CON MI SUEÑO EN LA MOCHILA/

Mario Islasáinz (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Iba yo con mi sueño en la mochila
rampando por la vida tan campante,
cual avanza el ingenuo que espabila
o el amor se encandila hacia el amante,

la luna que al paisaje le vigila,
la sombra en movimiento atrás y alante,
el agua que rebasa de una pila,
orgullo que se muestra petulante.

Iba yo dando saltos en la acera
de un jardín donde el aire era belleza,
las risas se apostaban a mi vera,
los pájaros besaban mi cabeza,

muchachas me sacaban los colores,
las flores con su olor me perfumaban,
de frutas degustando sus sabores,
violines que en el cielo se asomaban.

Iba yo sin saber por donde iba
tal fue así que a un gran pozo me caí,
pasa eso cuando vas a la deriva
y no hay nadie que sacar pueda de ahí.
©donaciano bueno

Si el sueño fuera (como dicen) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?
(Jorge Luis Borges)

POETA SUGERIDO: Mario Islasáinz

Mario Islasáinz

Inocente

Recojo el miedo de la noche
sólo para unirme a tus recuerdos
y llenarme de ambos.
El sereno recorre las horas
erizándome los sentidos;
te temo exactamente igual.
Estoy aquí,
extrañando amanecer en silencio,
porque las palabras
eran funciones olvidadas,
respiros nocturnales en el pasillo
por donde debía marchar
a las asquerosas calles
rebotando a solas por las aceras
como vil vaso desechable.
Por eso espero a que amanezca,
a que la aurora penetre en ti
y en mis temores;
aceptando ésta noche
ser un día y número más
de lo que va de vida.
Salgo entonces,
recogiendo el miedo
que padezco por las aceras
y me declaro inocente
por seguir amando la libertad.

¿Por qué el silencio niña?,

es tarde y los motores de los autos
estremecen el asfaltado corazón de las calles.
El silencio es un animal que daña, extraña,
y no se cómo armar al decantado cielo
que se oculta tras la lluvia atípica
se va metiendo indolente en las entrañas.
Tampoco sé colgar en las estrellas la desnudez
de todos los segundos que transitan por cada
sílaba de la palabra olvido.
Paseo la memoria que se extiende a cada paso
en el murmullo que despierta la noche
cuando tu sombra degüella la silueta
de los pájaros.
Y cuando se quiere eliminar, como a ti, se extraña,
la ciudad se agranda
y se nutren las nubes en el espejo
de charcas astilladas por las ruedas
de los autos – caleidoscopio perdido en una rosa-,
por ello tenlo contigo huraña,
o es acaso una artimaña.
Las huellas de mis ansias deambulan
sin prisa entre la pátina del jueves,
entre los tambos de basura,
entre las sombras que se visten
con los aretes de jueves que luce la semana.
No importa niña,
sigue dándomelo cada mañana,
busco en tus senos el jueves nuestro
-de cada día-
y en la ternura del canto las lágrimas
de lluvia atípica,
que yo en la necedad de ti, niña,
no dejo de florecer sorteando mañas.
Es tarde y los motores de los autos
no cesarán de estremecer las calles
que amenazan con exterminar
con este día.

AY DE MÍ

Sentado,
repto por entre la náusea de pasillos
que significan la vida,
rapto momentos de ayer
para entretenerlos hoy
ante la ruptura de lo irreal.

Fin del principio
en esta angustiante etapa,
atraviesas hasta el centro
de las vivencias y revives
intentando redimir lo sucedido.

Las garzas que han volado
por encima de las alfombras verdes,
nada tienen que ver
respecto a las gaviotas de arena dorada
y mar azul:
adorada imagen que se regodea
de ser la única interna
en este espacio.

Luz de sol,
soledad de estar solo
en el sólido paraje que se
enfrenta:
soledumbre.

No me levanto,
y asido, menos,
no podría hacerlo
en el país que padezco
sin quererlo.

Ay de mí,
un ilusorio corredor me aguarda,
mientras, iluso ignoro
por qué deseo ilusionado
continuar aquí,
sumido en esta desazón
que lastima.

Cuando llegué y te vi ahí

lo supe
jamás volverá a ser lo mismo
qué difícil
y es que estabas tan bella
tan distinta
tan tú sin serlo ahora
pero eras
bastó mirarte a los ojos que resaltaban
azules
inmensos océanos inquietos
verdaderos
vertederos en donde me arrojé
mil veces
luego de convertirte en mujer
ahora
sé que fuiste de otros y muchos
asesinos
certero hachazo a la inocencia
indecente
matar para ponerte gruesas joyas
doradas
que te adornan todo el cuerpo
maduro
investida en ropas que desconozco
pobreza
de la que huiste ambiciosa
la tierra
es para los jodidos como yo dijiste
cobardes
que vivimos del sudor de nuestras frentes
me voy
mis aterradas manos no sirven para zafarte el cuello
no saben
cuelgas de un puente peatonal muy pelón
y sola
que el recuerdo y un dios de haberlo
te salven.

He de decirte que me expongo.

que alzo la voz desde el silencio trasero
para que la vida no pase sin mí
la próxima estación.
Que la locura me pide por las noches
hacer una verso verde
que brille sobre tu almohada
como sobre la cordura
duerme el arrepentimiento.
Se me ha ido olvidando llover,
tus gotas desesperadas
mojan las escaleras de mi garganta.
Me crecen gritos,
pero mi boca no los deja salir,
desayuno rutinas
y me invento ilusiones de arena
con las que descalzo
colecciono espejos quebrados
en donde verme roto,
he de decirte que a veces,
me voy poniendo triste
para poderme doler.

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