HISTORIA DE UN FRACASO/

José de Diego (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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La historia que hoy escribo es de un fracaso
que empieza cuando empieza la internet,
las web, las punto com, las punto net,
de aquella fantasía el primer paso.

De ingenuos siempre en busca de El Dorado
dispuestos a encontrar pepitas de oro,
proyectos a la caza del tesoro
de sueños y esperanzas tan sembrado.

Llegábamos allí con los Portales,
cual madres presumiendo con sus hijos,
y el agua bendecida en sus botijos
buscando recoger a los caudales.

Se hablaba de san Google con asombro,
así que en ese tiempo aun no era santo
(de Terra que hoy ya está en el camposanto)
y algunos que hoy no existe ni el escombro.

A cuestas cada cual con sus esquemas
los martes al final de cada mes
fintábamos colgados de un arnés
buscando un inversor para sus temas.

Que aquellos eran tiempos de emociones,
de planes, de proyectos, de energías,
y hoy traigo a colación aquellos días
así tornaran falsas ilusiones.

Después se vino abajo la burbuja
cual naipes se derrumban del castillo,
corriendo de un tirón aquel visillo,
tan lleno de emociones, tan granuja.
©donaciano bueno

Fue bonito mientras fue Clic para tuitear
Comentario: Entonces estaba en boca de todos eso de los Portales TemáticosFuimos viendo como poco a poco se iban viniendo abajo algunos de los proyectos más sonados. Incluso los Bancos sucumbieron a aquella tentación. Solo algunas redes sociales, Facebook, Twitter…etc.. han sobrevivido. La red se popularizó y hoy la clase media, todo el mundo dispone de su propio blog.
¿Conoces a José de Diego? Lee/escucha algunos de sus poemas

José de Diego

EL “OJO DE AGUA”

Con los rumores de su eterno coro,
brota la fuente de la peña dura …
¡el “Ojo de Agua” que, en su cuenca oscura,
de un cíclope en prisión derrama el lloro!

en tanto salta el surtidor sonoro
por la ancha verja, que el recinto mura,
tiembla en el fondo de la linfa pura
el pez de rosa con estrellas de oro.

En el misterio y en la sombra oriundo,
¿de qué hondo abismo o ignorada
orlilla surge a la luz el manantial profundo?

¡Raro prodigio! ¡Culta maravilla!
El pan de Dios lo tiene todo el mundo…
¡pero, el agua de Dios sólo Aguadilla!

ARTE POETICA

A una coqueta

Una leyenda, tu azarosa vida;
tu espíritu voluble, una dolora;
tu boca un madrigal es que atesora
la dulzura en sus frases escondida.

Es de tu frente la risueña aurora
idilio tierno que al amor convida
y en tu faz palpitante y encendida
una égloga de flores puso Flora.

De una armonía celestial emblema,
tienen tus ojos la cantante llama
que alumbre y da la inspiración suprema.

¡Y todo en ti es poesía y todo ama!
¡Y no eres un magnifico poema
porque eres un magnifico epigrama!

LA BORINQUEÑA

¿Qué alma, llorando su infeliz destino
dentro del himno popular se agita,
al ascender la música infinita
en el fondo del aire cristalino?

Vibra en la flauta el prolongado trino,
la tempestad en el tambor palpita,
gime el violín, el clarinete grita
y solloza profundo el bombardino…

Es el acento múltiple, anhelante,
de la perdida caravana errante
que del nativo hogar la suerte implora…

¡Es el alma de un pueblo sin enseña!
¡Es la dulce, la triste “Borinqueña”,
madre ideal que por sus hijos llora!

POMARROSAS

En las orillas de los viejos ríos,
que llevan sus corrientes rumorosas
por los bosques recónditos y umbríos,
nacen las pomarrosas
pálidas, escondidas, aromosas,
lejos del sol, como los versos míos….

En el suelo feraz, que el agua inunda,
yérguese el tronco en la raíz profunda,
al son perpetuo del raudal sonoro:
¡y absorbe, en cada poro,
el jugo que le nutre y le fecunda
y el resplandor de sus manzanas de oro!

Como los astros, al tocar su meta,
brillan las pomarrosas reflejadas
en el móvil cristal de la onda inquieta…
como las granadas
y como las canciones del poeta,
flotan sobre la tierra coronadas!

¡Oh, fruto, en que la flor se transfigura,
sin dejar de ser flor! ¡Tierna hermosura,
que la fragancia con la miel reparte,
y es perfume y dulzura
y símbolo, en que muestra la natura
la virginal maternidad del arte!

¡Cuán misterioso de la tierra el seno!
La sombra de la muerte se difunde
en el abismo, de amarguras lleno…
¡E1 tártago se hunde
y, en vez de néctar de la vida, infunde
y alza a la flor maléfica el veneno!

Mas, no la pomarrosa, que transmuta
en rica savia y en potencia fuerte
la ponzoña que infiltra la cicuta…
¡Así mi alma convierte,
como el arbusto de la blanca fruta,
la sombra en luz y en navidad la muerte!

¡Amor! ¡Dolor! ¡Corriente combatida!
¡Esperanza inmortal! ¡Anhelo santo!
¡Ondas de mi alma y ondas de mi vida!
¡Fecundidad del llanto!
¡Renacimiento de la fe perdida!
¡Poemas del bien y rosas de mi canto!

¡Bendecid a las áureas pomarrosas,
que en las orillas de los viejos ríos
se elevan escondidas y aromosas!
¡Amad los desvaríos
del alma triste que, en los versos míos,
saca los frutos del abismo en rosas!

AGUADJLLA

Desde la bahía.

De las selvas y las ondas
se alza el pueblo en el regazo,
junto a las arenas blondas,
bajo las oscuras frondas,
como en un perpetuo abrazo
de las selvas y las ondas.

Coronadas de banderas,
erigen sus verdes lanzas
las altísimas palmeras,
y guarecen las riberas
con sus torres de esperanzas
coronadas de banderas.

Volando sobre las olas,
de un extremo al otro extremo
pasan las esbeltas yolas,
que, en el peligro supremo,
tienden las alas del remo,
volando sobre las olas.

Al pie de la cruz divina,
sobre el campanario enjuto,
algo muy leve se inclina…
¡y es la parda golondrina,
como una virgen de luto,
al pie de la cruz divina!

En las llamas de la tarde
envuelto el flanco terrizo
del Cuartel, relumbra y arde,
bajo el pabellón rojizo,
que es también un áureo rizo
en las llamas de la tarde.

Como una blanca misiva,
la mansión de tumbas llena
se abre al cielo pensativa…
¡y se extiende playa arriba,
grabada sobre la arena,
como una blanca misiva!

Parecen las sepulturas,
eternamente arrulladas
del mar por las ondas puras,
violetas de las llanuras,
gaviotas acurrucadas
parecen las sepulturas…

En las nubes de Occidente,
misteriosos espejismos
flotan sobre el sol muriente…
¡y se funden los abismos
y hay terribles cataclismos
en las nubes de Occidente!

El pelícano resbala
en lo alto de su elemento,
su grito de órgano exhala
y, apenas moviendo el ala,
como una cruz en el viento
el pelicano resbala.

A los lívidos luceros
abre el mar sus lobregueces,
en brillantes reverberos…
¡y, engañados y ligeros,
intentan picar los peces
a los lívidos luceros!

Ya se encienden los altares
de las casitas del monte;
ya se agrandan los palmares,
ya se ennegrecen los mares,
ya se apaga el horizonte…
¡ya se encienden los altares!

Como una ciudad del cielo,
Aguadilla se estremece
de las sombras en el velo
¡y, desprendida del suelo,
baja y sube y resplandece,
como una ciudad del cielo!

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