ECHAR LA VISTA ATRÁS/

Matilde Bianchi (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.

EL POEMA Lee otros poemas TRISTES

 

Echar la vista atrás, vuelta al inicio,
creer que en el nacer está el vivir,
que soñar es lanzarse al precipicio,
llorar, por qué llorar, por qué sufrir.

Vivir, vivir, vivir, siempre vivir,
penar, a qué penar, fuera el suplicio,
sentir llega el final y presentir
nada sirven los fuegos de artificio.

Dolor, nombrando a dios y resistir,
pensar no existe el drama ni el dolor,
hacer la vista gorda, ir y venir
agarrándose a ese clavo que es amor.

Luchar para la gloria conseguir
y en el fragor de la lucha en alta mar
no encontrar alguna ayuda a que acudir
para acabar naufragando en el dudar.

Temor, a ir a destiempo y fracasar
hundiéndose en el fango y no subir
al templo del deseo, hasta su altar,
nacer, crecer, vivir, y al fin morir.
©donaciano bueno

Mirar hacia el pasado es algo natural, aunque únicamente sirva de consuelo. Algo es algo.

Todo el pasado se quiere apoderar de mí
y yo me quiero apoderar del futuro,
me dislocan la cabeza para que mire atrás
y yo quiero mirar adelante.
(Gloria Fuertes)

POETA SUGERIDO: Matilde Bianchi

Matilde Bianchi

Fábula

Las piedras preciosas escaparon
de la vidriera
y del remate al mejor postor
Aparecieron rodando
en un curioso baile de disfraz.

Aquel muchacho
sentado en la esquina del salón
no pudo resistir el brillo
y se puso la mano en la visera.

“Yo soy la amada eterna”
dijo la turquesa
cubierta de celestes plumas degradée.

La Turquesa se arregló el peinado:
dijo, adiós, adiós,
vio una magnolia
y se fue por las ramas.

“Soy la princesa escapada del mapa”
(Habló la rutilante esmeralda)
“Llegará el momento
que la bella durmiente me despierte
yo bella y ella bella,
beldad y bondad de suave verde,
luz verde como el mago
de la luz de jade.

El muchacho escuchó sobresaltado:

Monsieur Rubí
cantaba una canción.
Se abrió el chaleco
mostró su corazón
a pecho abierto.
La sangre se derramó
sobre la palma de su mano,
en medio de la línea de fuego.
Monsieur Rubí anunció:
“Púrpura, carmín y vermellón
será el regalo
para los que no amaron ni odiaron
porque el hombre
debe amar
y odiar al mismo tiempo.
Quién conoce el límite,
la gratificación
del amor o del odio”.
“Yo soy el topacio de capa dorada”
se presentó esta piedra,
entusiasmada
entre fulgores
y fuegos fatuos.
“Quiero seguir al sol
devanando el oro
que cagó el moro”
“Soy la severidad”
dijo con voz ronca el azabache.
Vengo de la caverna:
ahogados terciopelos
me traen y me llevan.
El antifaz esconde mis ojos
y mis labios negros.
Resalto el brillo
donde menos se espera:
el hombre se marea
en la negra noche del alma,
en la confusión de los carbones.

Las negras naves
deben cruzar los cielos y los mares.
Negra es la severidad
y negra será la sentencia”
Me llamo Diamante o Brillante
para servir al Gigante.
Yo vivo,
agregó pavoneándose,
en los cintillos
de los enamorados.
El amor gasta su honrada moneda
en tocas de ilusión.
Déjenme correr
tras la vaga esperanza
que se derrumba
cuando la pobre vieja
en la subasta
empeña el anillito
Luego volverá la esperanza
en otra mano
con el mismo brillo.

El muchacho, cansado,
olvidó la fiesta y el salón.

En la puerta
apareció una piedra dando tumbos.
Era un pedazo de roca
pulido por el mar,
agrisada, agujereada por la lucha
con los cuatro elementos.
“Yo soy la justicia”
dijo en voz baja.
Con ojos de piedra
contempló los cielos:
bajó la cabeza
y miró el horizonte.

Sonsonete

Quiero quedarme así con el silencio
de la memoria de todas esas cosas
que llenaron tu vida y esta vida
que te dieron un cambio de una rosa.
Como la rosa de Martí, tu rosa
fue compañera y franca, a veces roja
en noches de vigilia apasionada
donde el amor pudo cambiar la historia.
En nombre del padre y del clavel
se fue callado aquel único hijo
y en nombre de la rosa atravesamos
la desmesura oscura y no pudimos
trocar aquel amor por este olvido.
Rosa y fervor, afanes y bravura
se ocultaron incluso a los amigos
que nos vieron salir desesperados
y nos vieron volver entristecidos.
Al cabo, pues, de tanto itinerario
quiero quedarme marchitamente rosa
en un jardín pequeño, fabricado,
con estas pobres flores primorosas.
Si al fin me diste el cabo de una rosa
debo decir por la dicha cumplida
que prendí mi pelo al cabo y navegué
como pude, por aguas de esta vida.
Montevideo, agosto de 1988

– I –

Pedro contó con la línea de dicicosa
que separa la fealdad de la hermosura
Lucas contó la historia
de la muchacha que quebró el ánfora
cansada de llevar el cántaro a la fuente
y con el rostro consumido
se bañó en el agua de aquel río.
Santiago considerado de la divina proporción
que viene a ser la relación
entre cabeza y torso,
entre piernas y brazos:
las nubes en el cielo,
la madona y el niño,
el labrador de pie
sobre la tierra.
Marcos se refirió
a la caída de la rama
cargada de frutos.
Un maestro de la Grecia antigua
supo que la muchacha
no se bañó dos veces
en el mismo río.
Cómo buscar el número de oro:
en la lengua que cojo las heridas,
en el timbre de la voz que canta,
en los ritmos del baile,
en el golpe de la espuma
que el hueco de la mano empapa?
Al final, Juan
pronunció estas palabras:
vamos a sonreír
y también a llorar:
vamos a descubrir la flor
escarbando la tierra.
Las estatuas decoradas por siempre
Las avenidas que llegaron
o no llegaron:
Bella es la luna y el poniente.
Hermosa es la bondad
que vive y muere.

– II –

A Ada

Hace no sé cuánto
que pido perdón
por no haber muerto a tiempo.

No se trata de perder la juventud
la cabellera rubia
o las piernas hermosas.

Pido perdón
—yo que lo quise tanto—
por no haberlo querido mucho más.

Pido perdón
por las palabras gastadas
que utilizo en la clase.

Y perdón por decir buen día
cuando debiera despedirme
internarme
entre los médanos y pinos
que amé tanto
camino de mi casa floreada
y mi camino.

Pido perdón a todos:
solo puedo ofrecer
aquellos tornasoles
y esta espuma.

– III –

No escribo para el olvido,
escribo para el amor.
No sé quién se aferrará a mi letra
ni quién me olvidará primero.
De olvido y tierra
preparamos la muerte.
De amor y de terrón
levantamos la vida.
De amor fue el lazo
de la primera blusa
y el brillo
de la primera estrella.
Dijo el poeta:
mi madre trabajó para el olvido.
No se puede negar
que el viento barre
nombres y recuerdos.
Si los poetas
escriben para el olvido
la modestia se cuela antes de tiempo:
De igual manera
la convidada de piedra
llegará a la cita
para el olvido, el odio o el perdón.
(Para lo que quiera Dios)
Con estas letras me despido.
Tiene el natural encanto
del tiempo
sobre el papel en blanco.

Te sugiero seguir leyendo...
Un año viejo se va y otro año nuevo que empieza el que se va…
Ir al contenido