POETA BUSCA NOVIA

Ricardo Castillo(Poeta sugerido)

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Poeta busca novia descocada
para poder hablar del universo
trazar sobre su piel un lindo verso
después precipitarse hacia la nada.

Una especie de imán , una monada
de un halo rodeada, de misterio,
que destile el placer del climaterio
donde el alma se entregue enamorada.

Que le invite a subir hasta el parnaso
y acceder a su altar, sea su musa,
e inspire sus estrofas sin excusa.

Que conduzca el poemario a cada paso
tan bien como lo hiciera Garcilaso
convirtiendo a la mente en su reclusa.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Ricardo Castillo

Ricardo Castillo

POEMAS DE EL POBRECITO SEÑOR X

AUTOGOL

Nací en Guadalajara.
Mis primeros padres fueron Mamá Lupe y Papá Guille.
Crecí como un trébol de jardín,
como moneda de cinco centavos, como tortilla.
Crecí con la realidad desmentida en los riñones,
con cursilerías en el camarote del amor.
Mi mamá lloraba en los resquicios
con el encabronamiento a oscuras, con la violencia a tientas.
Mi papá se moría mirándome a los ojos,
muriéndose en la cámara lenta de los años,
exigiéndole a la vida.
Y luego la ceguez de mi abuelo, los hermanos,
el desamparo sexual de mis primas,
el barrio en sombras
y luego yo, tan mirón, tan melodramático.
Jamás he servido para nada.
No he hecho sino cronometrar el aniquilamiento.
Como alguien me lo dijo alguna vez: Valgo Madre.

EL GRAN SIMPÁTICO

La realidad es una broma que ya me está poniendo nervioso.
Un armario con un payaso encerrado.
No hay tiempo para hacernos guiños con los ojos,
el asunto es grave, pesado:
Todo hombre come un plato diario de confusión,
las manos se desesperan en los cabellos,
el alma se vuelve espalda.
Huele a nocaut, a cuerpo amarrado al quirófano
y el dolor, cara de serio, es un charlatán.
La realidad es un teléfono timbrando,
un telegrama de certezas muy cortas.
¡Ojo picudo!
la risa nos puede traicionar.

EL BESO NEGRO

Acabo de darle el beso de la buena suerte a una mujer,
acabo de recordar con cariño a los paleteros y a los vendedores
de jícamas ambulantes,
y tengo ganas de ver lo que no puedo ver,
de caminar sobre la matriz del círculo,
quiero quitar los codos de la mesa
y romperle la ventana a mi retrato
porque soy un estúpido con las ojeras acentuadísimas,
porque soy demasiado tranquilo.
Ya no basta pisar el mosaico para estar en la tierra, no bastan
las piernas para estar vivo.
Uno es capaz de hacer cualquier cosa para librarse de la que-
madura de la realidad,
de hacer fintas, gambetas hasta con las orejas.
Hay que tenerlo en cuenta:
Besar una mujer
y recordar la infancia entrañan una responsabilidad.

ODA A LAS GANAS

Orinar es la mayor obra de ingeniería
por lo que a drenajes toca.
Además orinar es un placer,
qué decir cuando uno hace chis, chis,
en salud del amor y los amigos,
cuando uno se derrama largamente en la garganta del mundo
para recordarle que somos calientitos, para no desafinar.
Todo esto es importante
ahora que el mundo anda echando reparos,
hipos de intoxicado.
Porque es necesario orinarse, por puro amor a la vida,
en las vajillas de plata,
en los asientos de los coches deportivos,
en las piscinas con luz artificial
que valen, por cierto, 15 o 16 veces más que sus dueños.
Orinar hasta que nos duela la garganta,
hasta las últimas gotitas de sangre.
Orinarse en los que creen que la vida es un vals,
gritarles que viva la Cumbia, señores,
todos a menear la cola
hasta sacudirnos lo misterioso y lo pendejo.
Y que viva también el Jarabe Zapateado
porque la realidad está al fondo a la derecha
donde no se puede llegar de frac.
(La tuberculosis nunca se ha quitado con golpes de pecho.)
Yo orino desde el pesebre de la vida,
yo sólo quiero ser el meón más grande de la existencia,
ay mamá por dios, el meón más grande de la existencia.

El gran simpático

La realidad es una broma que ya me está poniendo
nervioso.
Un armario con un payaso encerrado.
No hay tiempo para hacernos guiños con los ojos,
el asunto es grave, pesado:
Todo hombre come un plato diario de confusión,
las manos se desesperan en los cabellos,
el alma se vuelve espalda.
Huele a nocaut, a cuerpo amarrado al quirófano
y el dolor, cara de serio, es un charlatán.
La realidad es un teléfono timbrando,
un telegrama de certezas muy cortas.
¡ Ojo picudo!
la risa nos puede traicionar.

“El que no es cabrón no es hombre”

La suerte le dio el martillazo a su cochinito, sacó sus ahorros y acabó
de mandarme a chingar a mi madre.
Si seré pendejo.
No son épocas de echar el rol con contemplaciones, de
jugar al buen amigo con el pellejo.
La ciudad no da la mano, no abre las piernas, tira patadas
como monito de futbolito.
(15 de abril, a la primavera le aprietan los choclos, trae la lengua
de corbata como si le hubieran robado
toda su crema, toda su nata)
Salgo a la calle y no me queda otra que rumiar, que chupar
calcio en la Avenida Alcalde.
Mi corazón echa vinagre, mi esqueleto se marea, el muy
puto se lleva las manos a la cabeza
y dice que la muerte es un puchero sentimentalón difícil
de tragar como el pinole.
Camino de a gallinita ciega.
La tranquilidad de las 6 de la tarde me pega en las
costillas seis campanazos en todo lo alto.
Esta tranquilidad es una macana lista para cualquier
mandado;
las moscas que atormenten la seguridad del sistema
tendrán que vérselas con el Borra-Manchas.
Caminen pajaritos, circulen por favor.
Y sigo, las mujeres están buenas y frías como sorbetes,
no quieren acostarse con uno, no se atreven siquiera a
meter la mano por la bragueta.
Oh, oh desolación (esta risa es de pendejo).
Y qué pinche embuste,
qué momento para estar chingando a mi madre.
Si seré pendejo, si me faltará muchísimo para cabrón.

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