UNA COBAYA

Mi Poeta sugerido: »Ana Mercedes Vivas

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Yo no sé qué voy a hacer
cuando del mundo me vaya,
si he de ponerme a correr
y así saltarme la valla
para más pronto volver.

Cuando empiece a anochecer,
cuando me llegue la parca,
y haya de echarme a perder,
si debiera aparecer
o al mar echarme en mi barca.

Pues por mucho que lo pienso
yo no sé lo que me espera,
que a mentir no soy propenso
ni quisiera echarme incienso,
que el que espera desespera.

Si un día yo he de morir,
mi madre me lo decía,
yo al cielo pienso subir
pues nadie lo ha de impedir,
y en mis brazos se moría.

Mira si seré inocente
que siempre a dios le he buscado
sin que se hiciera presente.
Si me muero de repente
sepa que me voy frustrado.

No me pongo a discutir
quien de los dos es mas lelo,
si el que intenta esto decir
o el que quiso decidir
de poner tan alto el cielo.

Cuando sienta un estertor
sepan que me iré a la playa
a curarme del rencor,
y que en esto del amor
simple, he sido una cobaya.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Ana Mercedes Vivas

Ana Mercedes Vivas

CUBA

Nadie puede entender.
Quién se iba a imaginar
que éste
es un pueblo de ícaros
a los que no se les queman
las alas?

PRISIÓN

A Wole Soyinka

Temía tanto como a la muerte
que llegara la paloma
a reclamar su pluma.

Esa, con la que escribía
sus poemas
en tinta
de ceniza y saliva
sobre las paredes
de la prisión.

Días de guerra

(Bojayá)

Los espantapájaros del miedo
acechan las esquinas:
calle por vereda
trocha por frontera
hasta el mar…

Aquí yacen todos los dioses
Hasta Caronte vino
y atravesó
el río de este infierno,
pero también murió.

Desde la orilla
un niño
mira con asombro
esta vena rota
-el río-
por donde sangramos todos.

El TAPIZ DE PENÉLOPE

Esta vez
no voy a esperarte
como entonces.
No voy a tejer
ni a destejer
el asombro posible
de encontrarte.

Mi vocación de Penélope
se agotó
en tus silencios.

Ni ovejas quedan
para cardar los hilos
que tejan
tu reiterado miedo
de volver a casa.

Nadie se ha preguntado
cuál era el dibujo
que trenzaba
Penélope
en su tela.

¿Tal vez el rostro
de otro hombre,
diferente de Ulises?

ANIVERSARIO

“¿Dónde está mi sepultura?
en mi cola, dijo el sol;
en mi garganta, dijo la luna.”
Federico García Lorca
Hoy hace setenta años
que mataron a Federico
y yo quiero saber
si en este día
toda España
amaneció llorando.

Si las campanas
tocaron a rebato
sobre las plazas blancas
de Granada
y despertaron
a tu tierno corazón
en el barranco de Viznar
haciéndolo latir
en cada uno de nosotros.

¿Desgranó la fuente
su lamento
de agua entre las piedras
como si quisiera llenar
el aire con preguntas?

El periódico dice
que te rindieron
todos los homenajes
y que han descubierto,
quizás,
al pariente cercano
que planeó tu muerte.

Yo, Federico,
te cuento, humildemente,
que esta mañana salimos
contigo, de paseo.

Fuimos al mercado
y compramos fruta fresca;
conversamos con
los tenderos del abasto,
y bajo este sol
que no es tu sol
y donde el verde
te quiere verde
de verdad
pensamos en ti.

Sin fuente para nuestras lágrimas
sin ministros
ni campanarios blancos.

Sólo en ti Federico.
En el miedo del disparo
en la nuca,
que no importa
de dónde venga:
es el mismo miedo.

En la caída,
tu caída
y la de tantos
que como hace
setenta años
allá, ahora caen
en este suelo
que no es tu suelo
pero donde todo se repite.

Aquí, hoy, Federico.
18 de agosto de 2006

El patio

Hay tantas ausencias repetidas
que ya no sé nombrarlas.

Llueve detrás de las lágrimas
y en el patio se esparce un aroma
a tierra humedecida y manzanas.

Sólo los fantasmas vinieron
a habitar esta casa,
–espectros hieráticos
despojados de su carne
y su silencio–.

Cruzo los puentes del tiempo,
mientras caen recuerdos,
convertidos en murmullos de piedra.

MÁS AZUL, MÁS SILENCIO

27 de marzo de 2020,
Bendición “Urbi et Orbi”.

Caía la tarde lenta sobre Roma:
sola la plaza, solo el mundo.
Con la luz que precede a la noche,
bajo la lluvia,
el Hombre de Dios en la tierra
caminó hasta el altar y oró
frente al Cristo de las pestes,
como alguna vez hace 500 años.

–Tan inermes
como entonces
tan doblegados por el miedo–.

Pronunció las palabras
que evocaban la tempestad
del mar de Jesucristo
y todo se hizo más azul,
más silencio.
Debajo de las túnicas de mármol
de los santos,
su hábito cansado,
tan blanco,
se izó al viento como una bandera
de paz
en medio de esta guerra.
Las lágrimas de todos
se mezclaron lentamente con la lluvia.

Debajo de las túnicas de mármol
de los santos,
su hábito cansado,
tan blanco,
se izó al viento como una bandera
de paz
en medio de esta guerra.

Las lágrimas de todos
se mezclaron lentamente con la lluvia.

DONDE TERMINAN LOS SEMÁFOROS

La ciudad parece tranquila
como si la lluvia hubiera borrado
los rostros del dolor
que ahora nos azotan
esquina tras esquina.

Los árboles se abrazan,
entrecruzan sus copas
nos transforman,
volviéndonos más hondos
un poco más eternos

El sol reviste el pavimento
de arco iris pequeños.

¿No pasa nada aquí?
Quién lo creyera…
¿No faltan aromas?
¿Están acaso completos los colores?

¿No hay un rumor de guerra
un poco más allá,
donde terminan los semáforos?

LOS PASOS DEL OLVIDO

“No sabe que estoy entrenada
para olvidar”, Wendy Guerra.

La misma arboleda,
las mismas rayas blancas
de la esquina,
levemente borradas.

La montaña,
el ruido de los carros.

Podría decirse que aquí
no ha cambiado nada.

Sólo esta certeza infinita
de no poder cruzar la calle,
de saber
que la acera de enfrente
no es más
que un espejismo.

El semáforo
enciende la luz verde,
como un loto que abre
lentamente sus pétalos
sobre el agua del charco.

Como a un abismo
salto.

RESISTENCIA CIVIL

Coconuco, 31 diciembre 2001

Un muchacho
con una bandera blanca
-como una mariposa-
corre por la calle del pueblo
y canta.

Un rostro
como su propio rostro
lo advierte entre la sombra
y le dispara.

Los helicópteros
se enredan en los campanarios
¿Nadie puede hacer nada?

Sobre el cielo
de esta noche de año viejo
un pájaro de fuego
-el corazón del muchacho-
se lleva entre sus alas
nuestro último aliento.

RAÍZ DE AGUA

“La lucha es de igual a igual contra uno mismo,
y eso es ganar…”.
Adrián Abonizio.

Este incendio
-del que nadie se percata-
calcina las estancias
de mi cuerpo
y como el loto
se prende
a la raíz del agua.

Nadie ve
su obstinado corazón
contra corriente;
nadie advierte
su lento cabalgar
hacia el abismo.

Es sólo una flor abierta,
un poco de hojas verdes,
mariposa inofensiva
del remanso.

LOS SIN NOMBRE

Puerto Berrío

Llegaron flotando por el río.
Eran los “NN” de la guerra,
de los que nadie quería hablar,
los que no reclamaba nadie.

En las orillas de los puertos
se repartieron los entierros.
Nadie quería incrementar
la tasa de homicidios.

Fueron bautizados
Juan, Roberto, Tomás…
Encontraron
una tumba blanca
en un cementerio pequeñito
con flores.
Y tuvieron visitas los domingos
y música en cada aniversario,
con mariachis.

Hoy cada uno tiene dos historias:
la que tejieron sus nuevos
deudos,
y la verdadera,
la que buscan sus parientes.

Un pájaro en vuelo
cruza el río,
atraviesa el cementerio
y canta sus nombres
para siempre…

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