COMPRAR, SU DIOS, SU RITO

Mi Poeta sugerido: »María Paz Guerrero

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Hoy salió. Fue a comprar. Y se ha comprado
una crema que dice crece el pelo,
un potingue calmando irá su anhelo
y una gafas que miran si el de al lado
por ella al observarla está colado
y cura el desconsuelo.

Y un pullover que estaba rebajado
así sea verdad no lo precisa,
y en el mismo paquete una camisa,
y unos guantes que nunca los ha usado
mas contaba lo mucho que se ahorrado
obrando de esa guisa.

Y un espejo que opinan que al mirarse
se puede conseguir verse más guapa,
y, dicen, que quien mira ya derrapa,
y aunque sabe no puede consolarse
solo piensa no más en qué comprarse
impulso al que va unida y no se escapa.

Y una plancha que venden plancha sola
y un robot que lo enciendes y cocina,
y otro móvil que te habla sin inquina,
para hacer que algo compres otra trola
que dicen que te enseña y baila sola
y una prenda que gusta y es divina.

Resistir no consigue a sus deseos
pues va siempre encontrando algo bonito
y así hace del comprar el requisito
que pueda hacer feliz. Y es que son reos,
les absorbe y somete a devaneos.
Comprar, eso es gozar, su dios, su rito.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: María Paz Guerrero

María Paz Guerrero

chupa con el moco de su trompa

la calavera
le quita el barro los gusanos la maleza
se demora
sus crías van a pasar hambre
mientras lava el esqueleto
los huesos serán masticados
por el tiempo
molidos por el aire
hasta desaparecer
las partículas se disolverán
limpias
en el desierto

Algo ondeaba

algo babeaba, se arrastraba en la alfombra de la casa
algo sudaba en la cama de madrugada
algo corría y se caía y se raspaba la rodilla
algo se bajaba los pantalones
algo se acostaba en el pasto y se restregaba en la tierra
algo orinaba en la mitad de la calle
algo dejaba al canchoso suelto, en un potrero
algo miraba al perro y no sentía ternura
algo aprendía a no querer
algo corría hasta quedar muerto
algo volaba papalotes en el aire hirviente de Comala
algo conocía la sed en un libro
algo tomaba vasos eternos de agua
*
Los campesinos todavía desayunan arena,
almuerzan cascajo
y comen piedras asadas.

Sale al bosque a desenterrar raíces
llena el tiempo de huecos
y mete el escaso cuerpo
en uno de ellos
Cubre su esqueleto del viento
para que la corriente
no roce su superficie de erizo
Se rompería en añicos el aire
al contacto con las puntas
No busca hacerse cortaduras en la cara
ni beber licores fuertes
mucho menos ser vidente
Ya tiene ojos rasgados, piel amarilla
y se pone a ser india
en la mitad del día.

La vieja sentada en la mesa

sus manos aruñan la comida
su boca chupa el hueso solitario
cuando engulle
sus músculos tiemblan.
Absorta en su trabajo
avanza como caracol

Parpadea
Todo su tiempo contenido
en ese despojo

Descarga su peso sobre las horas

como si el atardecer
torbellino,
como si la vista desde el piso octavo
lo acercara a Marina
79 años
se desploma contra el césped
se parte los dientes.
En al ascensor Marina
le agradece a Dios
y tapa su boca mueca*

Desde el piso octavo busca historias:

Antes, la sangre de Marina era
el ciclo solar de su cuerpo.
Ahora la mano temblorosa
arranca un diente
y esta nueva sangre
le recuerda cómo la carne
-no solo el iris, ni el tiempo-
también se parte

No sabí­as quién era

y aún así­ buscaste en las grietas del aire
su gesto suspendido.
Indagaste con la tenacidad muda
del animal
encontraste
su risa repetida
en la retina de los niños
el silencio cóncavo en el corredor
la ausencia ní­tida
que revela la cicatriz en el ojo.

Me levanto y la boca es una mancha

me estiro, reptil
pinto las uñas de mis pies

Salgo al parque
el aire juega como niño
infla mi pecho cansado
me sube a la copa de la acacia
me da vueltas
Delicada, frágil
destruí­ la noche.

Ahora

todo está hueco de sí­ mismo
traslúcido
solo queda el rayo diminuto
que parte por la mitad la añoranza

El perro se acuesta en la orilla

resopla sin asidero

Ella consume la fragilidad del animal
esa tenaz consistencia del pulmón marchito
ella fuma
-silenciosa, con la cautela que mata el tiempo-
fuma
para acompañar el resuello

Es su único apego
ese perro dañado.

Benjy

Benjy ama a Cathy
escucha quietudes, aires
The sound and the Fury.
Quiere ser bobo
hablar como asno, mula de carga
quiere ser este que es ahora:
uno más cercano.
¿A qué suena su infancia?
a tienda, martillos.
La percusión está abajo y los chelos arriba
donde llegan los pájaros.
Benjy besa, se pega a Cathy
lame su rodilla fresca
confunde a su hermana con la flor
confunde la falda de su hermana con la muerte

Ahora mismo las plantas están vivas

impávidas no saben que Eulalia las pinta
Diana las hace sonar y yo las escribo.
Ellas
mueren
respiran
se llenan de sí­ mismas
mientras nosotras
inventamos su gramática.

Infancia

Reúne guijarros en los bolsillos
los arranca del suelo
para llevarlos al agua
los mete en peceras para que respiren
y acostumbrarlos a su próxima morada
*
Cuando el niño ve la piedra
se la lleva
la piedra es suya, desde siempre,
así­ como los pedazos de madera.
Pero no se puede llevar la quebrada
así­ aprende que hay cosas que no son de él.

Escribe ese pedazo que vibra

sutil
escribe con un cuchillo
y después corta cada filamento
para unir ese intenso
dislocado
grave
camino.

Edipo se quitó los ojos

yo me arranco las palabras

No quiero ser muda
quiero sonidos por eso aúllo

El mundo es tonto
no habla

Yo grito por él.

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