MORIR, MATAR, MORIR

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Fue justo que dejaron de matarse
que yo llegué hasta aquí como un turista,
otro más que apuntaron a la lista
posible otro matón para vengarse.

Otro más del montón, otro paisano,
otro más de los suyos, de los nuestros,
destinado a linchar a otros cabestros
y el arma de matar siempre en la mano.

Otro borrego más de la manada,
otro títere más o marioneta,
a la que habrán de darle la escopeta
y enseñarlos a usar, no decir nada.

Que justo fue llegar yo en el cuarenta
que esta España firmaba una amnistía,
en Burgos fue. Y fue en la sacristía
que el agua rezumó sangre sedienta.

Esta es, triste, la vida del payaso
que debiera hacer reír. Y es el sufrir
que le acecha en la estancia a cada paso,
y ese ansia por saciar: matar, morir.
©donaciano bueno

Acababa la guerra civil española. Antiguamente, cuando se declaraba una guerra, los Generales se ponían al frente del ejército. Hoy ellos se quedan en la retaguardia con aire acondicionado y envían a sus cabestros, sin preguntarles, a morir.

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