INHUMANOS

»Mi Poeta sugerido: Catalina González Restrepo

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Las horas y los días pasan, pasan,
y tú que eres consciente sufres, sufres,
llegan unos y anuncian que se casan,
al poco tienen hijos y te abrasan
y al fin ya eres abuelo y das de bruces.
 
Y pasas media vida así estudiando
y luego a trabajar para encontrar
trabajo con que puedas sufragar
las deudas que tú mismo irás creando
y que has acumulado al jubilar.
 
Algunos hay que pasan presumiendo,
otros no se hacen más que lamentar,
todos van al andar retrocediendo
y el futuro feliz no consiguiendo
para al mismo lugar luego acabar.
 
Buscando siempre a dios y a la verdad
a sabiendas que nunca lo encontramos
y no querer saber la realidad,
dechados somos seres de maldad,
presos de nuestros egos. Inhumanos.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Catalina González Restrepo

Catalina González Restrepo

EN VEZ DE LA PÁGINA

Yo,
acostumbrada a hurgar en las bibliotecas,
lastimada por el olor a moho,
alérgica al polvo,
prefiero hundirme en tus piernas cálidas,
ávida de beber esa humedad que calma la sed
sólo por un instante.
Yo,
decidida a abandonarme,
acepto tus arbustos,
en vez de la página fría y estéril
que al fin y al cabo viene de ti.

VAIVÉN

De tanto vestirnos y desnudarnos
estamos envejeciendo.

Nuestras imágenes en múltiples espejos
se van quebrando lentamente.

¿Qué traje elegimos hoy
el de la vida o el de la muerte?

SILENCIO EN LA MESA

Mientras masticamos la carne del abandono
alguien ha corrido una silla
para sentarse y beber con nosotros.

Vivimos en sonidos que no podemos decir,
improvisamos un concierto que jamás vendrá:
el piano suena muy alto y mis voces callan.

Morir es mejor que oír,
los músicos son niños con hambre.

DIOSES PEQUEÑOS

Dormimos como hermanos,
reptiles a punto de despertar,
en una cama que no es de nadie.

Estamos enfermos,
amar es un vicio
que nos ha dejado ciegos.

Todo lo sentimos ajeno,
sólo tenemos el miedo
y esta maleta que empacamos
y desempacamos al ritmo del deseo.
(de Afán de fuga, 2002)

CRISTAL

La imagen se repite
como una pesadilla infantil.

El cuerpo de la juventud
reflejado en habitaciones
donde los espejos cubren las paredes
y el miedo se confunde con la inocencia.

Aprendimos el juego del deseo
hasta la vergüenza,
hasta quedarnos sin cuerpo
ni espejo.

HORA

El día te fue dado
para interpretar
cada signo,
los anuncios del clima
y los de tu cuerpo:
para elegir cómo cubrirlo,
con qué alimentarlo
y cuándo embriagarlo;
adónde lo conducirá
cada paso tuyo
y adónde lo llevará la vida,
sin saber en qué instante
se esfumará
o qué enfermedad lo acosará;
para decidir
cuándo pones perfume
en tus manos,
en qué momento
saldar tus deudas
o darte en el amor.

La noche te fue dada,
engaño sublime,
para hacerte creer
que duermes y descansas.

EL POETA DE LA BAILARINA ANÓNIMA

Una bailarina ronda tus páginas,
mis pies ni siquiera aparecen.

Ella se ha ido,
pero se detiene en tu retina.

Podría ponerme zapatillas,
danzar,
y sólo la verías a ella.

Seguirás disfrutando banquetes en soledad
que quemarán los paladares,
ella será alimentada por tu memoria
mientras muero de hambre.

VIAJE

Hemos sometido nuestros cuerpos
a los rigores del instante
y este mundo se ha agotado
para nosotros.

El frío nos ha llevado al hastío,
el verano amenaza con devorarnos.

Sería mejor cambiar todo el equipaje
pero la memoria es caprichosa,
en las aduanas hemos perdido
algo irremediable.

ALIMENTO

Revisamos nuestros buzones
esperando siempre la última carta,
vivimos para recibir.

Somos como pájaros que guardan las alas
mientras sus corazones laten
en pechos calientes.

—Yo cargo tus palabras en la cartera
como una limosna extra—.

No podemos dormir,
soñamos con anillos en cada dedo,
que mides mi torso con tus manos
y descubres la piel
antes de que se marchen los invitados.

PROMESA

La señora, vestida de negro, exhibe su viudez
mientras nosotros compartimos el postre.

Nos habla de esa llama
que se enciende y apaga,
nos mira a los ojos,
dice que se la jugó toda y no perdió,
la muerte nos hace vulnerables a la verdad.

Desordena su pasado
y se alegra de tu mano sobre la mía.

Quizás adivina que hace rato sueño con llegar a casa
y que lentamente dejas caer mi falda,
la misma de esa vez,
cuando cenamos con tus amigos
y aún no éramos nada.
(de La última batalla, 2010)

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