ALEPO, UNA FLOR

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Alepo. Cuando termine la guerra,
cuando acabe esta guerra, ¡qué osadía!,
se acabará por fin tu vida perra,
te cogeré en mis brazos y haré mía
si es que brazos me quedan todavía
pues no hubieran quedado bajo tierra.

Y si brazos no tuviera, ¡madre mía!,
-angustiado por los males del horror-,
para soñar, a dios me aferraría
apretándome a su cuello alrededor
y seguir así creyendo en ese amor
que hoy me impulsa a tener melancolía.

Y aún si sólo así quedara el resplandor
pues me hubieran segado la cabeza,
deseo me confieras este honor,
-perdona si me invade la tristeza-,
de que mi alma descubra la grandeza
de la insigne belleza de esa flor.
©donaciano bueno

La guerra de Alepo (Siria) es, una vez más, la demostración de la estulticia y el fracaso de los seres humanos siempre sujetos a sus filias, sus fobias, sus egos y sus intereses. En medio, tristes, sólos se van quedando los muertos…

Sentado sobre los muertos
Sentado sobre los muertos
que se han callado en dos meses,
beso zapatos vacíos
y empuño rabiosamente
la mano del corazón
y el alma que lo mantiene.
Que mi voz suba a los montes
y baje a la tierra y truene,
eso pide mi garganta
desde ahora y desde siempre.
Miguel Hernández

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