UN HOMBRE Y SU DUDA/

Ana Gorría (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Que ha llegado hasta aquí sin tener casa,
sin nada, ni sustento que alimente,
le impulsa a presentirse indiferente,
ausente de la vida y lo que pasa,
dudando si es que vive o lo presiente.

Brotando de la herida a borbotones
sintiendo que la llaga no restaña
ha intentado meterme en la maraña
del mundo irracional y apreciaciones
de esa lluvia de cieno que le empaña.

Y ha bajado y subido a sus mansiones
donde dicen que anida el raciocinio,
cual aducen que lo hizo el joven Plinio,
y ha tratado de hurgar las emociones
sin tener de las mismas su dominio.

Y ha brincado plagiando a los bribones
que se atreve a saltar de rama en rama
intentando ascender a alguna cama
a través de ventanas y balcones
sin saber si era aquella a la que ama.

Y así fuera que no sea el más listo
en las telas de araña se ha enredado
y en lucha por salir más se ha embrollado
para luego llegar y darse el pisto
evitando señalen despistado.

Sólo sabe, hay quien dice, él es un hombre
que ha llegado a arrojarse hacia el abismo,
difícil y el más arduo silogismo,
sólo un ser que no tiene quien le nombre,
y quiere ser quien piensa, ser él mismo.
©donaciano bueno

¿Conoces a Ana Gorría? Lee/escucha algunos de sus poemas

Ana Gorría

Spider

Louise Bourgeois

A solas con la fiebre,
temblando,
sobre la niebla azul

qué camino trazar,
por qué la urgencia
a quién alzar
este
alfiler de vidrio
incandescente,

cómo cesar la luz,
dónde
depositar
los firmamentos

que arrastro entre las manos,

sin voz,
con la emergencia del hambriento

que niega los eclipses,

el óxido ordinario de las tardes,
lo fácil de las líneas,

que apuesta el estupor
a la temeridad de las visiones,
con la fe del que arriesga
en el costado
la sal de la victoria.

Ovillo

Como una cucaracha boca arriba, roza la voz las cosas,
tocándolas en vano.
Como madeja sucia de hilo negro, la voluntad baldía.
Soñar y deshacerse.
Y lejos, el fantasma que condena. El látigo apagado.
Los naufragios.

Escombrada

Es la cornisa rota y el mundo que se cae.

Igual que el sueño, vuelve
la tarde a ser carne apagada,
cáncer en las paredes de la luz.

Oscuridad que tiembla en un alambre.
Del libro “Araña” (El gaviero ediciones, 2005)

en ausencia de símbolos

la voz en su mediana incandescencia
así
la lejanía
leve espiral de sol
vientre
llanto

decir es lo que duele

entraña

golpe tras golpe
como pólvora seca
sobre la escarcha
Del libro “El presente desnudo” (Cuadro de tiza ediciones, 2011)

UMBILICAL

si estación transparente resuelta en luz herida
lento espacio sin voz
abriéndose a la tierra
canción hasta el dolor sueño de cal:
ardiendo
qué hilo no nos separa de la nada.

Trasluz

Hogueras que se encienden en las faldas del sueño:
la luz, que no dormida, agota las luciérnagas.

Enfermo de horizonte, el cansancio que incendia
su clave de amapola.

Los párpados cansados de la noche,
la altura de la luz,
su almena rota,
el dardo meridiano que se extingue
después de las ventanas.

 
¿Por qué tienes ojeras esta tarde?
¿Dónde estabas, amor, de madrugada,
cuando busqué tu palidez cobarde
en la nieve sin sol de la almohada?Tienes la línea de los labios fría,
fría por algún beso mal pagado;
beso que yo no sé quién te daría,
pero que estoy seguro que te han dado.
¿Qué terciopelo negro te amorena
el perfil de tus ojos de buen trigo?
¿Qué azul de vena o mapa te condena
al látigo de miel de mi castigo?
¿Y por qué me causaste esta pena
si sabes, ¡ay amor! que soy tu amigo?

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