LOS AÑOS DE PLOMO

Tino Barriuso (poeta sugerido)

EL POEMA Lee otros poemas de TRISTES

 

Devuelvo hacia el pasado a mi memoria,
recuerdo a cada día, cada instante,
del ruido al explotar, su detonante,
y el eco celebrando la victoria.
Aquellos son, que hoy fingen de talante,
los mismos que ensuciaron esta historia.

Pues sábado y domingos no existían,
que en esto de matar no había fiestas.
Nosotros disfrutando a mesas puestas
ajenos, sin pensar por qué morían,
jugando a establecer sendas apuestas
por ver si hasta nosotros llegarían.

Su oficio era matar, si eran mujeres
o niños inocentes ¡qué importaba!
pues nadie allí por eso protestaba,
en cambio ellos hacían sus deberes.
Y es cierto que hasta el clero se alegraba
al ver cuerpos cual quesos de Gruyeres.

Los ecos que llegaban desde el norte
aun siguen repicando en Miravalles*,
las hienas proliferan por sus calles,
se nota en su semblante, por su porte,
no fingen, no es preciso dar detalles,
que el odio impreso está en su pasaporte.
©donaciano bueno
Pobres descerebrados! Clic para tuitear

*Miravalles es la patria chica de Josu Ternera, uno de los terroristas más sanguinarios de ETA en cuyo nombre no dudó en dejar cadáveres de inocentes por el camino. Y al que sus paisanos hoy aún siguen rindiendo homenajes. Sólo en el atentado de la Casa Cuartel de Zaragoza murieron 11 personas, de las cuales 5 eran niños. Pero qué más da!

Lee/escucha otros poemas, éstos de Tino Barriuso

Tino Barriuso

MILONGA DE ANDAR MUERTO

Soy como lluvia: el descenso
de una nube desplomada.
Soy una risa gastada
y sollozo cuando pienso.
Soy un castillo indefenso,
soy una inútil certeza:
se arruinó la fortaleza
cuando murió el verbo amar.
Y nunca supe gritar:
perdonadme la tristeza.

CRUCERO DE SAN JULIÁN

Asimétrica querencia
del barrio hilado a voleo:
la niñez de Promoteo
y el redoble de conciencia

para defender la vida
—la pedrada, la caída,
la cintura y el bolero—:
agua manantial, Crucero,
de lo que tu pueblo olvida

RENUNCIO A MORIR
(cuarto menguante)

Alguna vez se había preguntado
qué arrebato, qué bárbara osadía
condujera
aquella mano joven
a tanta desmesura,
a renuncia tan ciega, tan fuera de su sitio,
tan desalmadamente llena
de varón:
el no podría
renunciar a morir
después de haber amado tanto.

Ahora,
bajo la luz severa del verano,
en la ciénaga de oro
os anuncio mi muerte
—tardará, porque debo
hacer algunas cosas prescindibles
que prometí hace tiempo—.

Y os juro por sus ojos
que sigue siendo de oro
la hoja de aquel árbol.

LA NIÑA
(Sonatina para Elisa)

Alondra de mocedad,
lo que la eleva del suelo
—las alas libres del vuelo—
no es fruto de la edad:
son plumas de libertad,
suyas desde el primer día.
Eternidad sin consciencia,
¡ay, Elisa, vida mía!,
que unos llaman alegría
y que se llama inocencia.

MIRADA ÚLTIMA
(desde la orilla de un mar llamado Antonio)

Corazón que fuera ayer
un arpegio del piano
y una herida de mujer.

Con desangelada mano
borró el tiempo aquellas horas,
las hojas de aquel verano.

De tu soledad sonora
se fue el vuelo del halcón,
el agua oculta que llora

y el oro de tu canción:
tu pretérito imperfecto
ya es silencio, corazón…

(Por exceso, por defecto
quiere cantar la cabeza,
mas no canta el intelecto)

Tu silenciosa certeza,
espina que se desclava…
que es amor y que es tristeza.

(Que asedia el mar – Ediciones Hisperión)

Impactos: 17

Te sugiero seguir leyendo...
Cuando el mar ya esté sin agua,cuando el viento ya haya huido,cuando sientas la piraguacomo el hierro que en la fraguapor el medio se ha partido.