ESO ES MENTIRA…

»El Poeta sugerido: Sebastián Núñez Torres

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Se dice del engaño que es mentira,
distinto a si anteponen argumentos,
se cubren las heridas con ungüentos,
se exculpa pues la mente es que delira.

Incluso las mentiras, las piadosas,
debieran de evitarse pues que, crueles,
no deben de gozar de los laureles
y aun menos presumir ser olorosas.

Mentira, ¿qué es mentira, quien conoce,
quién sabe qué es bondad o qué es maldad,
qué es fruto de incremento o un desbroce?

Quien sepa distinguir lo que es verdad
que Dios la duda venga y la secuestre
y Él mismo que no engañe y se nos muestre.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Sebastián Núñez Torres

Sebastián Núñez Torres

Eventualidad

Un día u otro
me marcharé de improviso
hacia un lugar sin nombre
donde aún conserve la tierra
esa extraña majestad
de las épocas antiguas.

Será un viaje solitario,
como el de la rama
flotando en el río,
o el vuelo de un ave
obstinada en alcanzar
la luz desfalleciente del ocaso

Un día u otro
mis pasos serán
los del vagabundo desterrado
cuyo destino son los pueblos
a los que nunca
se termina de llegar.

Será un viaje silencioso,
como el estero
que desciende por el bosque,
como el vuelo de una nube
en el cielo del verano.
De El bosque de los ausentes (2015)

Antifaces

Fue una centuria de abrazos espectrales.
Teníamos miedo.
Lloramos en las azoteas del esplendor
mientras la noche organizaba Saturnales
el martes de piedrazos con los Pacos
en cualquier parte
porque éramos todos, los unos y los otros y tú también,
tú, sobre todo tú y un encuentro de cauces
que se pensaban derogados en el seno del flujo.

Éramos hombres de todas las épocas y latitudes,
de todo repertorio de noblezas
y pecados en nombre del Gran Padre.
Y crimen metafísico bajo la falda del origen.

Disidentes del orden en largas jornadas
urdiendo el hilo de los conjuros.
Vociferantes blasfemos en la alquimia
depurada del dolor bicentenario
que vomitaron en los altares de lo Sagrado,
pero guardaron silencio frente a las tumbas.
Bufones absurdos como presencias metálicas
en un mundo de geometrías devastadas.

Ya no quiero que mis días se conviertan
en un páramo donde los cuervos
festinan sobre cadáveres,
el crujido prisionero
en la grieta de los témpanos,
sueños tectónicos de milenios,
cumbres derruidas del viento
donde rondabas como un secreto
que olvidaron las llanuras.

Memoria de acantilados, abrazo de ruinas
en el tiempo devastado de lo informe.
Gritos en el roquerío de las Grandes Alamedas,
ciudades desoladas, máscaras en los carnavales
de la ceniza y la sangre.

Queríamos desatar el nudo de los primeros juramentos,
resucitar luces de constelaciones desmayadas,
cosechar delirios de huracanes
frente a los templos de nuestra edad heliotrópica.

Enjambre de las victorias pírricas, lloriqueo
de menopaúsicas en el púlpito de la imbecilidad,
destino manifiesto, Ángeles de sesenta toneladas
en los suburbios, la cosmogonía del tranquilo horror
en el inicio de los tiempos, centurias, centurias
oxidando el aire en el vertedero de las profecías.
De Las arpas rotas (2020)

Nostalgias

Las manos del invierno
remecen las últimas hojas.
Pasos apresurados rompen
los leves espejos
de las charcas,
espejos donde el cielo
contempla con tedio
su eterna imagen.

Huyendo de los fantasmas del ocaso,
el viento se obstina en entrar a las casas,
pero las ventanas ignoran su voz
de labios entumecidos.

La guerra de la lluvia con el tejado
llena de estruendos la noche,
y el calor del vino
nos recuerda los primeros besos,
historias de un tiempo perdido
hace ya demasiados inviernos.
(De “palabras de otra estación”)

Aromos

El coro de las hojas anuncia
la llegada del invierno,
pero los aromos callan,
pues sólo piensan en guardar
el secreto de la luz,
el último fulgor del cielo
antes que el sol sea
apenas un recuerdo
en la memoria de las nubes.

Hasta pronto

Tú sabes que tras la colina de los sueños
está el camino que conduce
a la verdadera realidad,
que bajo los puentes secretos
del día y la noche
el tiempo es un pobre mendigo
cuyas manos rebosan de hojas muertas
caídas del árbol de las épocas.

Tú sabes que tras las ventanas
de las casas vacías
el rostro de la soledad permanece
contemplando las doradas aves del atardecer,
que bajo los párpados sellados
de las sombras
siempre queda una lágrima de luz
de donde nace la nostalgia.

Tú sabes que tras estas palabras
se esconde un extraño lenguaje
que sólo comprenden los astros
y todo lo que brilla como la eternidad,
y que bajo el mismo cielo
diremos la última palabra,
con la esperanza de que ese adiós
oculte un hasta pronto.

La hoja arrancada

La hoja arrancada por el otoño
es el sueño roto del árbol,
es la ceniza dispersa de las horas,
la hebra de cabello
que la tierra guarda
en sus oscuros relicarios.

La hoja arrancada
es el volantín reclamado
por las manos del viento,
la postal gastada
en el baúl de los abuelos,
y la palabra de despedida
para aquel que ya nunca veremos.

Tal vez

A mi hermano Cristóbal

Tal vez no queda nada que decir,
tal vez debemos olvidar nuestro nombre
para que el viento nos murmure uno nuevo.

Tal vez debemos irnos al país sin memoria
donde huyeron los sueños y el tiempo
cuenta inútilmente sus granos de arena.

Tal vez los espejos ya no guardan
el recuerdo de los rostros,
tal vez las tardes son horas de luz
que agonizan antes de recibir
el golpe fatal de la oscuridad.

Tal vez no existe el amor o la amistad,
sino sólo compañeros de viaje,
tal vez los días son una adivinanza
cuya respuesta las estaciones conocen
mejor que nosotros.

Tal vez realmente no queda nada que decir,
sólo desaparecer, olvidar las despedidas
y marcharnos sin decir adonde vamos.

Ideal

Yo prefiero al nuevo culto a lo mundano,
la voluntad del pájaro migrante,
la caída de hojas al atardecer,
la nostalgia del tren abandonado.

Yo prefiero a los grandes discursos,
el apacible vaivén de los álamos,
el recuerdo de una huella en la arena,
el enigma de los nuevos brotes
tras el paso de las lluvias.

Yo prefiero a la indolente multitud de las calles,
las sombras solitarias bajo el puente de madera,
la casa en ruinas cuya historia inventamos,
el ansia de la copa vacía aguardando el vino;
el silencio honorable del alba
ante el canto primitivo de los gallos.
(Poemas Inéditos)

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