LA PERFECCIÓN NO EXISTE/

Gonzalo Escudero (poeta sugerido)

la perfección no existe
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La perfección bien sabes que no existe,
que excepto Dios aquí nadie es perfecto,
andamos todos faltos de intelecto,
y nadie a los prejuicios se resiste
dudando si lo que hace es lo correcto.

Cada uno lleva dentro un pordiosero
mostrando al que es el mundo sus miserias,
sus fobias, sus rencores, sus histerias,
y así que no lo quiera su plumero,
tan lleno de gusanos y bacterias.

Portamos ya en el rostro la tormenta
a veces en silencio, otras sonora,
la misma que se oculta o se incorpora,
se inventa, se trasforma o se revienta
e incluso se acelera o se demora.

No sirve simular. Y es que la mona
por siempre será mona aunque de seda
se vista. Sin valor esa moneda,
el rey falto de trono y sin corona,
pelota que no bota y rota queda.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Gonzalo Escudero

Gonzalo Escudero

LA PIEDRA

Duerme la piedra vieja en su gran misticismo;
y en su opaca sonrisa como un Poema oscuro…
Vive con la sonrisa de su eterno mutismo
en la calma olvidada de un hierático muro.

Sintió de algún Artífice sacerdote el lirismo…
y en la ciudad de Memphis rindió su cuerpo duro,
y con el musgo hermano, en supremo idealismo,
se unieron y formaron su Mito eterno y puro.

¡Renacerá de nuevo tu emoción, y el vestiglo
que ha dormido en tu seno un siglo y otro siglo,
surgirá de la sombra que su espíritu finge,

para sentir, y en tanto, en relámpagos rojos,
vislumbrarán las huecas pupilas de los ojos
que duermen quietamente en la Encantada Esfinge!

Tú, sólo Tú, apenas Tú en los desvaneceres
últimos de la llama de este candil de barro.
Río de miel dorada para ahogarme, Tú eres
hecha para morderte de amor como un cigarro.
Tú, la pluma ligera y la brizna volátil
y el copo de sol ebrio en un pinar de asombro,
mientras una caricia húmeda como un dátil
se resbala en la piel de uva dulce de tu hombro.
Tú, la alondra azorada sin alas y sin nombre
que enciendes dos luciérnagas en tus pezones rubios.
Tú, la guirnalda trémula para mis brazos de hombre.
¡Tú, el arcoiris tenue después de mis diluvios!
Tú, la envoltura tibia de olor de mi fracaso,
la albahaca rendida en los dos muslos tersos.
¡Tú, el absintio mortal en el ónix de un vaso,
si mordiendo tus senos tengo dos universos!
Tú, el salto de agua clara que no se oye y la chispa
vigilante que apenas es una estalactita
de estupor en mi cuerpo bárbaro que se crispa,
¡como la arquitectura de una tromba infinita!
Tú, el hemistiquio de una galera que me envuelve
con sus remos que son dos tobillos de nardo.
¡Y tu alma de gacela tímida se disuelve
dentro de mis radiantes vértebras de leopardo!
¡Tu carne de pantera flexible que me acecha!
¡Tu carne ocre de amante núbil y de serpiente!
¡Más eléctrica que una mordedura de flecha!
¡Más diáfana que un día de sol en un torrente!
¡Más perfumada que el ámbar de un pebetero!
¡Más prohibida que un libro que no se ha escrito nunca!
¡Más trémula que el grito musical de un pandero!
¡Más borracha de amor que una columna trunca!
¡Tú, el suspiro que apenas es un aro que rueda!
¡Y Tú, el mordisco que es un cohete que salta!
¡Tú, la crucifixión de un mirto en la reseda!
¡Tú, la campana lírica en la torre más alta!
Tú, el álamo que tiende su índice a la burbuja
del cielo, como un niño que quisiera llorar.
Tú, el narcótico blando para la muerte bruja.
¡Tú, el pleamar de oro para mi último mar!

TESTAMENTO

1
Escribiré en el aire mi testamento breve
pero me bastará la luz de su escritura,
abolida la música del corazón inleve,
para que las alondras lean su partitura.

Con mis espadas rotas y mis jazmines juntos,
en ese testamento he de forjar un friso,
pero la cifra mágica para mis contrapuntos
sólo sabrá el cadáver de mi espectro insumiso.

Si no he desesperado en la agoniosa espera
de esta noche sin tiempo, veladme en el aprisco
de las más altas cimas a mi cima altanera
y dadme el nombre en hielo de su glacial ventisco.

Que ninguna recóndita querencia me desvele,
saciada toda sed de agua, mujer y fruta,
y que todo hontanar de llanto se deshile
porque estará finada mi flor de moza enjuta.

Qué abejas de la voz en qué remotos bronces
me rondarán mil años para que las concierte
en una melodía pánica pero entonces
solo concertaré la brisa de la muerte.

Por toda al alegría de huir en mis bajeles,
inventadme un estío de distancias sonoras
con toda la nostalgia de un bosque de laureles
para toda una umbría de calandrias canoras.

Porque mi pesadumbre caminó eternidades
y mis arpegios brujos vencieron ciudadelas,
de caudalosas arpas, hacedme tempestades
y de mozas durmientes, mis transidas vihuelas.

Si no he desesperado al vivir por lo menos
endulzadme las uvas de mi viñedo amargo,
destilando ambrosías de sutiles venenos,
y hacedme con olvidos de amor el sueño largo.

Si no ha desesperado mi amor ni he presentido
más litoral de gozo que un muslo satinado,
juntadme en la blandura del lecho preterido,
una boca, una miel, un temor y un cuidado.

Porque me nacerán dos ojos siderales
para mirar a Dios en la embriaguez eterna,
derramará el océano sus aguas diluviales
y arderá la estrellada noche en su brasa tierna.

Saetero de fatuos resplandores y asombros,
os dejo mis caudales de soledad secreta,
y en la estación veniente, plantad en mis escombros
de cielo el aterido tallo de mi saeta.

Guardadme la memoria de mis yertos ayeres
y no quiero más duelo de amor y celestía
que una fragua de pájaros en mis amaneceres
y un alfar de sirenas verdes en mi oceanía.

EL SENTIR

Sonoridad interna que en la quietud ambigua
nos da lo inexplicable de una emoción profana
y que, muy levemente, con la paz se amortigua
como en una siringa, una música hermana.

Y Pierrot comediante con la lágrima exigua,
como una evocación ingenua de la sana
risa que floreciera y que huyó con la antigua
comparsa de funámbulos hacia tierra lontana…

Sentir… Intensa sombra de cuerpos y de vidas
y la divina sangre de todas las heridas
que fluye eternamente como una Eucaristía

y cae sobre el ánfora de la sonora voz,
mientras la Buena Vieja ha segado con su hoz
rosas en el rosal de la Melancolía…

DIOS

Sobre la noche de ébano, tiendo mis manos bárbaras
para buscar a Dios… Y enarbolo en mis mástiles
el silencio. Y conduzco huracanes alígeros.
Y hasta muerdo la ruta de tus dos senos núbiles
para encontrar a Dios en sus pezones túrgidos
maravillosamente convertido en miel límpida.
Y hasta quiero palparle en la caricia tímida
de los niños que penden como manzanas pródigas
del árbol de las madres, Y hasta en la llama pálida
del alcohol de tu mirada muerta. Y hasta en la lámpara
que me hizo conocer tus dos flancos de náyade
aquella nochebuena de los primeros pámpanos.
Y hasta en la madrugada de linos arcangélicos
de tu muerte quisiera buscarle, y en el trémolo
de una tarde sin fin con arcoíris diáfanos
y corderos pascuales de hatos inverosímiles
y golondrinas de oro y campaniles de ángelus.
Y hasta en las nubes blandas de un otoño translúcido
que nos haga llorar sin saber cómo… Céspedes
de berilo impalpable han caído de un álamo.
Mil grillos tintinean unísonos sus crótalos
e ilumina su doble candela una luciérnaga.

Estoy tranquilo. Floto en algodones húmedos,
mientras Dios se desmaya dulcemente en mis párpados.

PARÁBOLA DE LA TINIEBLA

¿Qué?… La Noche. La ronda de los aparecidos
sonámbulos. Tirita la ventana temblona.

Se desperezan los muebles envejecidos.

La puerta se recoge tal como una persona.
¿Alguien muere tal vez?… ¿Alguien?… yo me pregunto.

El perro tambaleante se arquea. Tras la niebla,
yo siento su mirada, como la de un difunto…

¡La tiniebla!

PARÁBOLA DE LA LUZ

La luz trina como una alondra pasajera
deshilvanando un copo de bruma. Arde la pira
del Sol como una lámpara. Toda la primavera
tiembla en mi corazón como un cristal. Suspira
la música del huerto, tal como una garganta
de mujer. Pareciera que retorna Jesús.

La esquila pascual ríe como una niña. ¡Canta la luz!

LOS DÓLMENES

La niebla me ha vendado los ojos. Estoy ciego.
Tiembla el pinar como una cúpula
sobre mi cabeza rebelde.
La noche suena como un órgano.
Mis manos incandescen.
He apretado los troncos de los árboles.
Estrangulé los torsos de las mujeres
y rompí la tierra, como un vientre.
¡Hoy, hoy!
¡Trueno, sorbo de Dios!
Mis brazos se agigantan como trombas oceánicas.
Y estoy solo
ante mi eternldad, como los dólmenes.
Nadie sabrá después quién sopló los ciclones,
quién abrió los abismos como fauces.
¡Nadie!
Huracanes, gritad, que estoy solo.
La niebla me ha vendado los ojos. ¡Estoy ciego!

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