QUE ACABE YA ESE CALVARIO

»Mi Poeta aquí sugerido: Astrid Salazar

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La noche es otro día que está a oscuras,
las luces se han fundido,
preguntas pues no sabes por qué ha sido,
te dicen ten a mano las suturas,
mejor que les preguntes a los curas,
te roban la cartera en un descuido.

El ojo en que te miras ya no ves,
que allí todo son sombras,
ignora y da un traspiés pues no hay alfombras,
y vuelta a tropezar y otro traspiés,
que en ella no hay derecho ni revés
y solo a Dios recurres y le nombras.

Se encuentra uno cual pollo sin cabeza,
pues todo es un misterio,
te invita a meditar y a poner serio
e incluso quien no cree va y le reza
y pide que, embargado de tristeza,
por dios que no le lleve al cementerio.

Y anhela que por fin se haga la luz,
que salga en su defensa,
haciéndole un favor o en recompensa
se acabe de una vez con esa cruz
así que solamente vea al trasluz
a cambio ha de guardarse lo que piensa.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Astrid Salazar

Astrid Salazar

72 horas

¿Te han dolido las dendritas?
hay un río de ellas con tu nombre acá dentro.

Contigo, lo sé,
no estuviera contando los segundos
de una Venezuela a oscuras.
Contigo, lo sé,
estuviera frente al mar Caribe
o hiciéramos camping
en estos sitios de Maracay
con sus inagotables plantas eléctricas.
Contigo, lo sé,
nada de estas 72 horas
hubiera afectado
a este cuarto en penumbras
a este velón agotándose
a este espíritu sin nombre despertándome.

Doy por sentado
que una décima partida de scrabble
nos haría discutir
y al celular no le importaría
la descarga.

Ya ves, nada me ha hecho olvidarte,
todo lo contrario.
¿Te han dolido las dendritas?

Promesa

Tranquilo, pronto dejaré de escribirte
quizás mañana o el próximo mes

cuando en mis ojos no exista
el peso de estos niños asistidos
con un respirador manual

cuando mi espalda descanse
de esta bombona acuesta

cuando mi olfato no detecte
la carne putrefacta
al pasar por Emergencias

cuando mis manos dejen de sostener
la sangre del vecino

cuando mi boca cierre el asombro
por los saqueos de este diez de marzo

y cuando al riñón le toque su turno.

Tranquilo, pronto dejaré de escribirte
quizás mañana o el próximo mes

cuando este epiléptico país
deje de estar a oscuras

cuando en mis labios se pose
el agua potable

cuando estos veintitrés muertos
dejen de susurrarme al oído.

Pronto.
No te apures.
No me apures.

Respiro hondo tal como me lo enseñaste

desconectada desconectados.


dejaré de escribirte

te daré descanso.

Miedo

He buscado todas tus notas de voz
y acá estoy

escucho una a una

perdona si te enmudezco
pero es la única forma de cobijarme

de traerte aquí.

Sólo por esta vez
vence mi oscuridad
rompe con estas ganas de quedarme sola sola sola

el hielo volvió a mis huesos
y me retuerce
no hay lectura que me abrigue

entra en mis surcos

una palabra tuya bastará para sanar.

Poesía

Un 21 de marzo
cuando se retiraba la tarde
dormí en tu pecho.
Viajé hacia tu casa
donde me diste un patio
con alfombra de hojas verdes y secas,
una mata de mango para guindar las letras
la bromelia, el jardín de suculentas.
Me fui despacio hacia tus venas
y cada cuarto estaba hecho
de cajas y maletas; el pasado no podía salirse, el futuro ahí a la espera.
Dudo si este recuerdo sea el poema
ahora cuando el cristofué se posa en la rama y el aroma a café se cuela.
No hubo pacto
no hay promesas
sólo yo desde la hamaca
meso tu ausencia
y esta noche es tu pecho almibarado
mi hogar calma. Quietud plena.

Pozo

Pasó el año

y aún remojo en eucaliptos las sombras
de un cuello estrangulado
de una piel lacerada
de una voz con su eterno jaque mate
miento al decirte que el pasado ya no me toca
todavía se me va el oxígeno
y paso la noche hablándole a un dios sordo.
Miro desconcharse el techo
paso el seguro de la puerta cuarenta y dos veces
y me pregunto cuándo compraré el candado, quizás eso ayude. Me resigno.
Leche tibia, agüita dulce, manzanilla. ¿Quién se atreve a venir a esta casa?
Las letras ya no dan la bienvenida. Ya no puedo hacer lo que me piden.
No bebas de mí.
Porque sólo soy este pozo que tiembla cuando te asomas.

Puente

Soy un puente
lo sé
me lo cantan en susurros mis ancestros.
Conecto la noche con el día
y sólo los que buscan la luz
han de atravesarme.
Mi propósito está escrito.
Aunque a veces rompa las ventanas
y me beba todas las cervezas de la barra.
Muchos se quedan a mitad del camino
mirando cómo corre el agua por mis piernas.
Otros se detienen por varios días,
a veces sólo por horas cuando el sol está por despedirse.
Y duermen arropados de estrellas y luciérnagas.
Una vez cruzó en mí un hombre alto
su Alma también era de puente
fue la única vez que respiré
pintó las barandas, barrió las huellas,
pulió los peldaños, cambió casi todas las maderas.
Y para quienes iban descalzos puso una alfombra de eterna primavera.
Tu trabajo también puede ser este, me dijo.
En ese instante ninguna otra voz se aferró a mis oídos.
Soy un puente
lo sé
pero hay pisadas tan fuertes
¡Dios mío!
Mírame.
Rota
descolgada.
Busco un nuevo sitio mientras bailo sola en la pista. Ebria. Extraviada.
Sin paso.

Cariño mío

Dame un chance para que me termine esta cerveza
porque no sé cómo coño dejo ir tu olor de mi piel
tampoco cómo dejo de mirarte, cariño mío.
Afuera el cielo prepara una tormenta
Maracay desde la avenida Bermúdez es gris y enguayabada
¡Ay, Astrid! Qué Maracay y qué avenida
no me des tregua
te vinieron a joder, otra vez,
ahora tienes que recoger el reguero de la lluvia
echa el corazón en el pipote
ese mochuelo tiene su nido
pendejita de un mes, muñequita de Jerez.
Recuerdo que hace un año
y hasta ayer mismo rezabas
pidiendo que nadie más entrara a romperte los ovarios,
a burlarse porque se está mejor sin ti
sin el peso de este oficio
la escribidera
la entrega
el todo o la nada
cuánto tiempo pierdes
poeta
no hay Dios que escuche
tira del gatillo
1
2
3.

Ego

Esta otra que soy
habita en una editorial.
Duerme arropada de libros
y souvenirs de la memoria.
La mirada de ella
es la otra mitad de mí.
Y es ese 50%
quien escribe estas líneas.
Ella
destruyó instituciones
hizo de lado los tabúes.
No pidió permiso para su vuelo.
Ni mucho menos para su canto.
Ella
quien insiste en repetir el error
para, desde algún bar, llorarlo siempre.
Es Astrid.
No hay un solo tropiezo,
ni una sola metida de pata
que no me pertenezca.
Toda esta ruina que soy
es mi mejor edificación.
No hay otro arquitecto.
No existe otra persona
capaz de merecer estos pedacitos de mí.
Y si alguna vez pronuncié algún nombre
fue porque yo quise nombrarlo,
rey, conde o plebeyo.
Fui yo
quien vendió las entradas VIP.
Fui yo
quien puso la alarma
para despertar el día, a la hora exacta
de la pena.
Acá no entró nadie sin su pase.
No hubo arroceros.
Creí en la dedicatoria del libro
en el poema debajo de mi almohada
en la canción hecha con mi nombre y apellido.
Creí en el para siempre
como en el hasta que nos dure.
Caminé a escondidas por ser la bruja malvada
pero también fui princesa de todo el reino.
Estuve en las nubes
y me dejé caer en las brasas.
Estrellé mi cabeza contra el asfalto
y la sangre que aún corre entre las grietas
la veo pasar. Y como si no me doliera. Vivo
cosiéndome la herida.
Porque no supe quedarme donde me querían
ni hija
ni esposa
ni amante
ni mucho menos madre.
Me lo dejé, muy en claro, como lista de mercado pegada a la puerta de la nevera.
Y aquí estoy, casa 83 de La Esperanza.
Barro las huellas, las guindo al sol.
Echo sal en cada uno de los rincones,
haciéndole caso a mis latidos
que son como el croar de una ranita en su estanque.
Y aunque todo me haya salido de la patada.
No llevo la culpa de seguir a otros.
No tuve manual
pero lo escribo a diario
e hice el mejor brebaje
para que el amor me exterminara.
Lo confieso. Muero en cada sorbo
pero voy sin deudas
como Astrid. La Cartonera.
Perdonándome.

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