Y YO ME IRÉ…

Poeta sugerido: Fari Rosario

 

Y yo me iré. Y el viento seguirá reflexionando,
deslizando sus huellas, a lo que ocurre siempre atento.
Los que hoy a mi me quieren seguirán pronto olvidando
pues que huraño este viento nunca ha de ser el mismo viento.

Que un buen día me iré. Silente me iré sin decir nada
igual que el que en Sevilla se ausentó y perdió su asiento,
que amable va cediendo el que es su espacio en la almohada
a otro que afortunado la ocupará con mejor tiento.

Y así es que me iré, mentira es si digo que contento,
sin chistar aceptando ser otro más de la manada
dado que privilegios o bulas no hay para este evento.

Pues que el viento soplando ha de resistir al desaliento,
me iré como la lluvia hace y deshace en la nevada.
Disculpas si a quien pude ofender, fue sin querer. Lo siento.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Fari Rosario

Fari Rosario

LA CASTAÑA

Camino con un cigarrillo en las solapas de mi conciencia
Voy por las calles nubladas de humo y miserias humanas
Camino con el peso de los días y con plomo en mis manos estériles
Me detendré en la esquina de “los productos nostálgicos”
Y te compraré una hermosa castaña amarilla.

Con ella pretendo profanar el rito de la cotidianidad, afilar los cuchillos
recuperar la saliva, el movimiento y los susurros que se perdieron en la planicie
de los folios, de la tinta y los recortes de periódicos con sus palabras muertas.
He encontrado las huellas y la memoria de mi castaña
Ella me habla como lo hacen las blancas piedras del río Yaque del Norte
Quizá pretendo almidonar los sueños y que no mueran de hambre
los hijos de nuestra larga vigilia en el valle septentrional.
La vigilia se teje como telaraña en el rincón de los días.
Mi castaña es redonda como la duda, como el pozo de tus ojos
que me orienta y me sorprende en las noches largas de octubre.

Definitivamente le haré un museo y la bautizaré con un verso de Vallejo
No la herviré aunque vengan cien días de guerras y penurias
La exhibiré en mi sala cual si fuese un amuleto marino porque
tu castaña me ha revelado el círculo del placer,
los límites fronterizos de mi alma verde, de mi descenso dibujado, marcado
almidonado de deseos
Tu castaña es la huella
Me conduce en silencio a la tierra

donde duerme mi terrible bestia erótica.

FACTOTUM NOCTURNO

La noche es un viejo aroma
que hace galopar el tacto,
el conjuro de las manos
manos que se rozan
que se desvanecen en el viento,
tibio laberinto de las miradas.

Tu cuerpo es una puerta, abierta, solemne
como el susurro de los templos,
un reclamo luminoso al borde de la estepa
a media mañana.

Me embriaga la luz, la noche que albergan tus ojos
el aroma a canela y a jazmín no basta
para exorcizar tu sombra,
tu cuerpo que va incendiando
los caminos del deseo.
Y yo me abandono al don de tu perfume de tierra virgen
al misterioso vaivén que me lleva
hasta la orilla del río donde descansa Eros.

EL HOMBRE SIN ATRIBUTOS

A Juan Bosch

Ese hombre que tú ves ahí
-con ojos de pájaro disminuido y con el rostro barnizado
por el sol y la miseria-
ese hombre es tu espejo y el linaje de tus huellas.
Ese hombre que ves ahí, tirado
se arrastra contra la luz, va sembrado miradas oblicuas
va escondiendo su filosa sombra
ante los negros contenedores de basura.
Ese hombre diminuto que tus ojos no alcanzan a palpar
mete su mano, con agilidad y con prominente astucia de roedor,
en los sacos de la vanidad sin fondo.

Hurga así, sin prisa alguna,
mientras las palomas se acercan con su
estertóreo parloteo y su arrullo
que no consuela la eterna sed y el hambre del desdichado.
Las palomas se acercan atraídas por el grano de arroz y de soya que,
milagrosamente se desprenden de la MANO del innombrable.
¡Qué otro nombre merece un HOMBRE sin rostro como él!
El, simplemente, las deja comer, no las espanta,
siente que en la mecánica de sus dedos va desgranando
un triste pensamiento:
“las palomas no ponen en peligro mi mendrugo”.
El sudor del hombre solo se conjuga en prosa…
y en prosa muere.

El hombre de la piel gris sigue hurgando en los negros contenedores
del Destino. Busca, suda y revuelve la basura que inevitablemente se mezcla con su aliento. (Toda la basura evidencia el Desaforado Consumo de la Ciudad) que aún no se redime ante la puerta del polvo.

(El Otro hombre asciende
mientras yo desciendo en el columpio del tiempo)…
el canto vuelve al río
como el eterno mito del círculo y el devenir.
Es entonces cuando desciendo de mi apartamento
Para comprar un poco de tabaco en la bodega.
Al abrir la Puerta veo al hombre gris
que ahora tu ves (sin pudor ni temblor como aconseja el protocolo).
Pero al chocar la oceánica mirada del granuja con la mía,
Retrocedo…
Cruzo el umbral y la calle sigilosamente
para que el hombre no se avergüence de mí.
CRUZO la calle rápidamente, deseando
voltear mi rostro de cien máculas pero
no lo hago para que César Vallejo y Sigmund Freud
no se avergüencen de mí y de ti.

Ese hombre que tú ves ahí, agazapado tras el muro
es la semilla que engulle el tiempo
y la piel sarnosa de la esperanza y el aire.

HORROR VACUI

Si al menos el manantial de las palabras

no se agotara ante este pasmoso abismo
donde caen mis ojos mis vísceras mi dolor
donde mi existencia se multiplica en el vacío
en el viscoso espacio de lo no dicho.

Y no hay palabras ni cifras
para desmitificar los caminos del destino
el ancho aguijón de la acritud y la pesada vigilia
y de la saliva que no redime
y he ahí a un hombre que permuta que muere
como un pájaro diminuto, herido.

Y al final ese camino vuelve a empaparse de sueños
y de la nostalgia de los días ametrallados
por la necesidad y el falso rito de las monedas
inquieto y trepidante un hombre
moviéndose como una hormiga
para conquistar un pedazo de pan y el mendrugo del alma
con un verdadero hormiguero de larvas en el pecho.
Y es entonces cuando veo y siento
que mi angosto mundo
también crece se fermenta en los fecundos surcos
de la palabra y la creación.

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