A LA BÚSQUEDA DEL TIEMPO PERDIDO

»Mi Poeta sugerido: Byron Espinoza

MI POEMA…de medio pelo Lee otros poemas ESPIRITUALES

 

Donde quiera que estés yo aquí te reto,
de nada sirve ocultes o te escondas,
que labres entre nos un parapeto,
me ignores o me faltes al respeto
ni intentes a mi hacerme trapisondas.

Repito te he buscado con ahínco
saltándome los dimes y diretes,
allí donde estuvieres yo di un brinco
algunas veces más de veinticinco,
y no he logrado ver donde te metes.

Prometo que yo he puesto de mi parte
y a veces me he sentido don Quijote,
sacando a pasear a tu estandarte
y he luchado sin luz por encontrarte
y he dejado afeitarme hasta el bigote.

Comprende poco tiempo ya me espera
y así fuera un minuto, no renuncio,
si es preciso, buscando la escalera
subiendo a descubrir si eres quimera,
o simplemente el copy de un anuncio.
©donaciano bueno

Pues si Dios me ha hecho y dado una razón a qué viene traicionarla? Clic para tuitear

He tomado este título del libro de Marcel Proust “a la recherche du temps pardú” haciendo un símil del tiempo que pasamos en la vida buscando a un ser superior a sabiendas de que nunca lo vamos a encontrar.

MI POETA SUGERIDO: Byron Espinoza

Byron Espinoza

Ahora

Ahora
el tiempo nos amamanta
la luz florece en las entrañas
disipando laberintos.
Ahora
me dices cosas tan distintas
como el sol o la hormiga.

Ahora que la pureza de la sangre sigue siendo decisiva
el viento celebra en las aceras
el momento mágico
de tus manos
en las calles de mi rostro.

Carne

Mi deseo
es un nudo de noches largas
Y el tuyo?
Minor Piedra

Carne…
Placer.

Sentido.
Eternas paredes de excitación y música revolviéndose en simétricos mordiscos.
(Desnudo).
La cama.
El cuarto.
Tus manos hechas raíz en cada milímetro de mi cuerpo.
Un nuevo placer.
Nubes de piel y órganos rozándose. Abismos entre el sudor y el semen. Surcos de saliva y caminos lubricados.

Más placer.
Mis ojos penetrando tu vientre.
Escapar del orgasmo en tu boca.
(Jugar con las manchas de la pared. Con los precios detrás de la puerta).
Saberme diminuto en tus costillas. Amamantado de corales. Abejones caminando sobre mis testículos. Una luna resquebrajada puesta para adornar tus quejidos. Tus uñas abriéndome espalda y deseo. Palabras. Látigos de cuerpo y pan en migajas. Gritos bajos. Noche…
Amanecer con piel en las uñas.

Deletreo en tu carne

Deletreo en tu carne
tantos laberintos
formas tan distintas de inventarte.
En tu piel descubro
el por qué
de escarabajos y amapolas.
Tú y yo lo sabemos:
aunque reviente el hielo contra las rocas
siempre tendremos piel
para renovar el fuego.

Descuartízame

Descuartízame
y luego
almacena mis restos
en la bodega de tus párpados
para que
así
recuerdes tu flagelo
y te duelan más que a mí
los cuchillos del sexo.

Lamo la raíz de tu espalda

Debajo de mi cuerpo seguía el tuyo,
y tu boca debajo de mi boca.
Antonio Gala

Lamo la raíz de tu espalda
entretejo el fruto de tu carne
a mis glándulas gustativas.
Ahí respiro catedrales
las convierto en orgásmicas visiones.
Muerdo la alfombra de tus pasos
la transformo en libélulas
que me trago mientras me sueñas hacerlo.
Nos enfrentamos rompemos nuestra piel con espejos de saliva
desdibujamos paredes
ventanas que se levantan en los ojos.
Asimilo el ritmo de tu cardinal hermosura.
Se condensa el eclipse del sudor. Asimilas la locura de cada párpado.
Derribas los castillos de la sonrisa
los transformas en pequeños insectos
que carcomen nuestras ansias
y nos hacen parte de la galaxia del cuarto.

Seremos mutuo acuerdo

Seremos mutuo acuerdo
después del viento
y los jocotes
después del pan y la ceniza.
Seremos piel
después de las arañas
y los lagartos
después de las preguntas necesarias
y los eclipses indescifrables.
Seremos minuto sostenido
después de la poesía
y sus fantasmas
después de las almendras
y las hormigas.
(Miel y agua
después del sexo
y sus prisiones)
Pero ante todo:
SEREMOS.

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No me mueve, mi Dios, para quererte (Anónimo)
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

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