PLEGARIA

»Mi Poeta sugerido: Arnau Pons

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Señor, la cruz que un día tú me diste
no puedo soportar, que ya no aguanto.
Si tengo que llegar al camposanto
alíviame al andar. Si le quisiste

en esa etapa dulce en que él creía,
cuando el alma pecaba de inocente,
hoy te pide que seas indulgente
pues ciego está. Que nada perdería

creyendo a pie juntillas. Mas su mente
no para de pensar. Y es que no alcanza
a ver y discernir sin que reviente.

Y puesto tú quisiste que naciera
resuélvele el conflicto. La venganza
ya sabes que es muy mala consejera.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Arnau Pons

Arnau Pons

El vacío y su ruido.

Rayas las aguas*,
bajo un ombligo, oculto,

y a un cielo que llora una mano te alza,
y sales
entre dedos ávidos de tu negrura,
como légamo hediondo,
de fiesta loco y harto ya de vida;
junto a los árboles pasas, invocas
el húmedo sebo, la bestia sucia
que nació contigo;
tiemblas el agua, grávido, y dentro
de la corteza que te oprimió te doblas,
muerte en el ojo que te ha creado.
Desde una pesadilla, desde una sombra,
ahora escupes fuego y sombra, y sombra;
te entibias, buscas
como serpiente aquel pezón de roca:
lo secas.
Tu hiel en la amargura de tu boca.
Tu olor, el olor de tu padre.
*poema traducido por José Carlos Cataño.

9
El vacío y su ruido, por encima de nosotros, y nosotros
plenos, plácidos,
en la ósea sobriedad;
un Uno, fabricado con desastres, busca,
como un meteorito, nuestra gravedad;

tú, te elevas de gracia,
y de mí te desprendes,

plegada en ti como un opaco pensamiento,
hasta que te atas, sin balbucir,
a los finos cabellos del sol.

11
Habrá, más tarde, una excrecencia
de cielo, nosotros

ya no estaremos aquí para recogerla.

Algo profundo: un ojo,
la boca desdentada de la noche.

Sin fin, al igual que un ángel
(quizá el más lento)
descuartizado a las puertas del día,
como surgida de un pozo, se nos cae,
de ambas manos,
una descarga de luz.

7
Apretar los bordes de la noche,
puesto que se va virtiendo.

Nada-cantado y nada-urdido,
el paso lejos en la grava
de una vía estelar, y tú:
destruida por el instante, y pese a todo
mía.

12
Una quemadura tuya,
una de tantas, encendida de vida,
ahora va resbalando hacia abajo
por la pared:

me da la sensación
de que la ensucia bien,

pero los que pasan por delante de ella
dicen que deja
un feo rastro —

es pequeño o inmenso, según como se mire,

lo llamamos
literatura —

2
Toma al muerto del muerto y repártelo entre los vivos —
pon el ataúd dentro del ataúd y quítaselo a los vivos.

10
Te llevo en las costillas
acostumbrada a perder —

los cien
o doscientos años que no
podré
compartir contigo
te los dejo en el estante de los libros que se apagan,
los asediados,

los que tantas veces
se han arrodillado por nosotros.

17
Desde el rincón de tu nicho, también
tú me mirabas,

cosida y acabada
de lavar, estrictísima virtud,

y yo
estaba ahí,
de pie, inexplicablemente bello,

sin la hoja impúdica
de tu vergüenza
tapándome la ensangrentada desnudez:

con un pie
descalzo sobre los cristales,
con el duelo prohibido,
yo era a pesar de todo

la única
constelación

que la lluvia no había apagado.

8
Cuerpos
de horca
señorean
a puerta cerrada —

caen
a la hora prevista

después de muchas
cortinas de humo.

19
Te he marcado con los dientes del día
una escritura nocturna, probablemente
desordenada:

al estilo de
la pura prosa dura —

el juego del mundo nos lleva
a los lugares de atrás de ese mismo mundo:

en esas ausencias de día
y de noche
el sonido que allí vive nos acompaña
hacia los desgarrados pañuelos
de seda de tus versos

en los que ríen las torturas —

de la rotura
de esas tuyas-mías
líneas de vida
sale

calmada

la eterna gota de oro.

20
Un relámpago se sesga desde tu llanto sensato
y me toca el revés:

todo lo que no veo de mí, todo
el lodo que no remuevo
se iriza,
celoso por ser
el calambre
con el que me castigas la víscera insolente

(hormigueo de linfa
que cacarea dentro de mí),

podríamos decir
que toda la ciudad
lo ha visto: resplandecías de insolencia,

un gloria de óxido te aureolaba por completo, y llevabas
algo de la muerte enviscada
de sylvia plath
pegada al tobillo,
pero eso
sólo lo vi yo.

5
Si yo te regalo un arte del buen morir
tú me envías el lugar
abierto y húmedo
en el que calzaría
un primer aliento —

A los que han nacido después

¡Qué tiempos son esos en los que
Hablar de árboles es casi un crimen
Porque implica no decir nada de tantos delitos!

Bertolt Brecht, Poemas de Svedenborg (1939)

Una hoja, sin árbol,

para Bertolt Brecht:

¿Qué tiempos son esos
en los que hablar
es casi un crimen,
porque implica
tantas cosas dichas?

Paul Celan, Particela de nieve (1971)

*18

(ahora y aquí, ante el auditorio que nos escucha,
después de paul celan y bertolt brecht)

¿qué tiempos son esos
en los que el crimen
vuelve a tener forma de árbol
y en los que la hoja que expresa sombra
es apuñalada con un poema
por tanta verdad que ha dicho?

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