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1º MADRID ERA UNA FIESTA (mi poema)

2º El poeta sugerido: ''Marisa Martínez Pérsico''

MI POEMA…de medio pelo Lee otros poemas FANTÁSTICOS

 

Recuerdos de un chulapo en los domingos
marchando a disfrutar de las verbenas,
ansiando ser capricho de las nenas,
y a veces con pesar yendo a los bingos
tratando de al amor curar las penas.

Madrid, cual Baden Baden, una fiesta
y el fútbol, si tocaba*, mi pasión,
siguiendo a lo que hacía la afición,
bocata calamares como ingesta
y el vino en buena bota el colofón.

De noche la visita a los mesones
en busca de una oveja descarriada,
mejor si esa turista despistada
quería compartir sus emociones
tomando a nuestra casa de posada.

Que aquello era vivir y hoy en mis ojos
apenas si perciben la neblina
de un tiempo que pasó, que era una mina
de incendios a apagar, con sus antojos,
echando más al fuego gasolina.
©donaciano bueno

#Madrid bien vale una misa? Clic para tuitear

*Aquellos en que jugaba el Real Madrid en el Santiago Bernabeu.

**La frase es verdaderamente ingeniosa que hizo fortuna: “Madrid en agosto, con dinero y sin familia, Baden-Baden”. Se atribuye a Francisco Silvela, madrileño de nación y líder regeneracionista del Partido Conservador. Se refería al Madrid de hace un siglo, una ciudad bastante incómoda y más contaminada que la actual. Baden-Baden es una ciudad balneario de Alemania, que tuvo termas romanas. Las puso de moda la emperatriz Eugenia de Montijo a mediados del siglo XIX. La comparación era hiperbólica para Madrid, pero se entiende la intención. La diáspora de agosto hace a la capital especialmente amable. No hace tanto calor.

MI POETA SUGERIDO: Marisa Martínez Pérsico

Marisa Martínez Pérsico

Francotiradores de Sarajevo

¿Por qué no vamos
de vacaciones a Bosnia?
Ha sido tu pregunta
de estos años.

Hojeabas la revista Bell’Europa
y andabas por la casa
con un cuadro
del antiguo cementerio judío.

En la foto de la tienda
que reza “Cvjecara”
las flores germinan en la roca
a través de los impactos
de mortero.

Hay orquídeas en venta,
para los amantes
y los muertos, me decías.

¿Por qué no organizar
un viaje a Herzegovina,
este verano?

Estabas triste a destiempo.

Por entonces
eras solo un muchacho
de familia opulenta
que franqueaba el confín
de los Balcanes
por tumbarse en las playas
sin bombas del Egeo.

Pero es fácil ser lírico
con la tragedia ajena.

Pavonearse entre los símbolos
con temas prestados
sin usar las rodillas
como patas de perro
por burlar a los maquis
del Bulevar Selimovica.

¿Por qué no vamos
a Mostar,
aunque sea unos días?

Yo tenía trece años.
El padre de mi amiga
amanecía pegado
a una emisora europea
para oír del asedio,
de su hermano en Markale,
de esa Miss Universo
coronada
en un sótano.

Yo escuchaba The Cult
en la otra sala.

La pureza no duele
cuando el mal no nos toca.
Después de Sarajevo
no es posible mirar una criatura
sin vendarse los ojos.

No volviste a insistir.

La llevarás, ahora, de la mano
al osario de tórtolas
del cuadro.

Y todo está en su sitio,
amor,
no te disculpes.

Yo tendré otras montañas.

Lenitivo

No hay
como leer cartas de amor
de otras épocas.

Esto también pasará.

Reconquista del pasado

Este prado del norte
es el bosque de ovejas
de mi infancia en el sur.

Me lleva siempre a México
un único aeropuerto,
en un vuelo de Avianca.

El vértice izquierdo
de cualquier dormitorio
vio a mi padre morir.

Caminábamos
vestidos de uniforme,
bajo un sol sin sorpresas.
En un rincón del sueño
nos dijimos adiós.
Desde allí, cada sendero
es del color de las losas
que pisamos dormidos.

Quise posar mi oreja en tu costado
por saber si latía, remiso, un corazón.
Desperté antes de tiempo.

Los buques
en que hemos naufragado
van tocando mojones de memoria
al fondear otros puertos peregrinos.

Pero estas calles etruscas
no consienten piratas del asfalto.
Sin tu nombre, mis ojos
desmenuzan
un orbe de jazmines.

La atmósfera respira
de hoja en blanco.

El mundo vuelve a ser
una promesa.

Poética ambulante

Volver,
siempre venir de alguna parte,
invocar el ritual
de la mudanza.

Casa hipocresía

No me importa
que rompas el peldaño que te vuelve
que quieras
que te escondan.

Me interesa
no sepas dominar esta importancia
ni con dos de tus manos
ni con todas las flores
de tu nombre.

Expedición doméstica

Son las siete en Reichsgau
Y en otro punto equidistante
Del planeta.
(Cuando iba a la escuela me gustaba
abrazar el planisferio y calcular
la simetría de los
husos. Siempre supe
que Japón era el revés de Buenos Aires.)

A la tarde me arrojo a la humedad
De la bruma y acaricio
El crepúsculo violeta. Mi cuota de orfandad
Se debilita si recorro las calles
De Carintia.
Ni siquiera me aleja un hemisferio
del espacio que tu cuerpo ocupa.
Pero anoche llovió y
Cómo extrañé tus pasteles de membrillo

El fragor de la cuchara contra
El plato, tu puñado de bucles.
Pinceladas reflejas de sentirte
En casa.
Acá se ve la auriga
Y en los bares se respira olor a Maxim´s.
Es molesto adecuarse a otra rutina.
Nunca acaba por ser del todo tuya y la nostalgia

Persiste.
El té de enebro
Tus cruces y estampitas
Enredar palabras por hablar de golpe
La manera de hacer
un dobladillo.
Golpean
A la puerta. Me levanto a abrirte.
Dejo paso a tu inercia
Y apoyás dos bolsas
En el piso.
¿Qué te pasa?

Te miro como si te desconociera,
Como si un terremoto nos hubiera

Partido, y por la puerta entreabierta
Florecen las clemátides.
Nada. Qué bueno que viniste.

Farewell dos

Adiós a la poesía burda, aquella absurda
maravilla inescrutable,
maremágnum sintagmático del siglo,
metástasis de versos troquelados.
La vanguardia del erizo y del carpincho,
alegrémonos que no entendemos qué bárbaro,
te quiero pero estoy bien light alone
qué oprobio ese vestido de la abuela.
Marketin’ del verso adiós,
adiós.

Tan lejos de nosotras

Las manos de mi hermana
ya tuvieron dos hijos.
Todavía juegan con las mías
en fotos,
porque están a kilómetros de casa.

Sus manos nacieron jardineras
para ordenar
el blanco y el azul, el rojo y el celeste.
Contará una jauría de cruces cada noche
una vida sonora y transparente.

Nuestro patio amaneció cargado de retamas
donde ayer le dibujé
una casa gris de tejas rojas en el margen
de un río. Mis primeras letras
mis últimas palabras.

A veces, antes de dormir, en la penumbra
imagino que aún está, tendida
en la otra cama. Que de pronto
sonará el despertador y mientras ella lo apaga
abrazaré mi conejo
sin apuro
niña náufraga
en la isla sin tiempo de la infancia.

Ahora se despierta a kilómetros de acá
quién sabe qué paisaje
vestirá su ojos negros, su sonrisa apacible.

Ella y yo
tan lejos de nosotras
que nos unen la ruta y un verano.

Artepoética

Sin un dolor sublime
Sin un pathos que valga
el verbo poético
se cruza de piernas o de brazos.

Ljubljanica Sava

Se esfuman ciertos gestos
del crucero que hicimos por Ljubljana.
Las sensaciones aéreas
cómo el viento jugaba con mi falda
cómo el agua cantaba en movimiento.
Allí toqué
por un segundo
el alfiler agudo de la dicha
pero fue tan leve al tacto
que lo perdí al doblar el primer puente
donde aprieta el pasado
como un zapato antiguo y defectuoso
que aún quisieras ponerte.

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