VENID A VER/

Matilde Ladrón de Guevara (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Venid todos a ver que hoy es mi día,
que quiero celebrar todos los santos
dejad ya de acudir a camposantos
guardando para mí vuestra energía
que es fiesta y es motivo de alegría
y deben desterrarse ya los llantos.

Venid a disfrutar sin los problemas
echando las penurias al olvido
no importa si creyente o descreído,
anegado te encuentres con tus flemas
no sepas resolver tus teoremas
o sientas que de ti ya se han reído.

Despojaos de vicios y fantasmas,
poner la fantasía en ejercicio
amar a la belleza de algún vicio
que nunca han de ponerse cataplasmas
la vida ha de fundirse con sus plasmas
trocando al maleficio en beneficio.
©donaciano bueno

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Matilde Ladrón de Guevara

El crepúsculo

a mi esposo Marcial Arredondo Lillo

Fuego dormido, pausa del ocaso.
Dorada miel del trabajo vuelo.
Vencida sangre, enternecido celo,
vino de abismo en el profundo vaso.

Sabia desesperanza en el fracaso,
pupila firme en el activo cielo,
frente a la noche, desprendido vuelo
que hacia la muerte nos incita el paso.

Y esperanza también o despedida
que se prende a los soles de la vida
con garras de naufragio y de delirio.

Besas en el crepúsculo la rosa.
Quemas la frente en la ebriedad fogosa,
y alzas en llama el último martirio.

A PABLO NERUDA

(a mi amigo Pablo Neruda)

Día a día cuando la sangre zarpa
del corazón –su puerto- desatada,
avanza entre la espuma, lastimada
en mi carne morena. Como un arpa

amarilla de luz, el sol que asoma
hunde sus rayos cada vez que vivo
y cada vez mis sueños fugitivo
asciende más tu vuelo hasta la loma.

Y hacia un rincón del alma sola y mía
me voy intimidando de agonía
con un llanto que afrenta mis mejillas,

Con humo y con ceniza entre mis huesos;
por ti, Pablo Neruda y los anhelos,
cayendo hasta la muerte de rodillas.

A WALTER GIESEKING

(a mi amigo Walter Gieseking)

Nunca igual luna y sol, y sentimiento.
Nunca en dolor tan cruel más melodía,
ni en sorda tempestad, más alegría
ni en más fiel voluntad, más ardimiento.

Río de soledad y pensamiento,
ternura desbordada en la armonía,
todo su corazón se le vertía
en amor, en abismo y en tormento.

Humano incendio y fuegos sobrehumanos,
naturaleza entera en ígnea fuente
de profundas creaciones desgarradas.

Canto de amor y música en sus manos
quemaron las laderas de su frente
y sus inmensas alas desatadas.

LA NOCHE

(a mi amiga Gabriela Mistral)

Todo vivir, en trance de la muerte,
nocturno linde y hora indefinible,
notas de luna en el temblor sensible
y en alto sueño, pensamiento inerte.

¿Cómo podré en la niebla sostenerte
con igual devoción, vuelo indecible,
si vierto lo posible en lo imposible
y mueren todo azar y toda suerte?.

Quiero en igual silencio, igual destino.
Muerta en lo humano, toca lo divino;
tras lo que fue de amor en tierra yace.

¡Noche profunda, dale ese reposo!.
un caer en la sombra, cadencioso,
y una dormida sed que al sueño abrace.

LA AURORA

(a mi hija Sybila Arredondo)

Viertes, aurora, al múltiple horizonte
dorados lirios y encendidas rosas,
emanan luz tus alas bulliciosas
y labras en color el arduo monte.

Joven y alegre ante mis ojos, ponte
sobre un puente de estrellas laboriosas
y con lanzas y flechas victoriosas
quema la nube que tu rueda monte.

Irradias en la noche, casto mito,
y quiebras su silencio con un grito
de amor y sed en la brumosa entraña.

El universo virgen te enamora.
¡Apura tus corceles, vencedora,
la creación del hombre te acompaña!.

EL DÍA

(a mi hijo Marcial Arredondo)

Niño del alto día que floreces,
rubia de luz la crencha enmarañada;
alado el pie, la sien alada, alada
la voluntad de fuego con que creces.

Con la aurora de fiestas amaneces,
sigues al sol y el sol es tu mirada,
siembras la luz sobre la tierra arada
y el cenit de los valles estremeces.

Niñez y juventud, y fuerza plena.
De trigo mozo van tus manos llenas,
y vital enardeces tu estructura.

Niño de sol, que la mañana orea.
Niño de sol, que sobre el mar procreas
y escultor de la frágil escultura.

Don Dinero – Francisco de Quevedo

Poderoso caballero
es don Dinero.

Madre, yo al oro me humillo,
él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado
de continuo anda amarillo;
que pues, doblón o sencillo,
hace todo cuanto quiero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Nace en las Indias honrado
donde el mundo le acompaña;
viene a morir en España
y es en Génova enterrado;
y pues quien le trae al lado
es hermoso aunque sea fiero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Es galán y es como un oro;
tiene quebrado el color,
persona de gran valor,
tan cristiano como moro;
pues que da y quita el decoro
y quebranta cualquier fuero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Son sus padres principales,
y es de noble descendiente,
porque en las venas de oriente
todas las sangres son reales;
y pues es quien hace iguales
al duque y al ganadero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Mas ¿a quién no maravilla
ver en su gloria sin tasa
que es lo menos de su casa
doña Blanca de Castilla?
Pero pues da al bajo silla,
y al cobarde hace guerrero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Sus escudos de armas nobles
son siempre tan principales,
que sin sus escudos reales
no hay escudos de armas dobles;
y pues a los mismos robles
da codicia su minero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Por importar en los tratos
y dar tan buenos consejos,
en las casas de los viejos
gatos le guardan de gatos;
y pues él rompe recatos
y ablanda al jüez más severo,
poderoso caballero
es don Dinero.

Y es tanta su majestad,
aunque son sus duelos hartos,
que con haberle hecho cuartos,
no pierde su autoridad;
pero, pues da calidad
al noble y al pordiosero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Nunca vi damas ingratas
a su gusto y afición,
que a las caras de un doblón
hacen sus caras baratas;
y pues hace las bravatas
desde una bolsa de cuero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Más valen en cualquier tierra
mirad si es harto sagaz,
sus escudos en la paz,
que rodelas en la guerra;
y pues al pobre le entierra
y hace propio al forastero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Comentario Para Francisco de Quevedo la crítica social es importante y la denuncia de los males de la sociedad es un hecho. Esta temática ha sido la base de varios de sus poemas, entre los que se incluye este que a continuación comentaremos. Sólo el título ya nos dice claramente la intención del mismo. Se personifica el concepto del dinero y se le da un estatus social alto, el de caballero, muy importante en esa época.

En la primera estrofa del poema, el poeta nos sitúa un personaje que ama al dinero más que a sí mismo, lo adora como aquellos que adoraban al becerro de oro.

La segunda estrofa es una descripción perfecta de cómo el dinero viene, llega y desaparece de España.

En la tercera estrofa se habla de un cambio social en el que los nobles tienen muchos menos recursos económicos y los nuevos ricos, los que manejan realmente dinero, quieren subir socialmente y, para ello, compran títulos nobiliarios.

En la cuarta estrofa, mediante una pregunta, el protagonista del poema nos quiere convencer de que, para él, aunque sea algo malo o ruin, prefiere tener dinero y para ello hace una referencia al reinado de doña Blanca de Castilla.

En la quinta estrofa se indica que el dinero, aunque sea en monedas de menor valor, continúa siendo dinero y su valor sigue siendo importante, siendo capaz de hacer trabajar al holgazán y al jornalero por igual.

… Fuente

www.poemas.de/poderoso-caballero-es-don-dinero/

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