LA VIDA EN UN CIGARRILLO/

José María Muñoz Quirós (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Yo sé, de este cigarro se apaga la colilla,
que la última calada la debo de apurar,
y sé que de este trance la noche ha de llegar,
que un día va a arribar mi barca hasta la orilla.

Conozco, amigo mío, mas no quiero saberlo,
que el tiempo es de estraperlo, que no puedo comprar,
nadie puede robarlo, nadie puede venderlo,
y nadie, aunque quisiera, lo puede pignorar.

Nadie te ha de engañar aunque la duda existe,
que el alma se resiste la tierra a abandonar,
todo lo que lograste, todo lo que quisiste,
quisiera no estar triste, será tirado al mar.

Yo soy la viva imagen del fumador que apura
el último suspiro y estruja entre sus dedos,
pintados de amarillo, mientras haya mixtura
se opone a que se apague y timando va a sus miedos.

Posiblemente un día mientras yo ande escribiendo
se acerque, dios me diga pon fin postrero al verso,
y así pondré el remate a vicio tan perverso
mientras veo que el humo se esfuma y va extinguiendo.
©donaciano bueno

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José María Muñoz Quirós

LA EDAD PROHIBIDA

Estoy en el momento donde todo
parece ser distinto: la música del alma
y sus sonidos, la densa voz de la derrota
cuando arranca fugaz en la nostalgia,
el sentido vacío del lenguaje
que nada dice. Estoy aquí para vencer
las vanidades de cualquier manera, para ser
parte del silencio que surge abandonado
en nuestra noche sin pedirnos nada.
He llegado hasta aquí con un inmenso
desencanto hacia todo, con la mirada
puesta en lo vivido, y he llegado
con los labios cansados de que sean
las palabras el modo más difícil
de conocer las cosas. Hemos cumplido
la edad de lo imposible. Estoy dispuesto
a ser, cuando el momento llegue, víctima
del fracaso de toda esa indigencia.

RUTINAS

Las cosas siempre son insospechadas
en el recinto de los sueños. Viven
en mí, acechantes, y se esconden
reflejadas en todas mis palabras.
No me confundo en su lamento, pero
muchas veces se escapan como brisa
desalentada y gris sin que yo pueda
impedirlo. Se pierden dormitando
en un abismo de nostalgia. A veces
se desnudan calladas y nos rozan
con su blancura exacta y contenida.
Sus voces inconcretas
nos hablan al oído, nos invocan
el secreto del mundo. No podría
encontrar en su luz otra luz. La siento
crecer dentro de mí como una savia nueva
que enciende en el vivir cada momento.

MATERNAL

Mi madre siempre estaba
en el lugar preciso: nos rozaba
con su sonrisa y luego
ya estábamos vencidos. La bondad
siempre atrapa. Recibía
en sus ojos el mar
y nos colmaba de palabras
tan libres como estrellas.
Mi madre era la historia
de un lugar muy lejano,
la prematura y frágil mansedumbre
que se aprende a sentir
cuando todo parece
que está ausente.
Mi madre siempre estaba
en el exacto lugar de la ternura.

AUTO DE FE

La claridad de la mañana,
el sol, los altos
caminos sobre el campo,
la serena palabra de los pájaros
en su lenguaje sin memoria, su constancia
en el vuelo y en la noche. Puedo sentir
el orden que me nace cuando el centro
de mi ser está en calma. Vivo preso
en las sílabas dulces de la nieve.
Me invade el mundo como un aguacero
de eternidad, como un alud de frío.
La esfera de mis labios se desploma
sobre otros anhelos que me crecen
en la desnuda lentitud del tiempo.

DESABASTECIMIENTO

La primera ocasión para tus labios
fue la inocente búsqueda del hambre
que invadía tu boca. Era hermoso
saciarse en esa copa, desvivirse
en ese brusco abismo, y todavía
seguir apeteciendo más. Y luego
cuando llegan los tiempos de sequía,
de abstinencias y racionamientos,
encontrar en el frío del invierno
vacío tu equipaje tristemente.
Ocurre siempre igual: nos van dejando
de abastecer. La hambruna es la desdicha
que en el final nos dictan los olvidos
de un tiempo en plenitud en tu despensa.

MAYORÍA DE EDAD

Cumplí años como las hojas crecen
en la rama de un árbol. Fui ascendiendo
hasta la cima de los días, hasta el alto
crepúsculo de un monte. Rodeaban
mi ser la duda y la inocencia
de quien no ha roto un plato todavía.
Viví en la leve luz de los vencidos
entre tinieblas y secretos. Tarde
aprendí las leyes que nos rigen
en el recinto de los perdedores.
Vivir es la condena. No sabría
decir cuándo empecé la edad madura.

TIEMPO HUIDO

Desconozco cuándo viví el primero
de los misterios de la noche. Es difícil
adivinar el rumbo del deseo
en el recinto de tu cuerpo. Sube
al abismo de las sombras. Huye luego
a los desiertos de tus labios. Es
imposible recibir la vida
en ese tiempo huido, en esa causa
perdida para siempre. No podría
resucitar en ese abrazo
que cruel deja sus huellas
al otro lado de mi mismo.
Hemos atravesado esa aventura
de retornar de nuevo
al punto de partida.

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