MI REFUGIO

Bernardo López García (poeta sugerido)

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Mi refugio es escribir
¿poesía?
o algo para mi que se le parezca,
consciente
que cada día lo hago peor,
que he perdido la motivación,
la ilusión,
las ganas.
Lo mismo me aplico y leo a María Emilia Cornejo,
la ignota y desgraciada poeta peruana
que echó el telón a su corta estancia a los veintitrés años,
sintiéndose incomprendida
¡qué triste!
por los mismos escritores, los hombres, de su época,
la misma que parió esa frase de:
‘soy la muchacha mala de la historia’.
Y me deprimo.
Que escucho atento el relato,
la otra aventura  de superación imposible de una mujer,
Marta Fernández,
minusválida,
adoptada,
que hoy hace ostentación de padres
y adora a los cuatro,
campeona de natación,
escritora, actriz, cantante,
la reina de la vitalidad
que me viene a recordar cuando yo era yo
y no lo que ahora lamentablemente soy,
e intento subirme por las paredes,
consciente
que ya no me quedan fuerzas
para seguir…
viviendo…
más.

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Bernardo López García

El amor divino

SONETO
La esclavitud en el amor adora,
y la miseria en los altares clama;
la pena llega a Dios, cuando le llama;
el hombre llega a Dios, cuando le implora.

Ya la estatua del mundo vencedora 
no es el guerrero que postró a la fama;
es el martirio que a Nerón infama;
es el pecado que en el templo llora.

Los que lloráis… ¡amad…! grande y fecundo
rompe el amor los lazos con que oprimen
el vicio infame y el dolor profundo;

ante su altar esperan los que gimen;
una explosión de amor, dio vida al mundo,
otra después, lo redimió del crimen.

Ruinas

Arcos, templos, columnas seculares
ceniza son no más; en polvo vano,
Sidó reflejo del poder humano,
ve rodar sus sepulcros y sus lares,

de Roma la pagana, los altares
se hacinan sobre el mundo grano a grano;
Venus sin tronco, sin cabeza Jano
coronan sin pudor los muladares.

Los gimnasios, el circo, el ateneo
cayendo van; su túnica divina
cede el genio a la muerte por trofeo;

y el tiempo canta cuando así camina,
al Gran Poder, que puede a su deseo
hacer de la creación una ruina.

Oda al Dos de Mayo

Oigo, patria, tu aflicción,
y escucho el triste concierto
que forman, tocando a muerto,
la campana y el cañón;
sobre tu invicto pendón
miro flotantes pendones,
y oigo alzarse a otras regiones
en estrofas funerarias,
de la iglesia las plegarias,
y del arte las canciones.

Lloras, porque te insultaron
los que su amor te ofrecieron
¡a ti, a quien siempre temieron
porque tu gloria admiraron;
a ti, por quien se inclinaron
los mundos de zona a zona;
a ti, soberbia matrona
que, libre de extraño yugo,
no has tenido más verdugo
que el peso de tu corona!

Doquiera la mente mía
sus alas rápidas lleva,
allí un sepulcro se eleva
contando tu valentía.
Desde la cumbre bravía
que el sol indio tornasola,
hasta el África, que inmola
sus hijos en torpe guerra,
¡no hay un puñado de tierra
sin una tumba española!

Tembló el orbe a tus legiones,
y de la espantada esfera
sujetaron la carrera
las garras de tus leones.
Nadie humilló tus pendones
ni te arrancó la victoria;
pues de tu gigante gloria
no cabe el rayo fecundo,
ni en los ámbitos del mundo,
ni en el libro de la historia.

Siempre en lucha desigual
cantan tu invicta arrogancia,
Sagunto, Cádiz, Numancia,
Zaragoza y San Marcial.
En tu suelo virginal
no arraigan extraños fueros;
porque, indómitos y fieros,
saben hacer sus vasallos
frenos para sus caballos
con los cetros extranjeros.

Y aún hubo en la tierra un hombre
que osó profanar tu manto.
¡Espacio falta a mi canto
para maldecir su nombre!
Sin que el recuerdo me asombre,
con ansia abriré la historia;
¡presta luz a mi memoria!
y el mundo y la patria, a coro,
oirán el himno sonoro
de tus recuerdos de gloria.

Aquel genio de ambición
que, en su delirio profundo,
cantando guerra, hizo al mundo
sepulcro de su nación,
hirió al ibero león
ansiando a España regir;
y no llegó a percibir,
ebrio de orgullo y poder,
que no puede esclavo ser,
pueblo que sabe morir.

¡Guerra! clamó ante el altar
el sacerdote con ira;
¡guerra! repitió la lira
con indómito cantar:
¡guerra! gritó al despertar
el pueblo que al mundo aterra;
y cuando en hispana tierra
pasos extraños se oyeron,
hasta las tumbas se abrieron
gritando: ¡Venganza y guerra!

La virgen, con patrio ardor,
ansiosa salta del lecho;
el niño bebe en su pecho
odio a muerte al invasor;
la madre mata su amor,
y, cuando calmado está,
grita al hijo que se va:
¡Pues que la patria lo quiere,
lánzate al combate, y muere:
tu madre te vengará!

Y suenan patrias canciones
cantando santos deberes;
y van roncas las mujeres
empujando los cañones;
al pie de libres pendones
el grito de patria zumba
y el rudo cañón retumba,
y el vil invasor se aterra,
y al suelo le falta tierra
para cubrir tanta tumba!

¡Mártires de la lealtad,
que del honor al arrullo
fuisteis de la patria orgullo
y honra de la humanidad,
¡en la tumba descansad!
que el valiente pueblo ibero
jura con rostro altanero
que, hasta que España sucumba,
no pisará vuestra tumba
la planta del extranjero!

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Vertiendo voy mis versos por la playacubriendo alguna estrofa con la arena,-el agua si ve un hueco va y lo llena-,o trata de fingir que se desmayao imita a una cadena.