QUÉ TRISTE ES NO SABER

»Mi Poeta aquí sugerido: Federico Gallego Ripoll

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Qué triste es no saber para qué vives,
a dónde debes ir, si a paso lento,
precisas de pararte algún momento
o incluso descubrir para qué escribes.

Andar así sin rumbo es aún más triste
no viendo qué te espera en tu destino,
trocando a tu cerebro en peregrino
del día, hasta el de hoy, en que naciste.

Dudando  si es que tienes o mereces
la estrella que decida tu destino
y aclare tu espíritu con creces.

Y evite que te sientas cual las nueces
sanas, hueras, si no eres adivino,
hasta al fin las machaque el cascanueces.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Federico Gallego Ripoll

Federico Gallego Ripoll

UNA PEQUEÑA IDEA DE FELICIDAD

¿Por qué no pensar que al fin seremos árboles,
por qué no desearlo,
por qué no confiar en la misericordia del destino?
Árboles firmes soportando el viento,
despertando a los pájaros al alba,
recogiendo las nubes cada tarde
antes de repartir
el violeta preciso a cada una.

Árboles infinitos confortando en su duda
a la tímida luz de las estrellas,
saludando en su tránsito a los paisajes viajeros
con un gesto común a todos sus idiomas.

Árboles felices sin temer a la vida,
preservando a los tigres del furor de los hombres,
preservando a los hombres del furor de los hombres;
árboles sin conciencia, sin pecado, sin miedo,
regalando su sombra a las hormigas,
dueños de la certeza de lo inútil,
hermosos como amantes en silencio
ardiendo dulcemente en el ocaso.

LOS POETAS INVISIBLES

Los poetas invisibles
escriben poemas invisibles
con palabras invisibles
sobre cuadernos invisibles.

Hay lectores invisibles
que les regalan sus ojos invisibles
y estantes invisibles
sobre los que descansan sus sueños invisibles.

Reciben premios invisibles
y aceptan las críticas invisibles
que a veces subrayan la evidencia
de su absurdo intento de visibilidad.

Pero a nadie privan de su sitio,
su ventana o su columna:
nadie habrá de preocuparse
de retrasar su camino por ellos.

Porque también tienen vendas invisibles,
quirófanos invisibles
y sufridos enterradores invisibles
que, tras cumplir con su trabajo,
beben a su salud en tabernas invisibles,
de regreso hacia sus casas invisibles.

(Pavesas)

Este gesto concreto manifiesta lo que de ti perdura.
Lees tu inmortalidad.
Consciente de lo escrito,
participo del gozo del reencuentro,
cuando tú y yo seamos agua de un mismo río,
dulzor geométrico en la ebullición de la colmena,
pavesas adyacentes que en la noche del hombre
iluminan durante un instante
el espacio que brota del canto de un pájaro
sorprendido de su propio vuelo.

Dedicatoria

Así en la tierra como en tu cuerpo
hágase la voluntad de los amantes.

Así en el miedo como en la espera
crezca la flor azul de la cumbre prometida.

Así en la plenitud como en el tedio
no se extingan los besos de las madres.

Así en el mar oscuro como en el fuego blanco
sobreviva la luz a la tormenta.

Así en la tempestad como en tus ojos
amanezca la esperanza
y el canto de los pájaros persista.

Así en tus horas lentas como en los ríos altos
sea la espuma azúcar para los labios tristes.

Así en tu corazón como en mi alcoba
no huya el amor al alba.

Y en el mundo que hereden nuestros hijos
no persevere la sequía
ni se expanda ningún dolor inútil,
y la paz recupere la memoria,
y se callen los hombres si no dicen verdad.

La quieta travesía

Es bajo el agua que el agua mueve el mundo.

Su fuerza está en su móvil paradoja,
cuando en verdad regresa mientras va.

La espuma pone música a ese gesto de avance,
pero es bajo la ola que el mar vuelve a su origen,

a su silencio, al nuestro,
al silencio,

una y otra vez,
interminable.

Quién pudiera sentir, en medio de esta duda
que nos alza la tienda y nos cobija,
la cierta claridad de su memoria.

La memoria del agua:
de ahí venimos todos, mientras vamos.

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