PÁJAROS DE FUEGO/

Guillermo McKay (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Pájaro volador de extensas alas
en cuyo vientre esconde los secretos,
artefacto sin alma, mis respetos
a ese viento que besas y hoy resbalas.

Pájaro tan veloz que al infinito
con osadía miras, ves y rasgas
y desafiando al cielo les descargas
la amenaza fortuita de algún grito.

Tus venas de metal llenas de fuego
que explota de emoción dos corazones
repletos de aventura y emociones,

son un misterio, ese volar, un juego,
un cúmulo de duda y sinrazones,
creer y no creer, las dos versiones.
©donaciano bueno

La sensación de volar en un avión es parecida a la de sentirse entre el cielo y la tierra y al mismo tiempo no estar en ningún espacio reconocible.

POETA SUGERIDO: Guillermo McKay

Guillermo McKay

Soneto

Para Antonio Henríquez.

Aquí estoy yo! De pies sobre la roca
mirando siempre con mirada fría,
cómo las olas de la mar bravía
van preludiando una romanza loca.

Aquí estoy yo! Si mis ensueños toca
el hada Inspiración__toda armonía__
procuraré juntar con su alegría
la fiebre de dolor que me sofoca.

Y si entonces me siento enternecido
y presa de la angustia del momento,
pulsaré mi laúd y en un sonido

te diré que mi loco pensamiento
es un rayo de sol estremecido
sobre las brumas de mi cruel tormento.

Confesión

En un álbum

Amiga: yo soy un soñador. Canto
a la luz de la luna mis dolores
y bebo sitibundo de las flores
el néctar amargado de mi llanto.

Amo las mujeres; los tentadores
labios rojos que matan el Quebranto
con ósculos de miel, abrasadores;
los ojos que al mirar causan ardores.

me gustan más que los que dicen calma…
Pero… __ esa es mi suerte y mi fortuna__
me gustas porque sé que eres virtuosa,

porque tienes, ¡oh mujercita rosa!
un rayo blanquecino de la luna
reflejando en el cielo de tu alma……!

Pórtico

No tengo normas ni me ciño a pautas.
Mis versos los escribo como nacen;
y al dulce són de melodiosas flautas
las rosas de mi mente se deshacen.

No siga escuelas de encumbrados vates
pues me basto a mí mismo con mi lira,
¡que sabe apostrofar en los combates,
que sabe enternecer cuando suspira!

No es orgullo la gloria de mi lema.
Deseo combatir, pero de frente,
ensayando la fuerza de mi brazo.

Quiero triunfar para alcanzar la gema
que ha de brillar sobre mi cielo ardiente
como sol cabalgando en el Pegaso!
Del libro: Rosas de Juventud y de Ilusión. 1917

Supremo Anhelo

Día de la Patria. Todo es contento y
alegría. Hasta el mismo sol, desde el balcón de
Dios, ríe a carcajadas: carcajadas de luz.
Las flores esparcen su aroma más enervante;
los ruiseñores dicen sus cantos más harpados,
sus melodías más ARMONIOSAS. El pueblo, ebrio
de entusiasmo, recorre las calles de la ciudad
dando vivas a la magna fecha clásica…

A lo lejos una banda de música desgrana
la perlería sonora del Himno Nacional…
Sin embargo, en la triste soledad del conventillo,
agoniza un patriota que luchó en las guerras
de la independencia… Habla.
Cerca del lecho, una anciana lo escucha anhelante…
Lágrimas de dolor surcan su rostro…

–Madre: esta fiebre pertinaz y loca
me quema el corazón, seca mi boca
y siento en mi interior la despedida
que mi cuerpo cansado da a la vida.
¿ Qué vale el mundo todo y qué la suerte
cuando se está a dos pasos de la muerte ?
¡Cuando se tiene el corazón herido
parece una impiedad haber vivido!
No llores más… La muerte es mensajera
de una VIDA MEJOR… La primavera
eterna en cuyas blancas floraciones,
como rosas, perfuman corazones…

Presintiendo el espasmo de la crisis
(¡cuán cruel la enfermedad llamada tisis!)
¿ qué espero de esta vida melindrosa?
Cuando el arbusto viejo da la rosa
es preciso que enferme o que fenezca
y ceda su lugar a otro que crezca
rozagante, altanero, juvenil…
¡Que sólo así los necesita Abril!

¡Y yo he cumplido mi misión terrena!
Fuerza es que venga presto la serena,
la ensoñada beldad de eterno abrazo
Tengo frío el corazón y flojo el brazo,
y aunque mi fé de vencedor es mucha,
no habré de resistir la cruenta lucha,
ni mis viejos y débiles oídos
escucharán los roncos alaridos,
ni el gemir del cañón, ni la armonía
que tiene toda la fusilería…

–Madre: la fiebre ardiente me sofoca…
Me duele el corazón… Siento en la boca
ese amargor de hiel que es triste anuncio
de mi partida… Mi valor es nuncio
de la envidiable soledad del muerto…

Mira: yo no quiero que sufras… ¿Cierto
que no lo harás? Yo no quiero que llores,
ni que en mi tumba pongas BLANCAS FLORES,
ni que reces, contrita, por mi alma…
¡Feliz he de vivir en esa calma
que tiene el cementerio, ideal morada
donde no llega el hombre, Dios, ni nada!

Si soy de barro, como dice el cuento,
venga la tierra, pues, como alimento
de mi carne impura, carne de humano
que servirá de cárcel al gusano!
No quiero honores, llantos, ni lamentos…
Tan sólo cuando mi alma por los vientos
siga un rumbo ignorado, yo quisiera,
madrecita mía, que la bandera
istmeña fuese mi única mortaja…
¡Grandeza tánta no cabrá en la caja!

Si es cierto que me quieres tánto, tánto,
júrame por tu Dios glorioso y santo,
madrecita mía, que cuando muera
envolverás mi cuerpo en la bandera!
Así me iré dichoso al infinito
sin que exhale mi boca un solo grito…

Se me escapa la vida… Un denso velo
oculta a mi mirada el claro cielo…
Mira, un frío de muerte estoy sintiendo…
Me voy… Adiós… Adiós… Me estoy muriendo.
Pero escúchame, madre… Antes que muera…
Sí, madre… La bandera… Mi bandera!

Ha muerto el patriota. Llora la madre desconsolada.
Afuera, en la calle, la multitud alegre,
al són del Himno Nacional, grita al unísono:
“¡Viva el 3 de Noviembre!”…

Pena Interior

Mi corazón es un enfermo. Triste,
cansado de gustar tantos amores,
languidece y en sus últimos dolores
el negro chal de la tristeza viste.

Es un rosal mi corazón doliente!
Cuando sopla la brisa y lo estremece
se desborda en perfumes, de repente,
mientras la angustia de su mal acrece.

(Y mi alma se adorna con las rosas
que brotan del rosal estremecido:
rosas de sangre, sin olor, melosas….)

Y volviendo a la vida lentamente,
mi corazón palpita enternecido
cuando nace el crepúsculo en Oriente!

Sueños Blancos

Sueños inmaculados de mi pálida amada,
sueños de eucaristía, divinamente blancos;
con la inocencia casta, con el candor ingenuo
que poseen las flores del espíritu santo.

Ensueños de mi novia con mucho de ostia santa,
translúcidos y finos como velos de vírgenes,
y luminosos como crepúsculos de luna
desfalleciendo en matas fragantes de jazmines.

Tenéis las languideces de lirios ahogados
en lagos de armonía! Reminiscencias vagas
de amorosos placeres en jardines de cuentos,
de perfume y de flor, de venturas sin lágrimas.

Sueños hechos de nieve, de mármol y de aurora!
Ensueños de mi novia que alumbráis mi espelunca!
Yo os he visto subir hacia el azul sereno
teniendo cual dos alas dos pedazos de luna!

No sé por qué te Quiero

No sé por qué te quiero ni lo deseo saber….
Pero tú me hechizaste con tus sonrisas francas,
con las suaves caricias de tus manitas blancas,
finas manos de santa transformada en mujer.

Tu charla sonorosa como canción de fuente
y la melancolía que fingías tener,
cautivaron mi alma e incendiaron mi mente
que tuvo floraciones de fresco amanecer.

No sé por qué te quiero ni lo deseo saber….
Pero me encanta mucho besar tus labios finos
y sentir que me ahogan, dulcísima mujer,
las dos serpientes blancas de tus brazos divinos.

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