano que no termina…
El mundo parece infinito
y todo lo hermoso, incuestionable.
De Ser joven es terrible (Inédito)

GIGANTA

Soy enorme,
una giganta.
Camino y siento mis pies como anclas.

Me da miedo
vergüenza
estropear los jardines
espantar a los niños
ahuyentar a los pájaros.

Desde muy niña pude adivinar
la fragilidad de las cosas
cómo se arruinaban
se abollaban
se hundían
con mi tacto.

Quise no volver a tocar nada.
Nunca.

Pero no se puede vivir en este mundo sin transitarlo,
aunque sea para ir al baño.

A veces hay que
subir escaleras,
sentarse en el teatro,
en el metro, en las montañas rusas.
A veces hay que festejar los cumpleaños,
nadar en mares verdosos,
recostarse sobre un césped
juntar caracoles
besarse.
llorar desconsoladamente,
pedir deseos en las fuentes,
tomarse algunas fotos obligadas,
agacharse
para atarse los cordones,
para saludar a los niños
y a la gente pequeñita…
etc
etc
etc.
De Ser joven es terrible (Inédito)

EXPLORACIÓN DEL HOGAR

El hogar solo existe
en el espacio secreto
entra la idea y la palabra

El hogar no tiene puertas
ni ventanas, ni pasillos
ni recuerdos de remodelaciones.
No tiene cochera, no tiene jardín.
Tiene en cambio una sensación
de baldosas frías
de una galería sombreada
de cloro en los ojos
de un árbol de higos y un tapial blanco
al que me asomo para comerlos
de almohadas frescas y camas profundas
de olor a pecho y de manos ahumadas
de reflejos en espejos que cambian
y de un yo cambiante frente a un mismo espejo
de nieve detrás de una ventana
y el primer recuerdo de:
«Yo aquí y el mundo afuera»
«Yo aquí dentro y afuera cada cosa
dentro de sí misma».

Nace la idea de refugio
de nido, de búnker, de cueva, de morada
en el momento exacto en que comprendemos
que existir es, al principio y al final,
irremediablemente solitario.

Pero nunca una dirección, un número en la puerta, una coordenada.
El hogar es un secreto impronunciable.
De Ser joven es terrible (Inédito)

Incompatibilidad lingüística

No puedes culparme
si la palabra vibrant
no es es lo suficientemente vibrante para mí.
A mí, que entrené mi lengua para
escalar palabras como si fueran montañas.
A mí, que aprendí a hablar en una lengua que requiere
un enorme esfuerzo de articulación,
una lengua que no admite palabras que se pronuncien
sin hacerles la guerra o hacerles el amor.

Love?
¿Dónde está la r del AMOR?
Para mí no hay amor sin r,
para mí el amor necesita un terremoto para tener sentido.
El amor te deja la boca temblando,
te eriza los pelos,
te atropella,
te arrasa,
es un tren,
un trueno,
un colibrí.

Cuando yo digo te amo
la t es un cruz gigantesca y de madera,
se entierra en el campo baldío de la promesa;
es la cruz que atestigua el nacimiento de una civilización
es la primera prueba de nuestra existencia,
es la cruz que treparemos para sobrevivir a un diluvio milenario,
la misma donde te crucificaré si me fallas.

No se escapa tan fácil de un TE AMO,
no de los míos al menos.
Y tú con tus I love you,
sólo me recuerdas
una mala película en un cine solitario.

Tantas cosas caben en en tu boca cuando dices I love you…

No puedes culparme,
es que mi lengua es más ambiciosa.
A mí me gustan las palabras que suenan a promesa,
a superstición,
las que sobreviven incluso después de decirlas,
las que se quedan flotando
aéreas y burbujeantes
como fantasmas,
como ecos en una cueva
donde sólo queda el rojo vivo del fuego que encendimos,
el que nos protegerá esta noche, y las que vienen,
de todas las cosas cómodas e intermedias,
como tus I love you y las malas películas,
las palabras que no rugen,
las cosas cuya presencia no me hacen temblar.

Xictomatl

“Se me antojan unos tomates”
me dijo la chica polaca mientras encendía un cigarrillo.
En la iglesia, justo en ese momento, alguien empezó a cantar;
ángeles desconocidos,
cantándole a un dios todavía más remoto,
coronaron aquella frase banal y la llenaron de gloria.

De pronto mi boca también se regocijó con el recuerdo de un tomate gordo y suculento.
Me imaginé hundiendo los dientes en su pulpa roja
y cómo se chorrearía,
desde los costados de mi boca
hasta el origen de mi cuello,
el jugo rosado de un tomate maduro.

Dicen que a Díaz del Castillo unos indios en Guatemala
trataron de cocinarlo con todo y soldados;
y aunque me esfuerce,
no logro encontrar imagen más oportuna
para este coro de ángeles siniestros,
que un par de europeos a punto de ser guisados
con sal, ají y tomates.

xictomatl,
fruto gordo y con ombligo,
otro obsequio americano e inconsciente
a la vieja patria usurpadora.
Ahora recuerdo los vasos helados de jugo de tomate,
otro antojo heredado de mi madre
que dice que para ser feliz,
sólo necesita queso, albahaca y tomate.

Justo ahora los ángeles dejaron de cantar.
Sólo queda el rastro tenue de un piano que también emprende su retirada.
La polaca regresa del mercado con un tomate a medio morder en la mano;
yo la observo de reojo y me disgusta su camiseta chorreada de jugo,
los rastros de pulpa encarnados
en el espacio sutil entre sus dientes
Se despide de mí y levanta el tomate como un trofeo,
un corazón todavía tibio y latente;
sonríe triunfante,
parece que tiene la boca ensangrentada.

La miro y pienso:
“así no es como se come un tomate”.

Beso con los ojos abiertos

En Barcelona realizaron un estudio para entender por qué que cerramos los ojos cuando nos besamos en la boca. Dicen que es porque la vista monopoliza los sentidos y si nos besáramos con los ojos abiertos, no podríamos centrar nuestra atención en la boca que besamos. Creo que tiene sentido.

Yo no cierro los ojos cuando te beso, no del todo al menos.
Tú no te das cuenta porque cada vez que te espío
tienes los ojos cerrados como un cachorro,
un niño dormido.

Sentir tu boca como lo haría un ciego,
armada sólo de tacto, de gusto y de olfato,
no me dejaría más remedio que entregarme a ti entera y sin reparo,
sin la mas mínima consciencia,
en la oscuridad tierna de los ojos cerrados.

Una vez respiramos juntos, al mismo tiempo,
mientras nos besábamos en algún sofá ajeno.
Yo que tenía los ojos entreabiertos
pude ver tu pecho inflarse como un globo amarillo.
Exhalaste en mi boca tan divinamente
y me recordaste un verano en la playa,
un bebe celeste durmiendo la siesta,
una palabra inexistente,
una noche de navidad,
todas las veces que pedí perdón y las veces que dije gracias,
la primera vez que lloré de la risa,
el primer poema que me hizo llorar.
Y en ese momento, sin cerrar los ojos,
pensé en borrar todas las bocas que besé antes de la tuya,
pensé en cómo me gustaría que éste fuera mi primer,
mi único beso.

Yo no cierro los ojos cuando te beso
no quiero comprender la magnitud de esa boca.
No podría sobrevivir a esa transfusión de aliento
con los ojos completamente cerrados
porque adivino en la delgadez de ese respiro
la fuerza de mil besos,
los besos de toda una vida,
y eso sólo puede resucitarme
o quemarme viva.

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