EL MUNDO ES UNA MÁQUINA

Aquileo Echeverría(Poeta sugerido)

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El mundo es una máquina que avanza
al ritmo que le marca la ruleta,
que a veces sale el sol y otras se agrieta,
de bruces se da golpes con la panza
más nunca se está quieta.

Divierte cuando juega al escondite
haciendo va al azar más de un regates
gritándote al pasar que los acates
así que su insistencia a ti te irrite
y dando jaque mates.

A gusto entre las aguas turbulentas
allí donde al nadar saca tajada,
despista cuando lanza su mirada
cual deudo que saldando va las cuentas
pegando una patada.

El mundo, es nuestro mundo, el que conoces,
a veces tan cruel y otras tan bello,
que asombra con frecuencia su destello,
y hay otras que acaricia con sus roces
o salta y a degüello.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Aquileo Echeverría

Aquileo Echeverría

Mercando leña 1905
-¡Hola, ñor José María!
Traiga la leña pa vela.
¿Cuánto cobra?
-Cinco pesos.
-¡Ave María gracia plena!
¡Los tres dulcísimos nombres!
-Deje la jesuseadera;
yo pido lo que yo quiero
y usté ofrece lo que ofrezca,
que usté manija su plata
y yo manijo mi leña,
y no hemos de disgustalos
por cuestiones de pesetas.
Eso sí, quiero decile
que repare en la carreta,
y que espí si está cargada
con concencia o sin concencia.
Si le cabe un palo más
me lo raja en la cabeza.
Yo soy un hombre legal,
feo decilo; pero vea,
a yo naide me’ azariao
hasta l’hora por mi leña.
Esta es quizarrá amarillo,
laurel y madera negra:
de jierro pa consumise,
y pa prendese de yesca.
Con una leñita asina
se lucen las cocineras.
-Sí, pero está muy menuda;
tres pesos le doy por ella.
-Por cuatro se la vaceo.
-Si quiere los tres, vacéla.
-Se la pongo en tres con seis,
nada más que pa que vea
que yo si quiero tratar.
-No mejoro la propuesta.
Acuérdese qu’es verano
y que anda dunda la leña.
¿Sabe en cuánto compró dos
carretadas ña Manuela,
la mujer que vive allí
onde está echada la perra?
¡En cinco pesos!
-¡Caramba!,
de fijo que era de cerca.
¿Tal vez jocote o güitite?
-¡Qué va pa güitite!…Buena:
joaquiñiquil y targúa…
-Puede ser que asina sea.
Mas volviendo a nuestro trato
se la largo en tres cuarenta.
-Los tres pesos que le dije.
-Arrímeles la peseta
y tratamos.
-Ni un centavo.
-¿Dónde le boto la leña?
-¡Abrite el portón, Jacinta!
-¡Está con llave, ña Chepa!
-Aspérese, voy’ abrile.
-¡Gui! ¡Güey viejo sinvergüenza!
¡Confisgao tan pachorrudo!
Gui, gui. ¡Jesa, jesa, jesa!
-Entrela en brazaos pequeños
pa librar la chayotera.
Coja por este zaguán
y di’ahi cruza a la derecha,
y en el rincón de l’esquina
me l’acomoda en estebas
de modo que deje paso
al común.
-¿Sí? ¿De deveras?
¿Con que quiere de remache
que le meta yo la leña
y que di’ahi se la acomode,
y que ha de ser de manera
que dé paso a la letrina?
Dígame, señora Chepa:
¿no le gusta más pelada
y olorosa a yerbagüena,
y con lazos en las puntas,
y aspergiada de canela,
y que además le regale
como a modo de una feria,
el chonete, los güeycillos,
los calzones, la carreta,
y este chuzo, y esta faja,
y’a la zonta de mi agüela?
-¡Qué hombrecillo tan malcriado!
¡Cargue de pronto con su leña!…
-¡No! ¡Si la voy a dejar
pa que la queme de muestra!…
¡Que me alce el Patas el día
que güelva a tratar con viejas!
El Curandero

– ¡Mama!…
– Qu’es?
– El curandero.
– Andá cogéle el caballo.
Muy buenas tardes, ñor Vindas.
– Muy buenas tardes… Ve, ñato,
aflojámete la cincha,
porque está muy requintao;
acercátele sin miedo,
si ese es nonis en lo manso.
– ¿Y qué tal Espiridión?
– De ayer pacá rematao.
– ¿Y lo ha visto algún dautor?
– No, ¿pa qué? Yo le estoy dando
cuanto me dicen que es bueno;
pero no se ha mejorao…
Pase pa’lante y lo ve.
Abrí la ventana, Marcos.
– ¿Y eso qu’es? ¿Qué te ha cogío?
– Yo creo que viento colao:
ju i a vender unos frijoles,
hará quince días el sábado,
y yo creo que me resfrié,
porque estaba aquel mercao
cundiditico de gente.
Al salir, como a las cuatro,
me dijo acá: “¿Qué tenés
que estás tan desencajao? “
Yo no me sentía muy bien,
y jui y me tomé dos tragos;
después acá me flotó
con solfate y anisao
la nuque, y luego me vine
por mis propios pies andando.
Al llegar a la tranquera
me sentí como almadiao,
con mucha bulla en los oidos
y el paladar muy amargo.
Comimos y me acosté;
luego me jue arrebatando
un jielo por todo el cuerpo,
me puse a sudar jelao,
y me cogieron arquiadas
y corridas; a las cuatro
cuando ya estaba escurrío
me vine a quedar calmao.
Desde entonce sigo mal;

me duele mucho el costao,
y onde tueso siento un chuzo
debajo de este sobaco.
– ¿Y qué remedios te han hecho?
– Ñor Vindas, l’hemos untao
la enjundia con jiel de vaca;
además de eso ha tomao
uruca con achicoria
y castor.
– ¿Y no le han dao
el güízaro con yantén?
– No, ñor Vindas.
– Hombré, malo…
Vea: restriegue unas daguillas
y‘unas hojas de culantro,
y’un poco de juanilama,
y cuatro cabezas de ajo;
le mezcla flor de ceniza
y’unas venas de tabaco;
lo pone todo a cocer,
ojalá en traste de barro,
y luego con un olote
le flotan el espinazo,
hasta que enronche el pellejo
y se ponga colorao;
después le pasa el untijo
y lo abriga bien en trapos.
Y di’ahi le atolla una ayuda
de romero con guarapo,
y en cada uno de los oidos
me le va a poner un taco
de buñiga con mostaza.
¡Vos lo que tenés es pasmo!

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