ANSIADA LIBERTAD!

»Aquí, mi Poeta sugerido: Armando Rojas Guardia

MI POEMA…de medio pelo Lee otros SONETOS

 

Sagrada Libertad, sueño canoro,
desnuda al despuntar de la mañana,
pintada al clarear de verde grana,
bendita sensación, lindo tesoro.

Ansiada Libertad, ¡cuánto te añoro!
las horas que me puede la galbana,
que salgo a disfrutar de buena gana,
sin cuentas que rendir, ¡cómo te adoro!

Naciste para ser agradecida
consciente que el que quiera conquistarte
será por el Olimpo bendecida.

Te quise cual esteta quiere al arte,
atado a esa cadena que se oxida,
y muere ya cansado de esperarte.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Armando Rojas Guardia

Armando Rojas Guardia

Fondo negro

Limpia y fría, la noche de diciembre
es la imagen perfecta de mi alma:
Caracas arde afuera, indiferente,
mientras yo soy un hueco
l i v i a n í s i m o
donde caen flotando los minutos.
En nada pienso ahora. Y nada añoro.
Ninguna obligación. Ninguna agenda.
Apenas esta ingrávida quietud
para llenar de música (Satie, acaso)
y lentos cigarros y silencio
y el negro sueño de la paz, vacío.

Aves

Me pregunto
qué ron dulce las embriaga.
Quizá la luz
cuando enronquece
y empapa de quejas el límite del día.
Acaso el viento mismo
quien como ola de cansada espuma
las impulsa a partir hacia el intenso Oeste
donde muestra el día sus llagas
tumefactas.

Estalla su plumaje en oro caliente
y derramado.
Y el cielo ha quedado entre sus alas
como una mancha viva.
Mira cómo se enredan entre los suaves hilos
del aire que se enciende.
Deja su vuelo un sabor tropical de fruta roja.

¿Las veremos, de nuevo, como ahora?
Tal vez alguna de estas tibias tardes
en silencio.
O entre las grandes amapolas
que trae la Alegría.

Agua lustral

Purifícame con el hisopo
SALMOS: 50,9

Salgo por del tedio
que es el hábito de huir de Tu presencia.
Había elegido el mal
como quien muerde el aire
y castiga al tapándose los ojos.
Había elegido el mal. Y lo sabía.

Hoy salgo al aire en paz de lo invisible
diciéndote que sí por estas calles
con el viejo saxofón de mi poema.
Se abre el día
tal un hueco silvestre
-rosada ubre de la luz, goteando.
¿Qué puedo decir que me retrate
así, recién nacido:
los dedos obstinados de la hierba,
la respiración de todos al dormir?
Sí, letra a letra reconstruyo
la inocencia del ser, que ahora levanto
como una fronda erguida, resonante.

Aquí, en esta casa

Aquí, en esta casa,
donde cada palabra, cada gesto
son sólo los dóciles ecos de la luz
inmaculada,
vertical,
inapelablemente última,
añoro para ella
(la chachara mujeril de la poesía
con sus técnicos chismes de ocasión
tan fotogénicos —whisky en mano—
sobre la página social
de algún Suplemento Literario),
le añoro, digo, algo de la casta
doncellez de la madera
recibiendo
la frugalidad silenciosa de una cena,
de la última cena.

Sin uso

Pero hoy tengo confianza en la tarea
de decirte precisamente esto,
sin una sola causa

que motive la cita intrascendente
de los ojos y las letras:

apenas teclearte siete líneas
como quien pide el aire o la alegría.

Sospecha

( a Pedro Trigo)

Habría que decir
que dicho todo
aún está todo por ser dicho.

Ni una sola
palabra
ha roto el círculo.

Si el
a sí mismo se busca
y no
a lo que pasa vivo
entre las horas,
no hay futuro,
otra vez el circuito recomienza,
sólo brillan
espejos,
la nada poblada de imágenes
iguales,

el ciclo
y sus etapas:
yo solo
repetido
desde el génesis.

EL DIOS DE LA INTEMPERIE (1985)

XV
Me digo que es inútil, que no puedo
escribirlo imposible, la secuencia
del poema innombrable, la mentira
de apalabrar la ausencia del deseo
deletreando la nada entre mis sienes,
su oquedad tan carente de palabras.
Sé que el cuerpo me queda, ésta mi carne
indecible también pero moviéndose
al proyectar imágenes, figuras
en el vacío mental, en la pantalla
de la escritura terca, indeseante.
Sólo alcanzo a aludir, casi a tocar
al poema cadáver enjoyado
por el histriónico decir: la vanidad
de no sorber el silencio ni apurarlo,
de escapar de este yermo a mi medida
que, si yo fuera otro, comparara
a aquel nítido y virgen de los santos
ardiendo, sí, incómodo en la voz
llagando la gárrula garganta
pero dejándola seca de otra sed
que no sacian las formas, el lenguaje.

YO AGUARDO AL ANIMAL DORMIDO…

Yo aguardo al animal dormido.
Mientras los otros trabajan lo discierno
moviendo sus patas livianísimas
contra mis sienes ahuecadas.
Se alimenta del ocio que me atonta.
Sus ojos son relámpagos lejanos
ardiéndome en la punta de los dedos.
Su piel es mi voz centuplicada.
Y causa su pezuña fría
helándome el esfuerzo. Lo vigilo.
Mientras los otros yacen o copulan
cebo la trampa del papel
bajo la lámpara neutra, distraída.
Estudio la forma de amansarlo
con un golpe de luz sobre mi frente,
una imagen capaz de sostener
la inocencia cabal de su estatura.
Remuevo símbolos sagrados
para atraerlo al centro de esta hoja
blanca de esperarlo. Mitos sonoros
fraseados por el ritmo del lenguaje
intentan acunarlo levemente…
Pero el animal desaparece
justo en el instante de apuntarlo
con la palabra artera y su veneno.
El olor perseguido se anonada
cuando flota ese pálpito que extingue
la escritura en su límite preciso.
La idea es ya una horma para nadie.
Mi voz retrocede en la garganta.
La trampa está rota para siempre.
En la distancia frágil de la página
el animal es rastro, sólo fuga:
cuaja entonces inútil el poema.
De La nada vigilante, 1994.

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