A ESE MOLINO VIEJO

»Mi Poeta aquí sugerido: Gloria Díez

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A ese molino hundido que hoy no muele,
sin agua y con su piedra ya dormida,
que aún suspira al pensar en la partida
de su alma y de su espíritu, y le duele.

Que ahora, ciego, finge desconocer
que el destino es el sino de los tiempos,
los cielos se han tornado cenicientos
y de allí se han despedido hasta más ver.

Hoy miro y en tus ojos ya no veo,
-posible es me traicione la memoria-,
las pesas dando vueltas a la noria
y el agua cantarina en mi paseo.

Que hoy el musgo que ha invadido el exterior,
dibuja un escenario y desdibuja
un aura más propicio de una bruja,
de miseria, de tristeza y de dolor.

Un árbol, sólo un sauce te acompaña
con ramas, impasible al desaliento,
el viento ayer feliz ahora es cruento.
Eres molino viejo, eres mi España.
©donaciano bueno

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Comentario del autor sobre el poema: Dónde está ese país moderno, pujante, en el que se miraba al futuro con optimismo. Ahora las noticias sólo nos hablan de disputas de gallitos de peleas.

MI POETA SUGERIDO: Gloria Díez

Gloria Díez

TU, POTRO DE LA NOCHE

Huye, huye deprisa,
tú, potro de la noche,
la tormenta en las crines,
la pezuña de plata,
y en la sangre
ese furor alado,
que te transforma en viento,
apenas roza el alba.
(De Dominio de la noche)

NUNCA DEBÍ CRUZAR

Nunca debí cruzar
labio, ni espada,
mientras el leve otoño
se derrumba,
como un vómito gris
sobre los árboles.

Un tigre doble anida
en la sagrada sombra
del crepúsculo.
Su aliento jadeante,
me mantiene en feroz,
altiva vela.

PALOMAS

Palomas,
cuatro,
descendiendo de un árbol
—flor de muerte en el pico—
me ofrecieron la paz.

¡Oh, cómo se alejaron!
las alas como arcángeles
y la luz tachonando tornasoles
—flor de muerte en el pico—
contra el cielo sonámbulo.

Los frutos del invierno,
más dulces que la miel de primavera,
desbordaron mis manos
y un llanto de ternura incandescente
llovía sobre el loco corazón.
(De Inocente ceniza)

Ardientes luciérnagas cruzan

Ardientes luciérnagas cruzan
los caminos más oscuros.

Ama la soga que te
hiere el cuello
y el esparto será
pálida luz de luna
fluyendo por tu espalda.

Atrapadme

(Ulises frente al Día)

Atrapadme,
con amarras de sombra
en mástiles del aire,
antes de que lance el alba
su grito azul en los sauces.

Antes que cruce el pecho
y manche el labio
el zumo amargo
de un corazón
muerta mora-madura
y herido mono-sabio.

Antes de que en el hombro
nazcan alas
de aguda seda verde
y pluma blanca.
Antes de que me broten
en la cintura leve
las espadas.

Atrapadme en el aire,
atrapadme en el viento.
Antes que parta el día
(asombrado vencejo)
atrapadme.

Estío

Un relincho de fuego
—prolongado, ululante—
fue la tarde.

Debiste ver el mar
curvar su lomo antiguo
como el de un gran centauro,
desbordante de espumas
bajo la fresca noche.

¡Qué sabia oscuridad!
El sol nos ciega más
que esta dulce tiniebla
tan grata al corazón.

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