NO QUIERO QUE SE SEPA

»Mi Poeta aquí sugerido: Fidel Sendagorta

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No quiero que se sepa, he sido malo.
Me quise enamorar de las estrellas
soñando me abrazaba a todas ellas,
subiendome a los lomos de mi falo,
creyendo hacer a todas un regalo
y al mundo, al sol, al mar dejando huellas.

Volando en una eterna fantasía
lo mismo que si fuera don Quijote,
me pude allí empeñar hasta el bigote
llevando junto a mi de compañía
a un dios con el que entonces competía
a ver quien de los dos salía flote.

Que he sido un atrevido o un inconsciente
que ansió la libertad y la alegría
consciente todo en contra lo tenía
teniendo que nadar contracorriente,
brillando y deslumbrando en el ambiente
debiendo construirme mi utopía.

No quiero que se sepa, lo publico,
que tuve que bailar con la más fea
ausente como anduve en la pelea,
que fui no mucho más que un acerico,
dispuesto con su lomo de borrico.
Espero venga dios y que lo vea.
©donaciano bueno.

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“Que venga dios y lo vea” Expresión que invoca a Dios como testigo de la verdad o justicia de algo. Esta expresión suele funcionar gramaticalmente como apódosis de una oración condicional, en la que no puede suceder que la condición (prótasis) sea verdadera y lo condicionado o apódosis sea falsa, “Si esto no es cierto, que venga Dios y lo vea”, es decir, no puede suceder que esto no sea cierto y a la vez que no venga Dios a verlo. “Un rizo lingüístico de un arzobispo: si Dios no existe, que venga Dios y lo vea”

MI POETA SUGERIDO: Fidel Sendagorta

Fidel Sendagorta

Décima para Tamarón

Desde su alta atalaya
trata de tú a los halcones
y no pide mil perdones
por sobrepasar la talla.
Con instinto que no falla
redescubre la belleza
olvidada en la maleza
de un pasado solo oscuro
para necios que en el muro
estrellan su atroz cabeza.

EL JARDÍN DEL RETORNO

Para Álvaro, Clara y Lucía

Dilapidé las noches y los días
en turbios sucedáneos de infinito
y presentí en añiles alquerías
el frío resplandor de lo maldito.

Tras gastadas volutas de granito
me inicié en las siete alegorías
y a través de veladas celosías
admiré el retoñar de un viejo mito.

El viaje demoró lo que una vida
y solo en aparente retroceso
acabó en el jardín de mi partida.

En su verdor ya no me siento preso,
conozco la heredad desconocida
y apuro el rojo vino del regreso.

Fragor del mar como un hondo latido

que brota de la entraña de la ola
y bate el arenal estremecido
en su antigua espiral de caracola.

Aúllan los vientos a la luna sola,
mas su lívido imperio inadvertido
somete al océano envanecido
a la alta imantación de su aureola.

Palpita interrogante el firmamento
con su extraño concierto de destellos
que no alumbran si no es el pensamiento.

Esquivos astros, trágicos y bellos,
invitan a un ritual recogimiento
y acaso sorprender al hado en ellos.

Ante la Anunciación

Muchacha recogida en la lectura
del relato que empieza y no termina
y un fulgor que atraviesa y transfigura
el rostro que en penumbra se ilumina.

Al fondo de la estancia se adivina
un jardín de verdor y de ventura,
la mañana en su cenit de hermosura
se recrea en la rosa repentina.

Flor mística perenne enamorada,
delicada en su atento sentimiento
que mana de la fuente más callada.

Por ti pasó la brisa que da aliento
al celeste incesante todo y nada,
fuerza ciega o gozoso pensamiento.

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