DEL TIEMPO Y SU CONTRATIEMPO

Mi Poeta sugerido: »Jorge Villalobos

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Encerrado en sus propios pensamientos
sin que nadie se atreva a visitarle
va gastando por horas los momentos
a la espera que lleguen buenos vientos
y no deba a su mente lamentarle.

Va quemando ya ese tiempo que le queda
observando la llama que se extingue,
mientras siente el gemir de la arboleda
intentando que el viento no le agreda
y no dañe a las hojas con su pringue.

Cada día que pasa es uno menos,
va contándolos todos a la espera,
pues se ignora aparezcan más venenos
que inoculen angustia en nuevos truenos
y le priven de ver la primavera.

Así pasa la vida, a la deriva,
de una etapa del tiempo ya sin tiempo,
con la duda si al mismo sobreviva
o ya el cielo le envíe una misiva
que interrumpa el maldito pasatiempo.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Jorge Villalobos

Jorge Villalobos

ELEGÍA A CAROLINA PORTALÉS

A mi madre, ahí tan madre.
Ahí tan muerta.
Te quiero.

Si pudiera olvidarte,
pronunciar las cenizas de tu nombre y no arderme;
hoy, que aún esta lágrima se escribe con tu lágrima,
no me queda otro oficio que andar tropezando con tu ausencia,
y olvidar si es la piedra o el camino.

Y mírame, volviendo a la rutina,
al tedio del estudio, a esta monotonía indiferente,
y al engaño de quien busca en un verso lo mismo que en la vida:
pero entonces me faltas,
como la sangre al corazón herido, o la voz al poema.

Así se fue haciendo el niño en hombre,
conforme a la verdad en tu recuerdo:
lo único eterno es nuestra inexistencia,
la eternidad del polvo.

Un hijo sin su madre no es un hijo.

AMOR

A Mika

Hubo en mí un ángel cuyas alas fueron
un corazón ajeno, y luego el mundo;
o lo eran siempre, verdad en mí oculta.
Por ti alcé la bandera de mis días,
riendo mi destrucción, blanca en tus manos;
supe que habría en ti de aniquilarme
y arrodillar mi beso a tu capricho,
mas nada importa por ser en ti libre.
Tus cadenas fueron mi sangre, y quise
más sus venas que a todo mi latido,
sin otro corazón en mí que el tuyo.
En sus alas, su carne y su deseo
habla el dolor, da igual con qué palabras;
no usa idiomas la herida, y dice «duele».

EL POETA

Sólo te asombra el mundo de tu espíritu,
los demás mundos te aburren. Te aburre
ese aliento común, esa garganta
bien sentada en el sillón de un silencio.
Respirar no significa estar vivo.
Y qué bello es morir sobre algún verso
como quien se derrumba en el amor:
dame en el centro, es donde soy más libre.

Escribes la inmensidad de tu sombra
para entender la luz que te edifica.
Nunca un verso hablará igual que unos ojos.
Y miras mendigar esa palabra
mal escrita que es tu vida, y la ignoras.
Siempre queda el consuelo de escribir
grandes obras para grandes olvidos,
y el horizonte indomable de tu alma.

Sólo esto importa, este es tu gran poema.

CENA PARA DOS CON TU AUSENCIA

Diré tu nombre y no será en tus labios.
Prométeme, ebriedad, querido engaño,
que nunca esta reliquia sobre el aire
de nombrarte y sonreír, cerrar los párpados,
no volverá a dolerme. No te quiero,
aunque atraviese las terribles alas
de tus ojos a los míos, no te quiero;
aunque me atormente, no te quiero.
No importa cuánto azote la memoria,
con un poco de vida y libertad
y el alma como un látigo imborrable
diré tu nombre y no sabré quién eres.
¿Por qué viene a buscarme todavía,
feliz en su corona de fantasmas,
este ángel de cenizas, tu recuerdo,
y amo más que el ardor de un cuerpo amado
si no es el tuyo? Antes que olvidarte,
antes que abrir los ojos a otra luz,
soy feliz con los restos de tu sombra.
Ser la venda. Cegarme. Y aún verte.

I

Cualquiera, digo, todos. Cualquiera puede situarse en algún lugar de este tablero, verse en alguna ciudad, algún libro, infancia, no volver del cuerpo del amor. Todos, digo, cualquiera puede ser su peor noticia para sus seres queridos, y algún día lo será. Todos, digo, todos seremos el temblor desconsolado, la búsqueda de algo más entre lo absurdo de esta partida, digo, cualquiera puede morir sin despedirse, todavía no tienes por qué despedirte, pero ese cualquiera, ese digo, pueden ser los que te acompañan y caen en la levedad de este tablero, con temas aún por resolver. No me refiero a que ejecutes todos tus movimientos pendientes. Solo digo, digo, que a veces nunca te recuperas de este vacío desolador, de este brutal jaque mate.

III

Siéntate conmigo en este sofá. Ven aquí, a mi hombro y cuéntame tu viaje, esa mudanza interior. Intenta huir conmigo de esta soledad sin escapatoria, cuando jamás recuperas la puerta abierta ni aquellas manos que ofrecían el plato lleno, cuando cierras los ojos para que el mundo parezca más habitable. No hablo de máscaras ni artificios, hablo del dolor, la verdad del dolor, el ahogo de la pérdida. Esto, sólo esto. Escribo para que entiendas que no estás solo. Siéntate. En este hogar eres siempre bienvenido.

VI

Ese niño de seis años jugando con su madre en el mar, sobre una tabla, ese niño de seis años que se divierte cuando su padre lo alza al aire, sabiendo que pedirá otra vez el mismo chapuzón. Ese niño de seis años llamará al abuelo que no quita ojo al nieto bajo sus gafas de sol, a su mayor orgullo, y traerá la fruta para el sofoco, le contará sus historias de jugador de fútbol, sus regates, porque sabe que ese nieto, su ojito derecho, ve un héroe tras cada anécdota. Y la abuela avisará para comer. La tía seguirá con él porque es un hijo para ella. Ese helado de chocolate que le regala, ese volver al agua un poco más, ese abrazo porque no hace pie, son su maternidad. Paseo estas playas con la huella de ese niño de seis años porque esta espuma contra mis tobillos me recuerda que, ahora, mi abuela va en silla de ruedas, que el Alzheimer de mi abuelo hizo olvidar aquellas historias, que me recoloco hoy sus gafas de sol. Si quienes miran supieran esto no verían un joven que se adentra en el agua, verían un hijo nadando el vacío de su madre, sin tabla que agarrar.

XXI- Habitación Alzheimer

Al otro lado de la puerta vi a mi abuelo morir sin ser mi abuelo.
¿Cómo se puede morir sin lo vivido?

Al otro lado de la puerta veo a mi padre morir sin ser mi padre.
¿Dónde está mi padre?

Yo no quiero ser esta herencia, no puedo ser esta herencia.
Pero al otro lado de la puerta me estoy esperando.

XXXIX

Nada desaparece para siempre, resiste en algún sitio, alguna fotografía, algún colgante o carta de despedida, cualquier cosa como una puerta entornada de regreso. Nada desaparece del todo, aunque esté vacío su lugar y no podamos alcanzarlo, sigue ahí, de alguna forma, consolando tanto vacío absurdo y pérdida sin sentido. Nada en esta vida muere por completo, permanece en algún lugar de nosotros. Aún somos su último aliento.

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