UN AUTO SACRAMENTAL

»Mi Poeta aquí sugerido: Ángel Padilla

MI POEMA…de medio pelo Lee otros poemas SURREALISTAS

 

La historia aquí comienza aquel mal día
que un cura, de preceptos casto y puro,
leyó, cual se tratara de un conjuro,
un libro que leer él no debía.

El cura susodicho, Obispo en ciernes,
atento a lo indecente de aquel texto
que hablaba de exorcismos y de incesto,
del arte del fornicio y los alternes,

al púlpito a menudo se subía
gritando lo malévolo del sexo
que fuera más allá que darse un beso
en tanto a desahogar él se escondía.

La gente del lugar siempre obediente
trataba de escuchar y se aplicaba
a hacer lo que ese cura les mandaba
así no pareciera pertinente.

Y un día sin que nadie lo esperara
cual santo del caballo se cayó,
y a todo lo que hiciera renunció
sin causa que contar, sin dar la cara.

La culpa fue de Silvia Caballol
que dicen fue la que hizo el exorcismo
negando lo que dice el catecismo
buscando el erotismo sin control.

Se cuenta por demás que ambos felices
se dieron sin mesura al vil fornicio
sin miedo a que follar se hiciera un vicio
obviando ya a las santas directrices.
©donaciano bueno

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Ya lo dice el refrán que la jodienda no tiene enmienda.

MI POETA SUGERIDO: Ángel Padilla

Ángel Padilla

YO LLAMO A UN MUNDO

Yo llamo a un mundo en que las mujeres
no tengan que tener miedo de los hombres,
los animales, de los humanos,
los humanos, de llamarse animales,
los países, de disolverse en pueblos,
los pueblos, en individuos,
los individuos en tierra
y la tierra en libertad.

TU ERROR FUE

Tu error fue
tapar el viento con paredes,
esconderlo todo tras paredes, ocultarlo todo tras paredes.
Tu primera traición, al viento.

Tu error fue
levantar la frente cuando te viste vestido,
los sastres y los clérigos te dijeron: Eres superior.
Tu segunda traición, a la verdad.

Tu error fue
cubrir de asfaltos las sendas y caminos,
tapar con himnos todos los silencios y pintar sábanas de colores
delimitando lindes con amos, viviendo en Sociedad,
tu tercera traición fue a la tierra.

Traicionaste al mundo
enjaulando a los otros,
a las otras, ellas, ellos
que, como tú, no se vistieron.
Ni se alejaron.
Ni te siguieron en un rumbo hacia una mentira que hasta día de hoy sigue variando su argumento.

Numerosos y fatales fueron tus errores.
Todo por estar más alto. Todo por gobernar la Tierra. ¿Y ahora qué?

Es como estar parado en un desierto blanco.

Necesitas un poeta que escriba algo en él, para que te salve.

Ya no hay discursos. Te perdiste.
Los limones sólo los ves en el supermercado.
Sólo visitas la mar en agosto,
ves las montañas en las fotografías.
A la cebra en el zoo.

¿Y ahora qué?
Si todo lo redujiste a tu condición, a tu plan imperfecto,
a tu error.

Ya no sabes leer en la hoja del campo. Te ofrezco un camino,
te hablo desde una desnudez.

Quema esa ropa. Quema tu casa. Quema tu nombre
y conversa de nuevo con las olas.

Apoya tu frente en el tronco del árbol
y escucha la oración que ya olvidaste.
*
Es de todos esta tierra
y no existen las fronteras.
El campo no tiene puertas
ni mi corazón banderas.

REVELARÉ MI NOMBRE

Mírame, carcelero. Soy todo lo que temiste. Ya entendí.
Todos los nombres que le pusiste a la tierra
son falsos.

Patrias, Países, Naciones, Reinos, Territorios…
y sólo hay una única Nación, el Corazón.

Mi Defensa, mis manos.
Mi credo, el amor.
Mi territorio, todo.

El nombre mío lo diré al final.

Mira, gobernante. Ya no existes para mí. No eres nada.
Porque sé
que mi sangre es un pueblo.

Mis vecinos, aquellos que respetan que soy árbol,
que soy mares y cielos,
que soy voz y faro de todas las criaturas vivientes.
La mano que rompe todas las jaulas.

No tengo himnos, mira mis ojos.
No hay que rezar, andemos.
¿Temor? ¿De qué? Si esta hierba es eterna…

Enciérrame tras barrotes y te perderás.
Intenta callarme y te sentirás triste en la noche.
Podrás desgarrar con centuriones mis confines, y luego llorarás.

Al fin puedo decir mi nombre.
Dile a los demás esta canción
que los liberará.
No hay más tiempo, hemos de mostrarnos. Pues somos lo verdadero.

No ha habido verdad más cierta y más esperada.
Echa a volar, sonríe, nada firme.
No me temas, soy tu amigo:

Mi nombre es Tú.

QUE LA PALABRA SEA

Que la palabra sea.
Que la palabra vuelva.
Que torne a iluminarse.
Que sea.
Y como el haz de luz
que escriba en este folio del mundo
y lo que digamos hoy
sea superior
a
lo existente.
Y lo venza.
*
En la tierra me perdí
y en la tierra me encontré.
Nunca pienses que estás sola.
Tú, yo y ella somos tres.

LA CANCIÓN DEL MAYORAL

En tus pasos la muerte, tus piernas son de la muerte,
tu mirada de la muerte, en tu lengua la muerte.
Sangre, tristeza, lluvia, duele hablar de ti,
la hoz.

Mayoral, la hoz,
tu sonrisa la hoz,
en tu heno la cruz, los clavos verdes, come, toro,
y muere la pradera.

Viene tu te quiero de nieve a cubrir de hielo
las cumbres, los labios, mayoral,
invierno.

Mayoral, invierno, luz, lágrima,
manos verdes, manos blancas, el vino,
la muerte.

Tu cara verde un árbol más, los pájaros,
y caminas por dentro del toro, su mujer callada,
le creces cielos falsos en la espalda y pájaros,
caminas las astas con piernas de estrellas, azul,
pero lluvia, y tu morada en la noche,
la tristeza y la sangre, mayoral,
tu verde reino, la llama de tu lengua, tu heno rojo,
la hoz,
en tus dedos de margarita la hoz, y la sangre, el viento,
su funeral en tus dedos celestes, la sangre, tristeza,
la hoz.

PARA EN MEDIO DE LA BATALLA UN BESO

1
Madre
Tierra mordazas de asfalo silencian tu cano verde
y en claros al cielo
las ciudades frenan tu oleaje de árboles,
tu ascenso en paloma,
el galope hacia el sol de tu dividido caballo verde.
Ya no oigo
el ruido de tu hierba al alba como una estampida de trenes
por las venas del aire,
no te escucho
llorar con voz de mujer desde dentro de cada árbol
-desde la barricada de sus hojas-,
por con sus cuchillos de sombra/desangrándote de luz
la noche
Antes era
tu canto en cada brizna en cada pétalo un salmo
interminable,
y antes era
el imparable paso de tu celeste sangre
hasta en las aortas de la nieve.

Y ahora callas,

callas
(funeral de tu lengua),

ahora callas pensando como un muerto que espera.

¿Madre?
[…]

Padre
cielo como una hoja al viento flota la campana de tu
relincho.
Y ya no brilla tu alta crin azul entre las nubes.
Dónde la majestuosa cordillera de tu celeste lomo
en ninguno de los techos del aire. ¿Qué jinete qué
endemoniado
ángel
espolea tus ijares y ya siempre tu ausencia?

Visión de hoja
para ver al amanecer tu hocico azul antes de tu marcha,
para ver tu ojos de mar gigantes como rosas,
para oír la hierba en tus cascos antes de tus patas ser
aire,
en un poema de aire en que ningún ave de verso
conoce la palabra espuela. Pero
ya hastaen el tronco del árbol, en
la superficie del mar,
en la espalda de cada nuevo ser nacido se lee la palabra
fusta.

¿Padre?
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