BEBER LA VIDA A SORBOS/

Salustiano Masó (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Si vivir es beber la vida a sorbos
y después esputarla a borbotones
o engullirla cual vil camaleones
para escarnio de ciegos y de sordos.

Yo he tratado de hacerlo acompasado
con mis miedos y fobias sobre el hombro,
husmeando la escoria en el escombro,
hasta el fango metido y embarrado.

Si todos vamos con las mismas bocas
a qué sirve inventar ya más palabras,
que hoy renuncio a vivir como esas cabras
que rumian lo que pillan como locas.

Tú, y yo al igual aquel y el otro vamos
de hambre hambrientos, de lágrimas y ruido,
de ojos ciegos. Pues que aquí hemos venido
sin saber por qué, para qué. Así andamos.

Que yo anduve cual pollo sin cabeza
en sitios que decían diferentes
y he visto, sólo he visto, muchas gentes,
hartos de incertidumbre en la maleza.

Gente que reza y gente que no reza,
que ausente cree que está o que está ausente,
duda de la verdad, sabe que miente,
o aquel ya de vivir siente pereza.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Salustiano Masó

Salustiano Masó

Atrás en la distancia queda el humo

Atrás en la distancia queda el humo
quedan las siemprevivas avergonzadas de morir
el pañuelo con que se dice adiós a un amor imposible
quedan las máscaras con sus medias lágrimas
el pan de la boda y el de los años de hambre
atrás en la distancia queda la fuente
tú y yo como dos llamas niñas que se dan alimento
granos de uva que se disputan las avispas
quedan abrazos con dolor de diamante partido
el juguete mágico que jamás nos regalaron
la pena que nos cayó de los aleros
el vino que nunca nos emborrachó bastante
quedan los caballitos de cartón-piedra dando vueltas dando vueltas
los ángeles linfáticos de las iglesias restauradas
allá atrás allá atrás
no hay ojos para tanto
basta con un notario para dar fe del humo
para dar fe de nada
basta con no mirar y seguir pian piano
aparejando músicas a hurtadillas del viento.

Desayuno

Saboreo los gajos agridulces
del nuevo día, salpicando
los olorosos jugos
en el hule de cuadros,
y el café,
que es recuerdo y atisbo de mañana,
parece remedar no sé qué música
que se extingue,
pero hay algo en su aroma que le pone
un contrapunto de inmortalidad;
algo como el acorde perfectísimo
de esta dorada miel
que nutre y lentamente
destruye:
panal que fluirá sobre la muerte

Así, ajeno al remontar del día,
me doy al sortilegio y al manjar
y me transformo y soy
el paladar que goza y ya no piensa
y urde su inverosímil ajedrez
sobre el mantel de cuadros
mientras
aún en el llar la cafetera insiste
y la sabiduría está en que no se apaguen
esos rescoldos

Álbum de familia

Repaso fotos hoy de muy antaño
y se me van clavando en lo más blando
y duradero del sentir:
ésta sí, aquélla también,
hacen saltar las cuentas
de mi amargo rosario

Unos que fueron se alzan desde lo gris
del polvo
Otros que aún son y andan lejanos
o prefieren romper con toda imagen

Pero duelen, resisten las amarras
de estas fotografías, a dentelladas con
el olvido
Y tan inanes en la niebla
como faros a los que se les ha agotado
el combustible,
clávanseme sin fin desde su nada,
hácenme sollozar desde su todo

Y el gato
crece, crece, despide por los ojos
chispas de alto voltaje

En un instante se abalanzará
sobre mí

Y entonces…

¡Ah, entonces,
habrá dejado ya de ser un sueño,
y una vez más me encontraré indefenso
en mi yacija de puñales
despedazado por la realidad!

Alta improbabilidad

Si me toca la gracia
—quiero decir si me tocara—¬
me doy cuenta al momento,
porque algo me duele —dolería—
¬de vértebras afuera,
de vértebras adentro;
porque algo que hay en mí
ciego de nacimiento
abre un ojo terrible —lo abriría—
¬y voz que nunca tuve rugiría
—desmelenado violín violento—

Si me tocara, digo, la gracia, que, en principio,
no sé muy bien en qué demonios
consiste —ruego
que me perdonen—,
de dónde llega cuando llega,
pese a lo mucho escrito con
tan tenaz convencimiento
por la legión rampante
de los desposeídos de ese don
tan egregio

La gracia, incomprensible lotería,
de la que llevo —llevaría—
¬participación enésima,
y a buen seguro no me va a tocar
jamás —como ya es obvio
por el momento—¬

VOLVERÉ

Volveré. De la sombra o la nada o las transmigraciones o el
Reino, volveré.
Seré voluta de humo, chispazo de antimateria, pavesa de algún
abismo, no lo sé; pero os prometo que volveré.

Y también os prometo no molestar a nadie, no incordiar ni
dar sustos a deudos ni enemigos;
no consumar venganzas; no alternar con licántropos ni urdir
cortocircuitos:
seré un fantasma nada convencional, un espectro correctísimo.

Volveré, sí, a la tierra, pero no me busquéis en el castillo en ruinas
ni en la vetusta casa solariega
a mí que nunca tuve solar ni castillo ni siquiera una sábana con que
taparme a veces:
seré un fantasma indigente, expuesto a los calores y los fríos.

Buscadme entre las multitudes que amé y aborrecí al unísono:
aquellos a quienes nunca comprendí del todo, hombres y mujeres
en soledad o emparejados o ferozmente gregarios.

Estaré junto a ellos ayudándoles a arrastrar sus cadenas en la
noche,
yo que jamás fui capaz de librarles de un solo eslabón mientras
vivía.

Buscadme en mis querencias, tal un soplo de nostalgia glacial,
infinita:
en el tumulto y el color de los mercados, en las nochebuenas y
carnavales de los pobres,
allí donde el vino y la desesperación hagan brotar extrañas voces
jamás escritas,
donde haya un aquelarre sin convocatoria previa, una plática
al sol de visionarios no catalogados;
en todos los discursos políticos silbaré, y dirán: es el viento;

en los desahucios y confiscaciones haré volar las gorras de los
funcionarios;
en el sermón hipócrita seré un zarzal ardiendo; en la velada
espiritista, un largo silencio aterrador.

Y cómo vibraré, carcajada inaudible, cuando un perro cualquiera
levante la pata y haga lo suyo en pedestal de estatua o arco
de triunfo.
Si escucháis un torrente de aguas claras, sabréis que estoy allí,
fantasma en pleno día;

Y si las aguas corren turbias, habrá lágrimas mías con los
derrubios de la tempestad.
Lágrimas de añoranza, pues a pesar de todo era hermoso estar vivo.

Y si quien tenga ojos asiste a un juicio sumarísimo y ve caer al
juez que se dispone a decretar
la pena capital; si ve que cae de pronto sin causa que lo explique,
como cae un borracho, o un títere al que quiebran el hilo, o un
globo que solapadamente pinchan,
sabrá que estoy allí, fantasma inexorable, dañino, subversivo:
sabrá que estoy allí defendiendo la vida.
(del poemario Una vasta elegía, 1976)

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