LOS MALOS HUMOS

Mi Poeta sugerido: »Cristino Gómez

 

Si puedo yo prefiero, y evito que alguien fume
así sea el mal humo, que a mi no me molesta.
Mas no soporto aquel, vacía está su testa,
y no acierto a entender por qué de humos presume.

Según mi parecer su mente se halla infesta
o acaso su mollera rellena está de un grumo,
y así que alguien me tilde de carca, yo lo asumo,
mas sepan que el mal humo, a mi no me molesta.

¡Y aun pueden disfrutar, con lo que el humo apesta!
decidme la razón, ¿qué hay dentro en su cabeza?
si no sirve de nada advertirles con crudeza(*),
mas sepan que el mal humo, a mi no me molesta.

Por eso a la ciudad prefiero la floresta
que mucho más disfruto inhalando ese perfume,
relax, tranquilidad, sin nada que me abrume,
mas sepan que el mal humo, a mi no me molesta.
©donaciano bueno

(*) Las cajetillas de tabaco españolas llevan inscrito en su cubierta el lema “fumar mata”, “fumar puede matar” o “fumar daña gravemente la salud y la de vuestro entorno” Analfabetos!

MI POETA SUGERIDO: Cristino Gómez

Cristino Gómez

Si te quedas en casa

Si te quedas en casa,
volverán a nacer
las canciones de ayer.

Si te quedas en casa,
las mañanas de sueño
vencerán el empeño.

Tensarás con tu ceño
la mirada al saber
cada miedo que pasa.

Si te quedas en casa,
zurciré los dispersos
para armar universos.

Si te quedas en casa,
uniremos las palmas
y seremos dos almas.

Miles males ensalmas,
forjadora de versos,
si te quedas en casa.

Volveré a la carretera

Ruiseñores oradores
del naranjo perfumado
como el trillo de las flores
de continuo visitado;

más allá del Juan Primero,
mi lomita de subir
con la yagua, y el higüero
donde abuelo iba a dormir;

y luciérnagas y grillos
y lechuzas y atabal
y sudados los bombillos,
pero aluzan, al final;

chocolate de las manos
que los dioses eligieron,
si en el fuego, si en los llanos,
yo no sé cómo lo hicieron.

En el cerro la bandera
que catorce colocaron
con semillas de una fiera
libertad que conquistaron;

más acá dormido el río;
más allá, de su cabeza
quedan la calvicie, el frío
y un chorrito de tristeza,

cabañuelas calibradas,
primaveras de habichuela,
veraniegas limonadas
y el café cuando se cuela.

Volveré con los muchachos
a entonar el canto aquel
de las jaibas y los jachos.
Voy a broncear mi piel.

Volveré a la carretera,
andaré por los bohíos
y refutaré la espera
y despertaré rocíos.

Volveré buscando el agua
de mi hamaca de copey.
Lograré bajar en yagua
de una palma de catey.

Engalanaré los cerros
y rescataré espinazos,
desempolvaré los fierros
y reforzaré los brazos.

Volveré a sonar la rima
solitaria de un juglar
y divisaré en la cima
luminoso el despertar.

Volveré a tocar tu puerta
y seremos más hermanos.
¡Vamos a regar la huerta,
vamos a juntar las manos!

Suerte

Osarán llamar la suerte
al tardío encuentro de mis párpados
saciados de historias y mañanas,
colmados de abrazante poesía.

El extraño nidal

Inclinado el camino, trazada la ruta,
se convierten los cielos en móviles rocas
dirigiendo a mi frente quizás una fruta.
Descansó la materia, lamentan las ocas.

Con las manos pintadas de acaso las flores,
de la esencia melada rechazo la huida.
No el desprecio, el quizás ni los falsos temores;
padecer es tener que ganarse la vida.

Abrazando otra rama avizoro la mía
cual pichón que repara el extraño nidal.
Ignorado el destino, esquivada la vía,
he perdido el camino y hallado el final.

Postrera salve

Tendido al suelo, me saluda el llanto,
pulverizado sobre el campo inerte,
vencido, hastiado, confundido en tanto
estoy a punto de abrazar la muerte.

Esculpe un guiño, ofrece ya la mano,
recita, canta, me comenta el cielo,
aspira arvenses con el fruto vano,
pronuncia el bosque, compadece el suelo.

Me está venciendo la promesa aquella,
aislado el cerro que sabrá cenizas,
cartones, pinos, la profunda mella
del manso fierro, piedras movedizas.

Tarareando mi postrera salve,
su coro gris despertará la calma.
Si habrá latido que mi pecho salve
discute el viento, paseando un alma.

La mirada consumida

Ya no queda un tema en las mudeces
hechas de esperanzas por caer.
He perdido todo tantas veces
que he perdido el miedo de perder.

Me acorrala un ceño amenazante,
pienso en la amargura del dolor;
hiere el corazón que palpitante
desconoce el fierro y su furor.

Supe de mi vida que era vida
cuando sin saber me convidó
el que la inventó como salida
a la tempestad que delegó.

Tengo la mirada consumida,
llevo cabizbaja la sonrisa.
¡Quién me convenciera de la huida!
¡Quién de regresar a toda prisa!

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