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1º DICHOSA MI GARGANTA (mi poema)

2º El poeta sugerido: ''José Miguel Ullán''

MI POEMA… de medio pelo Selecciona otros poemas SURREALISTAS

 

Tengo un nudo en la garganta
que llorar no me permite,
si se acerca algún envite
con frecuencia se atraganta,
mas si escucha que alguien canta
se levanta y sale al quite
que no juega al escondite,
cuando surge y no se achanta.

Pues no atiende a los lamentos
ni a la pena se acomoda
así sea que esté de moda
ni a los hechos que son cruentos
y es afín a sentimientos
que son propios de rapsoda
los que bailan en la boda
y hablan de acontecimientos.

Con su carga de energía,
siempre encuentra el vaso lleno,
va acertando con el pleno
que del fario no se fía,
y así fuera no hay tu tía
nunca piensa en el veneno,
ni se enfanga dentro el cieno
ni desaira a su alegría.

Cuando al alba se levanta
yo le doy los buenos días
¡buenos días tió Matías!
le repito cuando canta,
voy tirando de la manta
y arreglándole las vías
y aunque diga tonterías
¡qué dichosa es mi garganta!
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: José Miguel Ullán

José Miguel Ullán

Manjar lento

Benditas sean las cosas que llegan siempre tarde
y no lo sienten
–perdidas ya de vista o bien batidas
o incluso blanquecinas al sol del tacto–;

su demora nos libra del sofoco
propio de cualquier logro puntual
engullido
sin pasar por el paladar (‘¡a otra cosa!’)
de la gratitud no rentable.

Testamento

la voz es voz
hiciera
añicos las palabras redentoras

…la quijada blandida,
la mueca de tu hermano,
la saliva secreta, la agonía
capaz, de darte posesión primera,
última ya (oh cuerpo ensangrentado),
herencia de este salmo, tierra ajena,
fuga para siempre, libertad cautiva…

la voz es voz
no existe

no existe aroma nuevo

cerrad mis párpados
“Mortaja” 1970

Tres y trino

Para Sarah Gorby, acompañada
a la guitarra por Jean Bonal.

Tres vecinas en mi cama.
Tres. Tres. Tres.
Giro y giro como un pez.
Tres vecinas. y otra vez.
Corrióseme la persiana.
Desperté.

¡Vana fue aquesta mañana
sin las tres!

Un dibujo de abril para María Zambrano

Avant l’aurore, dans la forêt triangulare
Alfred Jarry

La exactitud vivida de lo que contemplamos
en la blanca mirada del agua
no nos deja ser el destino
-pero nos da, sin levantar la mano,
la mansa sensación de ir acercándonos
al felino escondite de aquel encuentro:

Menos borroso que una hermandad,
ventana.
Y más anónimo que un lirio,
espejo

Un manantial, una hermandad republicana {alguien
tenía que decirlo), un lirio
-y la voz temblorosa
(«la poesía va contra la justicia»)
de la primera luz,
al despertar perdida
en la corazonada discontinua del bosque.

Unidad

Unidad, nos hemos salvado,

aunque fuera preciso creerse
en los brazos del sueño primero:
esas sombras que cruzan el Duero
para oírse gemir en la noche
de la otra orilla, al desnacer,
lo mismo:

¿Qué es esto que yo no he sido?

De “En un paisaje abolido”:

7. Círculo mamario:
Acaso su único propósito era dar vueltas por la escarcha,
uniformado de arlequín, voltando una esfera sonrosada.
En eso diferente de nosotros, flacos, calientes y desengañados.

8. Afrodita ahí está, bajo un manzano,
abrazada por un celeste enjambre,
rocía con tofana su pelambre,
tan pagana, y el himen ya entrecano.

Manos arriba, la alabanza es dardo
-que abajo oscila cual balanza el nardo.

46. LA DESNUDEZ no brilla en esa carne, Fracastorio, sino que brilla
en nuestra irrestañable mirada.

De “El desimaginario”:

Alegremente embarulló el peligro con el deseo, con el exceso.
Doblez bisexual:
Por dentro, lancinante procesión; antruejo pajarero a flor de trono.
Innecesario, otro estilo.

Alianza de orgullo y de agua escrita con el tizón del escarmiento.
No hay más cera que la que arde; ni poema encendido en la victoria.

Dicen que el corazón es el freno de la quimera.
Todo secreto proporciona un disfraz. Latir de indiferencia
nos predispone a la mentira.
Bajo esa incertidumbre, contemplamos la huella del eclipse
lunar: lábil azar, trastocado en dicha puntual y párvula.
¿Premio o castigo? Incorruptible privilegio, la duda.
Aunque dicen también que el corazón es la espuela de la cordura.
Poco importa el decir cuando no calla
a la larga…

¿Enmudecer? Tampoco. El poeta reclama espuela y freno.
El desconsuelo es su lenguaje; el vicio, su posada.
¡Que la mano congele esos tesoros!

Insensible a los cielos -otro espacio, otra estrella-, toca
madera y llama.

Jamás, en este amante, la sazón del racionero comedido.
Escucha el acto -precipicio impuro- y no el retoque del prejuicio
noble.

Lengua de fuego, beso fatuo y mudo sobre la piel de la pardal
gramática. Lejano siempre, el resplandor real del ya dorado y
reflexivo cuerpo. Y, pese a ausencia y sinrazón, con mil amores
clavó allí los ojos; desde los aires, supo ver (creerse) el epitafio de
un error durable.
Dispuso en verso la febril ceniza que eyacularon la invención
y el vuelo. Para mudar la voz en imprudencia gris -ripio solar
de su zozobra suma.

Maleficio condal: pedir cuentas al juego de palabras (vida);
abandonarse a la pasión (pecado) y, a la ventura, faltar contra el
orden (muerte).
Recomenzar hasta la aurora.
Y, al fin, quebrar la soberana argolla de la marchita libertad.
Pues ¿qué lujuria sin mazmorra grana?

Sagrado don, lascivo despilfarro. La poesía ilumina lo estéril
(el suspiro).
De esa quietud voluptuosa nace la gran sospecha gongorina:
sin exageración no hay paisaje; sin laberinto no hay rigor;
sin lujo no hay escritura.
El conde nos propone una salida, neutra y terrible a un tiempo:
maldecir.

Soberbia. Necesidad. Capricho. Resistencia.
Hacerlo todo. Contarlo todo. Cantarlo todo. Creerlo todo.
Precisión.
Nada esperar.

Sólo se logra paz en pensamiento. Y, sin sobrar, nos basta.
Serenidad del desterrado eterno.
Nudo final, cada caricia. Despedida sincera, cada signo.
Sólo su ejemplo es hechicero en patria de siluetas uniformes.
Aquí no hay coba: la cuchilla sabe.

Tatuaje
El semejante nos imanta. Afinidad condenada al reflejo, a la lectura.
Ése es el mal original.
Añadid prohibición a piedad tal y sólo entonces amaréis su ofrenda.

Un estertor superficial no basta.
Prever la hora y regresar, sumisamente, al barco cuando más sopla el huracán,
aun irrisorio, empieza a ser más justo.
Pero la estafa criminal redobla.
como venganza o saciedad, la epístola. Y no su clueco contrincante, el himno.

De “Acuarelas de nieve”:

¡Ay de los que pasaron confiados por esta cárcel navegable
y blanda!
-¿Me amas todavía?
-¿Y tú qué piensas?

Desmesurados, paralelos, lentos, dóciles y esquimales.

El dulce escalofrío de ser tacto y pared, color y torbellino,
gaviota de la espuma, línea erecta, oro y tizne a la vez.

En aquel solemne exilio resplandecía su tenaz murmullo
casi lascivo.

Esta mancha sonora
que fue música y nieve,
¿qué es?

Esta música tibia
qué dibujo va a ser,
¿qué no es?

La noche que aquí yace vaticina otra isla más menguante.
El reino de la luna está fundado sobre una esponja.

La puerta empieza a devanar sus hilos.
Nadie saca la aguja del candado.

Los azules desmienten el deseo dentro de las palabras
desechadas. Es más sensato amar cuanto rechazas.
Ahora, cuando el asco ya llega a su destino.

No pierda más quien ha perdido tanto: las plegarias irán,
Melancolía, allí donde ´l sol tace. Despinta el aire este rincón
sagrado con mudable quietud. Y arden hierbas de amor
que no recuerdas.

Ojo dócil, lo mismo que la niebla del arcano final.
*
Humo de la mirada, crimen cóncavo cuando el agua amanece.

Paisaje, amor, revolución…
Fantasmas y piratas en la costa, protegidos por cañas palpitantes.

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