ESTE MUNDO ES UNA MIERDA?

»El Poeta sugerido: Ketty Blanco

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Admitamos que el mundo es una mierda
que anda envuelta en papel de celofán,
donde algunos comiendo un trozo van
en tanto otros, al verla que es tan cerda,
con asco ni siquiera la olerán.

Admitamos que a algunos la basura
les viene aquí mejor que anillo al dedo,
que agarran acogiéndose a algún credo,
lo mismo que un creyente a la tonsura,
olor que se desprende de algún pedo.

E igual que con el mal, es contagioso,
quien prueba esa bazofia la trasmite
al otro que hay al lado y que repite
haciendo que esa magia deje un poso
y acaba así invitándote al convite.

Mas puesto que hay que verla tal cual es
e inútil es volverla del revés,
del mundo hay que gozar, que es muy bonito
haciendo de eructar un requisito.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Ketty Blanco

Ketty Blanco Zaldivar

Days like these

Tendida estoy en el piso
entre cajas, montones de cajas,
desaliñada, flaca y más vieja,
creyéndome la gran protagonista
a la que nadie predijo esta grandeza.
Ratones caminan por encima
y debajo de mi cuello.

Tras un vidrio oscuro

He visto el futuro
con ojos que pedí a los muertos.
Todo amarillo como la bilis,
como una densa niebla donde pintar la rabia.
De allí he surgido.

La milagrosa

Tu hijo, acaso trapecista, camina hasta ti por el
ombligo traspasando la bruma que eres.
Guiado por un seno de leche que no mana,
¿qué le darás entonces? ¿El gusano que se
enrosca en su garganta como un mal augurio,
y enturbia sus ojos de semilla? Di, Amelia,
¿qué sientes cuando él intenta abrir las manos
recién nacidas, y como un dedo atravesado en
el bostezo, se frustra el gesto por la piedra?
¿Tu corazón no se abre de ganas? ¿De dolor
por la leche, el aire que el sollozo pide. Sí, se
abre. Se abre tanto que al final estalla. Y
mujeres. No una, ni dos. Setenta veces siete.

Cebollas moradas

Él no puede dejar de sangrar,
entonces corre a la cocina y
corta cebollas.
Ella come dulces
hasta que el azúcar se vuelve vértigo,
se esconde para cortar
cebollas.
Ante estas ganas de matar,
corto los bulbos en trozos muy delgados.
Miro el filo del cuchillo. El agua corre.

Sábanas de la tarde

Esposadas al cordel, luchan contra los azotes
del viento, la burla de la lluvia. Confían
en que alguien las guardará en la gaveta,
las doblará con ternura al final del día.
No saben que se ha ido
y las ha dejado a merced del tiempo.

Cosmos

El gorrión había muerto.
Encontró la nostalgia.
Yo no pude.

Ser

El helado se derrite en mi mano.
Una gota cae sobre el vestido.
La dejo ser.
Las religiones se disputan el Ser.
Los filósofos discuten sobre el Ser.
Mientras,
una mancha oscura
es
en mi ropa.

Aquí los amaneceres no son tan apacibles

El día es tan bello que de un momento a otro
podría acabarse el mundo.
El rugido de un avión en el cielo pareciera anunciarlo
y la tinta que gotea del lapicero
es augurio de aniquilamiento.
Hace aquí una mañana apaciblemente bella.
Ya es hora, ya es hora. El teléfono suena.

Canto a mí misma

No soy Helena de Troya, pero soy bella,
le digo cada mañana al espejo.
No necesito una ciudad a mis pies,
o la ruina de una ciudad a mis pies
para saberme dichosa. Mi nombre es otro,
mi nombre clavado entre inútiles palabras.
No soy Helena, pero al barrer estas cenizas
algo habrá sido diferente.

La inocencia

Amo a Dios en sus designios fatales.
Y a la Virgen que es como aquellos
que la aclaman.
Igual amo a mi madre con sus cuerdas rotas.
Y me amo en el centro de todo
como amo al murciélago que duerme
debajo de mi cama.

Un árbol

Debo quedarme quieta mientras nace un árbol. No debo mover un ápice si el árbol procura estirar sus ramas dentro de mi cuerpo.
Cuerpo magro, frágil ante la abundancia de madera y hojas, y flores. Mi cuerpo que por momentos desea retorcerse, aullar frente a aquello que comienza a abrir sus manos.
Pues sabe que el espacio es exiguo, y las ramas pronto apuntarán sus dedos al cielo. Harán saltar ojos y rodillas, rasgando los poros de mi piel como a un vestido.
Y otra vez el instinto me implorará que corra, pájaro loco, sin dirección precisa.
Pero me han ordenado permanecer en calma, muda como la tierra antes de convertirse en bosque.

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Juana, di a tu pare que no vo a la ercuela, no quió que me…

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