A TÍ, IGNOTA MUJER

»El Poeta sugerido: Manuel Díaz Martínez

EL POEMA Lee otros poemas de AMOR

 

Te busco mas no espero ya encontrarte
que ciego estoy. Quizás no me convienes.
No sé si eres real, si vas o vienes,
si sufres o enloqueces al besarte.

No sé nada de tí, si es que lo vales,
mujer desconocida y admirada,
si tienes retorcida la mirada
o debo de subirte a mis altares.

Tampoco un día sé si fuiste mía
o andaste en un camino equivocado,
si acaso te encontré en mi fantasía.

Si eres virgen o libre de pecado
¡oh, piadosa mujer, mujer impía!
descúbreme ¡por dios! si te he soñado.
©donaciano bueno

El amor es una lotería? Clic para tuitear
POETA SUGERIDO: Manuel Díaz Martínez

Manuel Díaz Martínez

ESOS ADIOSES BREVES

A Dulce María Loynaz

De las flores de ese vaso,
la más cautivadora
es esa rosa a punto ya de incorporarse
a la penumbra
como el humo
al viento.

Pétalos suyos
han ido cayendo en torno al vaso,
abandonando en ella
un vago ademán de despedida.

Y ahora que estamos solos,
enlazados por un mismo silencio,
le pregunto y me pregunto
sin son de ella, sólo
de ella,
esos adioses breves.

De “El carro de los mortales”, 1989

SUITE FRANCESA

Entre la mar y yo, las soledades
y ese sol distrital y abandonado
cayéndose de frío y de horizontes,
cayendo en mí, cayéndose a pedazos.

Entre la mar y yo, la fiel memoria
como una fortaleza, o como un grito;
memoria que convoco y se aborrasca,
verbo despavoridamente vivo.

Entre la mar y yo, las temblorosas
e inútiles distancias se desnudad
a tientas, como estrellas en la noche.

Entre la mar y yo, la noche sorda,
más fría que el olvido y más profunda,
donde mi voz, como la mar, se rompe.
De “Memorias para el invierno”, 1995.

ESCENA DE LA CONDESITA DE JARUCO

Para Severo Sardui

La condesita de Jaruco espera
que llegue con la nueva primavera
un barco de la Francia tumultuosa
y en él un caballero y una rosa.

El mediopunto con la tarde trama
una leyenda de color y llama
mientras la condesita se adormece
ante la mar que a su balcón se ofrece.

Ella sueña que el áureo caballero
llega al puerto y quitándose el sombrero
toma el camino de la Plaza Vieja

hacia la casa de su padre el conde
donde ella por amor se muere y donde
al caballero aguarda tras la reja.
De “Memorias para el invierno”, 1995.

DISCURSO DEL TÍTERE

Esa noche dijo el títere bajo la carpa:
-Señoras y señores,
hermanos y hermanas,
soy un títere que quiere dejar de ser usado
por la voz de su titiritero,
esa voz a la que sólo añado el guiño
de mis párpados mecánicos,
el aspaviento
y el manoteo.
Este número será mío y sólo mío
(letra, música y pirueta).
Esta noche será mía y nada más que mía:
con mi propia voz diré palabras
que andando por la vida
recogí en las plazas.
Señoras y señores,
hoy mi espectáculo es unipersonal:
sin hilos que me tiren de las manos
ni resortes que me obliguen a bailar
ni varillas que me pongan a dar saltos.
Hoy soy un títere que hace a su manera
su propio espectáculo.
Señores y señoras,
hermanas,
hermanos,
suplico, desde luego, un poco de paciencia
para mis torpezas y tartamudeos.
Necesito como nunca su paciencia:
no es fácil salir de pronto,
sin hilos,
a la escena
habiendo sido tanto tiempo títere
con titiritero.
De “Memorias para el invierno”, 1995.

¿QUÉ ES UN HOMBRE FRENTE…?

¿Quién es un hombre sentado
frente al mar?

Pues un hombre
sentado ante ese abismo
no es más que un solitario
ante sí mismo.

Y su único remedio
es olvidar.
De “En la Isleta”, 2017.

LA GISELLE DE ALICIA ALONSO

¿Qué limpio vuelo es éste que parece
liberado del aire y de la prisa,
que en su íntimo temblor se nos ofrece,
que en su estremecimiento se eterniza?

Es ala que al volar desaparece
para darnos su imagen más precisa:
ansia del viento que del viento crece
y que del viento, al fin, se independiza.

Este soplo de luz que resplandece
cuando la vida en torno se oscurece
y hacia la sombra el alma se desliza,

¿no es lo que en las mañanas amanece,
lo que en cada ramaje se estremece,
lo que, siendo mortal, nunca es ceniza?
De “El carro de los mortales”, 1989.

Canción del amor lejano – José Angel Buesa

Ella no fue, entre todas, la más bella,
pero me dio el amor más hondo y largo.
Otras me amaron más; y, sin embargo,
a ninguna la quise como a ella.

Acaso fue porque la amé de lejos,
como una estrella desde mi ventana…
Y la estrella que brilla más lejana
nos parece que tiene más reflejos.

Tuve su amor como una cosa ajena
como una playa cada vez más sola,
que únicamente guarda de la ola
una humedad de sal sobre la arena.

Ella estuvo en mis brazos sin ser mía,
como el agua en cántaro sediento,
como un perfume que se fue en el viento
y que vuelve en el viento todavía.

Me penetró su sed insatisfecha
como un arado sobre llanura,
abriendo en su fugaz desgarradura
la esperanza feliz de la cosecha.

Ella fue lo cercano en lo remoto,
pero llenaba todo lo vacío,
como el viento en las velas del navío,
como la luz en el espejo roto.

Por eso aún pienso en la mujer aquella,
la que me dio el amor más hondo y largo.
Nunca fue mía. No era la más bella.
Otras me amaron más… Y, sin embargo,
a ninguna la quise como a ella.

 

Te sugiero seguir leyendo...
Todavía te añoro, todavía,todavía te espero y te deseo,todavía en mis sueños aún te veocuando…

Busca, lee y comparte poesía. Hagámosla viral!

X
Scroll Up