CRISIS DE AMOR

»Mi Poeta aquí sugerido: Winétt de Rokha

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La crisis, ¿qué es la crisis?, quien no ha amado,
no sabe qué es bajar hasta el infierno,
creyendo que ese bache será eterno
luchando contra el viento de costado.

Ni sabe qué es sufrir, sentirse solo,
plasmando su experiencia en un lamento,
gritar sin que se espere algún lo siento,
que sirva de atenuante para el dolo.

Subirse sin poder por las paredes
hundido con su lastre sin remedio,
sujeto y sometido a un gran asedio
quedando prisionero de sus redes.

Querer dice es vivir intensamente,
a fuer de ser más fuerte la caída,
amar teniendo al pié la despedída
y el ansia de lanzarse a la pendiente.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Winétt de Rokha

Winétt de Rokha

ESTAÑO

Entre las piedras, brotadas de musgo,
se estancó la pena,
como agua de lluvias desmemoriadas.

Flor malsana,
mujer eterna, abandonada y obscura
mano de pétalos de aluminio.

Caravana de polvo, siniestra,
multitud de agujas envenenadas,
rebozo gris, gabardina de ocaso.

Mis dedos tranquilos y castos,
desdoblaron del arpa terrosa
sonidos de cuerdas vencidas.

Fue la pócima de niebla,1
óleo de rosas negras,
enloquecidas sobre mi frente…
sellada por siete sellos de plata.

VALSE EN PLAZA YUNGAY*

La mujer de mármol, desnuda entre sus violetas
se ruboriza al contacto del aire,
sus senos de manzana y heliotropo
mantienen la melodía provinciana del atardecer lánguido.

Curvas puras,
explosión de vida extasiada,
gota de belleza en suspenso, cantar.

Mis ojos la penetran de castidad
y la tarde vuelve la cabeza,
al sorprenderme en actitud
de cubrirle los hombros floridos
con mi abrigo de penumbras.

*La autora se refiere paradojalmente a un desnudo femenino en mármol en la Plaza Yungay, en el centro de Santiago, donde se encuentra el Monumento al Roto Chileno.

VIDA DE VIRGILIO

En tus ojos verdinegros y cálidos,
fulgura
obscuro augurio.

Tus rojos y carnosos labios
besan
mi pudor desnudo.

Agua y uvas fragantes,
agua,
pulsando los nervios profundos!

Maneja, bulliciosamente, la cigarra
sus élitros alucinados
en donde sestea el Verano.

Oh! el vaivén de los trigos maduros!

OBJETIVO INFINITO

En líneas rectas y amarillas,
la mesa deja caer sus cuatro manos;
sobre la superficie, una escobilla piensa
mirando el cielo con el pelo erizado.

Una silla, doblado el espinazo,
acaricia un cojín de terciopelo.

La pantalla y su sueño de tórtola,
abraza en lenguas de fuego,
la inmovilidad de los objetos.

LIBRO DEL PIRATA KNUT FJORSON

Yo miro tus escamas de pescado
mar,
lo mismo que los pescadores
aquellas truchas, aquellas jaivas maravillosas,
que colgarán de los hombros morenos del regreso.1

¿Quién oyó el placer
de sentirte2 lejano como la otra orilla?
¿Quién abrazó la curva helada
de tu caricia?
¿Quién tendió la red única
debajo de las perlas de tu rumor
eterno y pensante?

Arrinconada en mi dolor de nube humilde.3
Pastor azul, arrea pronto tus gaviotas,
no sea que las deshoje
el perro negro de mi canto.

1 “hombros morenos del regreso,” no presenta cursivas en la edición de C, p. 29.
2 “sentirte” no presenta cursivas en la edición de C, p. 29
3 Separación estrófica en la edición de C, p. 30. En el verso siguiente no se guarda sangría.

VIOLETA

Revienta la noche
paralela a mi absoluta y soñadora melancolía,
revienta la noche
en infinitos latidos de plata.

Los pies y las manos,
incrustan su marfil empalidecido
en el ébano profundo.

Nadie, entre todos los pájaros,
ni tú mismo,
(hombre-vértigo, pedazo de abismo que circula),
podría mirarse y mirarme…

Me invade la última claridad
de la estrella verde de los aventureros.

Caída de lado, la calle maltrata vehículos y violines.

Sólo mi soledad es superior a mi amarga alegría.

Itinerario que iguala mi rostro a las sementeras.

En aquel grupo de estrellas necesarias,
estuvo mi corazón más cerca de mí misma.

PADRE-NUESTRO

A menudo la soledad,
con su gran rumor de silencio,
merodea en mi alma.

Las almas oscuras de los murciélagos,
azotan ilusiones sombrías en los vidrios.

Friolentas, las chimeneas
echan su aliento triste,
hacia los caminos libres y sin huellas
del cielo y del tiempo.

La respiración de flor del niño
ahuyenta los malos espíritus,
mientras voy trizando la mirada
en la negra arquitectura de los libros.

Mi lámpara,
como la hoja trágica de un puñal,
atraviesa el corazón del alba.

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